Por Luis Eduardo Meglioli – Periodista
Tiempos de democracia (1973-1976), después de varias dictaduras, la primera de ellas iniciada el 6 de septiembre de 1930 cuando un golpe militar encabezado por el general José Félix Uriburu derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. El “Peludo”, como le llamaban a Yrigoyen, ejercía su segundo mandato y protagonizaba una etapa de apoyo popular con un nacionalismo económico que incluyó favorecer al movimiento obrero a través de leyes sociales antes impensables, aunque también con represión frente a huelgas violentas. Pero en esos tiempos de democracia de los ’70, se afianzaron grupos violentos que habían bebido en la doctrina peronista, pero que ahora le presentaban batalla a un gobierno peronista, el tercero y último de la historia, ya sin la presencia de Juan Domingo Perón, que había fallecido un año y medio antes, el 1 de julio de 1974.
Como simple radiografía de aquellos trágicos días, entre diciembre de 1975 y enero de 1976, bajo la presidencia de María Estela Martínez de Perón, estos eran titulares de ese periodo, en todos los diarios del país y en particular en DIARIO DE CUYO: “Asesinaron al general Jorge Cáceres Monié”; “Encontraron el cadáver de la esposa de Cáceres Monié acribillado a balazos”; “Fue apresado el dirigente montonero Roberto Quieto”; “Se intensifica el Operativo Independencia en Tucumán”; “Un millar de sediciosos habrían intervenido en el ataque al Batallón Arsenal”; “Asesinan a balazos en Córdoba al gerente de personal de Fiat”; “Vastos sectores industriales han quedado bajo el control extremista que fijan a su arbitrio las relaciones laborales dentro de las fábricas, dice la Federación Económica de Bs. Aires”; “Afirman que el gobierno está dispuesto a dar la batalla hasta las últimas consecuencias”; “Frustran un nuevo ataque a una unidad militar”; “Atacaron a balazos la casa del presidente radical Ricardo Balbín en La Plata”; “En Formosa un frustrado operativo terrorista contra el Regimiento provocó 26 muertos”; “Extremistas matan a mansalva a cinco policías en Buenos Aires, y uno de ellos fusilado por la espalda”; “Seis soldados fueron acribillados en sus camas por extremistas en Formosa”; “Llevaremos adelante el país pese a quien pese, dijo la presidente Isabel Perón”; “El ministro de Defensa, Tomas Vottero, se reunió con los comandantes generales”; “Siete militares y diez civiles perdieron la vida en un atentado extremista, pero también casi cien muertos entre los atacantes que fueron repelidos durante el frustrado ataque al Batallón de Arsenales”; “Secuestran a Demetrio Vázquez, presidente de la empresa Rojas de Transportes SAC, por una organización subversiva que solicitó diez millones de dólares por su rescate”; “Adelantarán las elecciones para el 17 de octubre de 1976”.
Mientras tanto, desde el partido en el gobierno se daba gran publicidad al último mensaje del general Perón desde el balcón de la Casa Rosada, pocos días antes de morir, y dirigido a la muchedumbre reunida en la plaza de Mayo, entre los que se encontraban montoneros y miembros del ERP. En él descalificaba severamente a esos grupos ya considerados por Perón como subversivos, advirtiendo que “ellos son los agentes del caos que tratan inútilmente de fomentar la violencia como alternativa a nuestro irrevocable propósito de alcanzar en paz, el desarrollo propio y la integración americana. Superaremos también esta violencia, sea cual fuere su origen. Superaremos la subversión. Los combatiremos con todas nuestras fuerzas y los derrotaremos dentro de la Constitución y la Ley”.
Pero, naturalmente, no era fácil, si aquellos jóvenes que habían abrazado la violencia como única forma de presionar y derrocar al gobierno constitucional con el que no coincidían, eran todos hijos putativos del peronismo. Paralelamente, Argentina soportaba un momento de profunda crisis económica, una de las tantas del último medio siglo hasta hoy, pero en esta oportunidad marcada por lo que se conoció como “el Rodrigazo”, por ser Celestino Rodrigo el ministro de Economía de entonces, quien llevó adelante un fuerte ajuste económico que disparó la inflación, empobreciendo a la población y provocando el primer paro general contra un gobierno peronista. La devaluación del peso fue superior al 100%, las tarifas de servicios y combustibles aumentaron entre el 75% y 180%, la inflación anual llegó al 182% en 1975, junto a la caída del salario real, mientras que el aumento salarial fue muy inferior, del 45%.
Y a todo esto se sumaba el “Operativo Independencia” (1975-1977) en marcha, que representaba una campaña militar represiva en la provincia de Tucumán y dispuesta en febrero de 1975 por decreto de la presidenta de la Nación. El ejército argentino por primera vez y de manera masiva “ensayó la desaparición forzada de personas como tecnología de represión política. El objetivo era claro, combatir a la guerrilla del ERP y Montoneros, que avanzaba indiscriminadamente con secuestros, robos de altas sumas de dinero, atentados y saqueos contra cuarteles, grandes asesinatos de militares, policías y empresarios. Pero desde el gobierno también se había pensado otra forma de combatir a sus enemigos, con la creación de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) lideraba por el hombre considerado el más nefasto de ese gobierno, el ex secretario de Perón, José López Rega.
Todo este caos tuvo como responsables a los grupos señalados (ERP y Montoneros) y a los de enfrente (Triple A), pero también a parte de la acción del gobierno que se alejó de los principios por los que recibieron el voto por una abrumadora mayoría del 61,85 % de los votos en las elecciones del 23 de septiembre de 1973. Desde todo punto de vista era muy difícil entender aquella guerra interna cuando las dictaduras habían quedado atrás. Pero la izquierda peronista quería llegar al gobierno sin tener en cuenta la democracia, quizá a la luz de otras experiencias en distintos en países latinoamericanos. Frente a todo esto, para esos días de enero de 1976, hace 50 años, en la cúpula militar argentina ya se conspiraba para lo que vendría en marzo del mismo año, el golpe de Estado y el más abominable y execrable periodo de terrorismo de Estado de la historia argentina.
Fuentes: “Las crisis económicas y la industria argentina- De la crisis de 1890 al Rodrigazo”, Claudio Belini; “Ensayo del terrorismo de Estado en Argentina: el Operativo Independencia (Tucumán, 1975-1977)”, Santiago Garaño, universidades nacionales de Lanús, “Tres de Febrero” y de Buenos Aires.
