Las

protagonistas. Graciela Borges (a la izq.) junto a Berenice Bejo (al medio) y Martina Gusmán (a la der.). De fondo, la estancia que le da nombre al film.

 

Agosto, el mes que se destacó por la cantidad de tanques nacionales en cartelera -con la llegada de El Ángel, El amor menos pensado y Mi obra maestra-, culmina con el arribo de La Quietud, film que hoy debutará en las salas de las cadenas locales de Cinemacenter, Play Cinema y CMP Cinema, en simultáneo con cines de todo el país. Esta película, que será parte de la Selección Oficial por fuera de la competencia en el Festival Internacional de Venecia, que comenzó ayer y que suma también la participación de Acusada, con Lali Espósito, concursando por el León de Oro.


Pareja dentro y fuera de la pantalla, el realizador Pablo Trapero y la actriz Martina Gusmán vuelven a trabajar juntos en La Quietud, después de Leonera (2008), Carancho (2010) y Elefante Blanco (2012) acompañados de un reparto que se completa con la francoargentina Berenice Bejo, el venezolano Edgar Ramírez, Graciela Borges y Joaquín Furriel. 


En coproducción con Telefe, la cinta se desarrolla en La Quietud, la estancia de una familia de clase alta en la que creció Mía (Gusmán) quien mantiene una relación edípica con su papá (Isidoro Tolcachir) y una de gran tensión con su mamá Esmeralda (Borges). Allí, vuelve su hermana Eugenia (Bejo), tras años de vivir en París, y el inesperado reencuentro de las chicas será bajo la mirada de la madre. 


En medio de esa trama intimista que hace foco en los secretos que rondan a tres mujeres, un nuevo giro hará que el marido de Eugenia Vincent (Ramírez) llegué a la propiedad. Él y Esteban (Furriel), escribano y amigo de la familia, se sumergirán en una narración repleta de secretos en la que las hermanas deberán enfrentarse a una verdad capaz de cambiarlo todo.


En esta realización, el director de otros éxitos como Mundo grúa (1999), El bonaerense y El Clan (2015) -sobre los Puccio, con Guillermo Francella- hace otra apuesta y se centra en el universo femenino, en un matriarcado donde los varones son funcionales al deseo de las mujeres, como nuevo desafío cinematográfico.