Tal como publicó DIARIO DE CUYO el pasado noviembre, ya no hay expectativas de que las ventas del vino se recuperen como para alcanzar los niveles de hace décadas. Hoy las bebidas alcohólicas dejaron de estar entre los seis principales productores de dólares de San Juan y en 2026 significó el 2% de las ventas al exterior del sector vitícola. Con un escenario global donde las ventas no repuntan, desde Gobierno y los sectores productores buscan alternativas para que esta parte de la economía, que genera cerca de un 30% del empleo industrial, encuentre un equilibrio. 

El trabajo para dar con soluciones a largo plazo lleva prácticamente un año y tiene que ver con buscar consensos con los privados. Desde el Estado, en particular desde el Ministerio de Producción, hablan hace tiempo de un plan vitícola. Dejar de referirse a la cadena productiva como vitivinícola no es casual: es el vino el que enfrenta la crisis más profunda, pero San Juan tiene oportunidades en otros productos derivados de la uva. Así, la apuesta tiene que ver con reforzar los mercados de mosto, pasas y uva en fresco, además de encontrar alternativas rentables para el vino. 

Para el cierre de 2025, desde Producción explicaron que de las mesas de trabajo, reuniones y estudios surgieron al menos cuatro acuerdos principales. El primero tiene que ver con una reconversión de la producción en sí misma, apostando por variedades que tengan mercado. También que la pasa es una opción que cuenta con buenas perspectivas y da más seguridad. El tercero es que es necesario abrir nuevos mercados en el exterior e internos. Finalmente, que es necesaria una reconversión tecnológica profunda. 

No se trata de desafíos simples, sino que son objetivos en algunos casos a largo plazo y que requieren no solo acuerdo, también fondos millonarios y cambios culturales. A su vez, el plan de reconversión vitícola todavía tiene que afinar metodologías y plazos. Tampoco es la primera vez que la provincia y el sector se enfrentan a una encrucijada como esta, ya que el mercado vitícola sufre una caída en las ventas de más de cuatro décadas. Aun así, hay un factor que resaltan desde Gobierno: esta vez quieren que surja también de los productores y que estos apoyen el proceso. 

Reconversión de variedades 

Según las estadísticas de Producción, en la provincia hay 39.684 hectáreas de uva. De estas, 7200 son variedades de pasas, 4.500 variedades de mesa y 6.200 de uvas finas. El resto corresponde a criollas y variedades blancas y tintas tipo B, esto quiere decir que son los vinos comunes o con menor demanda. Mientras el primer grupo es el que se buscará mantener, las 21.800 hectáreas del segundo son posibles candidatas para una reconversión. 

Esto no significa que todas necesariamente deban cambiar, en algunos casos variedades blancas o criollas, que representan juntas el 44% de la superficie, pueden usarse para mosto. En una ecuación que prefieren desde el Estado, se podrían cambiar 11.800 hectáreas para variedades paseras o de mesa y conservar otras 10.000 para mosto. Eso sí, estas últimas con mejor productividad, para que puedan cubrir el mercado local y externo de jugo concentrado de uva. Hasta el momento, aseguraron las autoridades, hay acuerdo por parte de algunas organizaciones para cambiar al menos 5.000 de esas variedades por otras que tengan destinos con mejor mercado. 

Para avanzar con este cambio, desde el ministerio propusieron hacerlo mediante injertos, en lugar de erradicar plantas y hacer nuevas. Las ventajas de hacerlo de esta manera tienen que ver con la rapidez, ya que solo se pierde un año, también con que le da uniformidad, hay menos costos, tienen más resistencia a las enfermedades y otros aspectos técnicos. Con este sistema el valor es de un dólar por unidad y, teniendo en cuenta el promedio de plantas por superficie, costaría 2.000 dólares por hectárea. 

Eficiencia hídrica y energética 

Dentro del diagnóstico, el ministerio que encabeza Gustavo Fernández no dejó afuera una de las problemáticas centrales del sector: su falta de eficiencia hídrica. La producción vitícola es la que mayor superficie ocupa en San Juan: 38.000 hectáreas de 73.000 cultivadas. A la vez, es el sector que peor usa el agua, ya que el 78% de esa superficie no cuenta con riego tecnificado. En el olivo, por ejemplo, el 95% usa técnicas que ahorran, en el pistacho el 95% y en el tomate el 98%. 

Para las autoridades, el problema de la falta de inversión en sistemas como el goteo tiene que ver con condiciones culturales, estructurales y también económicas, ya que sufren de baja rentabilidad. Pero lo cierto es que por los problemas hídricos de la provincia que la mayor producción no ahorre agua es un problema grave. A su vez, los sistemas tradicionales son también de baja productividad y para lograr que las 10.000 hectáreas mosteras del escenario ideal cubran el mercado futuro estas deben tener buen rendimiento. 

La reconversión de riego debe ir acompañada también de cambios en la forma en la que se toma la energía. Tanto si los productores prefieren proveerse de agua subterránea como para sostener el suministro con agua de riego en reservorios, deberán usar electricidad. Debido a los altos costos, el formato ideal incorpora también paneles solares. 

Desde Gobierno calcularon cuánto costaría una reconversión energética. Para instalar un sistema de riego presurizado, la inversión ronda los 3.500 dólares por hectárea. A su vez, colocar generadores fotovoltáicos para alimentar una bomba de 20 HP, el requerimiento promedio para regar, cuesta otros 2.000 dólares por hectárea. Hay 30.953 hectáreas que todavía riegan a manto, y si bien explicaron no todas necesitarán la misma inversión o todos los servicios nuevos, si se incorporan las mejoras tecnológicas y a esto se le suma también los costos de reconversión varietal, todo el plan podría valer de máxima unos 190 millones de dólares. 

La apuesta por el sector pasero 

Al igual que otros frutos secos, las pasas se encuentran dentro del tipo de producción potenciada por un consumo de alimentos más saludables. En el último año se convirtieron en el principal producto vitícola en generación de dólares de San Juan. De los más de 130 millones de dólares generados, 79.233.305 fueron por este producto, superando al mosto que generó 46.728.522 y muy por encima de los 2.937.000 del vino fraccionado y a granel. 

No solo esperan que la demanda siga creciendo, sino que también es un tipo de producción que se puede guardar y no tiene la urgencia de vender en el momento como sí la fruta fresca. A esto se suma que las variedades paseras se pueden destinar también a la uva en fresco o mosto, ya que muchas son compatibles. A su vez, San Juan tiene buenas condiciones para el secado e industrialización. 

Apertura de nuevos mercados 

Durante el análisis presentado por las autoridades del Ministerio de Producción mostraron que el mercado de vinos se encuentra en todo el mundo reduciéndose. Cayeron la superficie, la producción y también el consumo, además de los movimientos económicos en general. Esto no sucede con otros sectores y otros formatos de comercialización. 

Con esto en mente, buscan crear nuevas oportunidades. En el caso de las pasas, por ejemplo, tienen identificados mercados europeos que son los principales importadores, así como Brasil. En este último país también hay una oportunidad si se cambian regulaciones para el mosto, ya que la venta a granel se encuentra trabada por normativas desactualizadas. A su vez, la provincia sigue insistiendo en el proyecto que busca endulzar gaseosas y otros alimentos con concentrado. Para el vino, la oportunidad está en el enoturismo y la identificación de valles, apuntando a reforzar el consumo que sí continua, que es el de la experiencia.