Diego Maradona, ícono del fútbol argentino en una despedida multitudinaria y polémica.

La leyenda del fútbol argentino Diego Armando Maradona murió en Buenos Aires el 25 de noviembre de 2020 a los 60 años. Su fallecimiento causó conmoción en el mundo entero. Sin embargo, el gobierno argentino pretendió sacar réditos políticos de ese acontecimiento. En la mayoría de las democracias, cuando muere una leyenda del deporte, la tragedia no es utilizada políticamente.

Cuando la estrella de la NBA Kobe Bryant murió a los 41 años en un accidente de helicóptero en enero, su viuda celebró un funeral privado el 7 de febrero y la ciudad de Los Ángeles convocó un servicio conmemorativo público en el estadio de Los Ángeles Lakers el 24 de febrero. Cerca de 20.000 personas asistieron al acto en el estadio. El presidente Donald Trump y varios otros líderes políticos estadounidenses tuitearon sus condolencias. Pero cuando murió Maradona, el 25 de noviembre en Argentina, a los 60 años, el presidente Alberto Fernández convirtió la tragedia en un circo político.

Maradona murió mientras se recuperaba de una cirugía por un coágulo en el cerebro, después de décadas de lucha contra adicciones a las drogas y el alcohol.

 

  • Medidas polémicas

Fernández declaró un período de duelo nacional de tres días y luego hizo que se trasladara el ataúd de Maradona a la Casa Rosada, para realizar una vigilia masiva allí. El problema es que la vigilia masiva se llevó a cabo con escasas precauciones de salud, en medio de un pico nacional de infecciones por Covid-19. Irónicamente, Fernández había impuesto hace meses una de las cuarentenas más estrictas del mundo, prohibiendo a la gente salir de sus casas. Y ahora, sin embargo, estaba invitando a cientos de miles de personas a pasar por un salón cerrado, durante el pico de la pandemia. Pero el espectáculo que rodeó la muerte de Maradona no terminó ahí. Horas más tarde, se produjo un altercado entre quienes esperaban entrar al palacio y la Policía. El gobierno de Fernández culpó al jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el opositor, Horacio Rodríguez Larreta, por la represión. Los funcionarios de la ciudad respondieron que el operativo había sido dirigido por el Gobierno nacional.

 

  • Denuncias a médicos

Días después, se inició un nuevo capítulo del show, cuando los fiscales denunciaron que los médicos de Maradona habían sido "absolutamente negligentes”. La Policía allanó la casa y oficina del médico que había operado a Maradona, y el despacho de la psiquiatra del ídolo fallecido. Ahora, gran parte del país está pegado al televisor, buscando un culpable. Son pocos quienes subrayan lo obvio: que la adicción de Maradona a las drogas y el alcohol, su vida caótica y su aparente desprecio por los consejos médicos podrían haber sido los principales causantes de su muerte prematura.

Es probable que la investigación sobre la muerte de Maradona no esté siendo impulsada por el gobierno, pero Fernández ciertamente se está beneficiando del hecho de que esté desviando la atención pública de la crisis del país. La economía argentina caerá un 12% este año, más que la de la mayoría de los países latinoamericanos.

Los argentinos deberían dejar a Maradona descansar en paz. Y el Gobierno argentino debería concentrar sus energías en combatir la pandemia y atraer inversiones, en lugar de tratar de beneficiarse del show en que se ha convertido la muerte repentina, pero no demasiado sorprendente, de uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos.

 

Por Andrés Oppenheimer
Columnista del Miami Herald