"Propongo algo”, decía el violento mensaje en Facebook – por cada muerto (por coronavirus) matamos a un familiar del gobernador! Días antes, la barbarie de algunos se plasmó en las redes. La confirmación del primer caso de coronavirus en la provincia, originó una cadena de Whatsapp, dando a conocer la identidad de la persona, con un sólo objetivo: atacarla. Es verdad que esos hechos son, afortunadamente, la excepción a la ejemplar reacción social frente a la crisis desatada por la pandemia. No obstante me permiten poner en debate un tema que siempre me ha inquietado. ¿Podemos convivir sin ética?
Se puede abordar la temática desde los principios clásicos de la Ética Filosófica. O tal vez, en tiempos de cuarentena, resulte más desafiante evitar los encierros mentales y buscar respuestas en nuevos saberes. Elijo esta segunda opción y propongo al lector, explorar en los postulados de la Neuroética. Última rama de la ética aplicada, que aparece en escena en ámbitos académicos en el año 2002 (Universidad de Stanford,). Precisamente, uno de los científicos más prestigioso es el neurólogo Antonio Damasio. Para Damasio, la ética es una de las más gloriosas creaciones de la mente. El autor del libro "El error de Descartes” (1994), sostiene que las bases del comportamiento ético está en factores neurobiológicos. Para que exista un comportamiento moral correcto, el aparato emocional del cerebro debe trabajar adecuadamente. Emociones y Ética, un binomio inseparable que tienen un denominador común: ambas se educan. Hasta aquí algunas de las enseñanzas de Damasio.
Algún lector se preguntará muy atinadamente, sí la teoría de Damasio no disminuye la responsabilidad moral. Aclaro que siempre está la posibilidad de caer en explicaciones reduccionistas que olvidan el señorío de la libertad. En ese caso, habrá que recordar que la persona es mucho más que su cerebro. Debemos evitar una dependencia total a corrientes neurobiológicas que intentan explicar, unilateralmente, el misterio de qué es el hombre. La riqueza ontológica del yo personal, excede largamente el campo de las neurociencias. Sí el gobierno de nuestras decisiones morales estuviese en manos del cerebro, quedaría afuera la máxima expresión del espíritu humano: el libre albedrío.
Dicho esto, volvamos al interrogante inicial: ¿se puede convivir sin ética? Damasio sostiene una interesante teoría al respecto. Para el afamado neurólogo, la regulación biológica que permite la supervivencia del hombre (llamada homeostasis biológica) se extiende a la sociedad, a través de la ética (homeostasis cultural). Aunque con marcado tinte determinista, Damasio aporta, sin embargo algo interesante al debate. El punto de partida de su teoría es la homeostasis La homeostasis, en general, es un mecanismo de autorregulación biológica de seres vivos (ejemplo: el cuerpo humano). Frente a desequilibrios internos, nuestro organismo produce respuestas adaptativas mediante procesos de retroalimentación y control. Esta búsqueda de equilibrio permite que los organismos no entren en estado de entropía, es decir, de caos. Sería el caso de huir del sol cuando llevamos mucho tiempo de exposición solar en días calurosos. Refugiarnos en espacios frescos, nos ayudará a disminuir la temperatura corporal. Esto es un típico proceso de autorregulación biológica. Para Damasio, la ética
logra el mismo efecto: frente a desequilibrios causados por comportamientos que ponen en peligro al grupo, las sociedades generan sus propios dispositivos de defensa: las normas morales. La ética, favorece así, la difícil convivencia social.
En este sentido se entiende la respuesta de nuestra sociedad en los casos comentados. La línea divisoria quedó clara, pues para preservarnos y prevenir, debemos señalar, sin ambigüedades, lo que está bien de lo que está mal. En el rechazo unánime de las conductas violentas que dimos cuenta al inicio, la sociedad puso en marcha su propio dispositivo regulador de conductas. Sin lugar a dudas, fue una respuesta ética. Y el mensaje fue claro: quien obra de esa manera queda al margen de la sociedad que anhelamos construir los sanjuaninos. En esto, adhiero sin reservas al postulado de Damasio: es la ética o es el caos.
Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
