18 de febrero de 2026 - 06:31

“Somos complementarios, no competencia”: Vargas Arizu y el eje productivo San Juan-Mendoza

El funcionario visitó la provincia y habló sobre diferentes temas de coyuntura.

Rodolfo Vargas Arizu, ministro de Producción de Mendoza, es a esta altura un sanjuanino más si se cuentan las innumerables visitas institucionales que lo trajeron a la provincia en los últimos años. De tono mesurado y entendiendo el andamiaje que es propio para dos provincias que comparten muchas cosas, el funcionario habló largo y tendido de cómo desde la vecina provincia trabajan con San Juan.

Lo que históricamente fue una rivalidad técnica y política entre las dos potencias cuyanas, hoy se ha transformado en una sociedad estratégica, principalmente para afrontar algunas dificultades comunes para ambas provincias como es la crisis vitivinícola. Para el funcionario mendocino, la sintonía con su par sanjuanino, Gustavo Fernández, no es una casualidad política, sino una coincidencia de perfiles: ambos provienen del sector privado y comparten la urgencia de desburocratizar el Estado para que el productor recupere la rentabilidad perdida.

La visión de Vargas Arizu es clara: Mendoza y San Juan son piezas de un mismo rompecabezas. Si bien reconoce que Mendoza lidera en productividad vitivinícola, destaca que San Juan supo diversificar en esta actividad y, por ejemplo, marca el camino en el sector olivícola y pistachero, logrando una complementariedad que permite a Cuyo presentarse ante la Nación como un bloque sólido. Esta unidad ya se traduce en hechos concretos, como la digitalización de datos ante el Senasa para que el pequeño agricultor tenga las mismas facilidades que los grandes empaques, o el ambicioso plan de equiparar el estatus sanitario ganadero de ambas provincias con el de la Patagonia, buscando ser zonas libres de aftosa con vacunación.

Rodolfo Vargas Arizu, ministro de Producción de Mendoza.

Uno de los puntos más disruptivos de la agenda biprovincial es el avance de la Ley de Edulcoración. No se trata solo de un acuerdo comercial para sostener el precio de la uva, sino de un cambio de paradigma que vincula la producción con la salud pública. Según reveló el ministro, San Juan ya ha redactado un borrador que está siendo analizado y enriquecido por el equipo técnico de Mendoza. El objetivo es ambicioso: establecer una carga tributaria diferenciada que penalice el uso de edulcorantes artificiales nocivos y beneficie a los productos naturales como el jugo de fruta y el mosto.

Para Vargas Arizu, esta ley es la llave para diversificar la matriz productiva y evitar que la totalidad de la uva se vuelque a un mercado del vino que hoy muestra signos de saturación. “Nuestros diputados y los de San Juan ya están trabajando en sintonía. Es una herramienta vital para que la vitivinicultura no sea solo vino, sino un abanico de opciones saludables para el mundo”, sostiene el funcionario, enfatizando que el mosto, al tener valor dólar, funciona como el gran regulador de los stocks internos.

Al abordar la cosecha 2026, el optimismo de los números oficiales del INV choca con la realidad del terreno que describe el ministro. Aunque las estadísticas proyectan un volumen, Vargas Arizu confiesa una preocupación personal: la cosecha de las uvas blancas, que son las primeras en entrar a bodega, está mostrando un rendimiento inferior al esperado. “Mi consideración particular es que hay un corrimiento; el tacho está pesando poco”, advierte, sugiriendo que el volumen final podría estar por debajo de las estimaciones iniciales.

Ambas provincias están volcando al sector vitivinícola herramientas financieras con tasas reducidas.

Quizás el punto más saliente de la entrevista fue el diagnóstico de Vargas Arizu sobre la crisis de rentabilidad que golpea a las bodegas. Para el ministro, la industria cayó en una trampa de “sofisticación excesiva” que terminó alejando al producto del consumidor y encareciendo la estructura de costos de manera insostenible. “Se sofisticó tanto el consumo —con la copa adecuada, la temperatura exacta y la obsesión por los puntajes— que la vitivinicultura simplemente no pudo seguir pagando todo eso”, analiza con tono crítico.

El ministro sostiene que, en un contexto de inflación a la baja, las ineficiencias que antes se ocultaban tras los movimientos del tipo de cambio ahora quedan expuestas. Sin embargo, ve una luz de esperanza en el modelo de las bodegas boutique y los vinos de autor. En esas estructuras más pequeñas es donde, según su visión, se preserva la especialización de zonas como Vistalva, Luján o Pedernal, devolviéndole a la actividad su esencia como “forma de vida”.

Vargas Arizu concluye que, si bien habrá ganadores y perdedores en este proceso de reacomodamiento, la vitivinicultura sigue siendo un motor imbatible de desarrollo. Con dos millones de turistas anuales recorriendo las bodegas mendocinas, el desafío para el eje Mendoza-San Juan es transformar esa mística en un negocio sustentable, donde la creatividad y la eficiencia administrativa sean las herramientas para superar una crisis que, más que un final, parece ser el inicio de una nueva era para el campo cuyano.

 

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