Veinticinco años después, las imágenes siguen siendo difíciles de olvidar. El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados en Estados Unidos: dos impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania. Los ataques dejaron 2.977 muertos, procedentes de más de 90 países, y cambiaron para siempre la historia reciente. Entre las víctimas había cinco argentinos.
Sus nombres fueron Sergio Villanueva, Mario Santoro, Gabriela Waisman, Pedro Grehan y Guillermo Alejandro Chalcoff. Habían llegado a Estados Unidos en diferentes momentos, construyeron allí sus carreras y familias y aquella mañana quedaron atravesados por una tragedia que ninguno podía imaginar. Dos estaban trabajando dentro de las torres; otros dos decidieron acercarse para ayudar cuando comenzaron los ataques.
Sergio Villanueva, el bombero que volvió cuando podía haberse ido
Sergio Villanueva había nacido en Bahía Blanca y llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas dos años. Creció en Queens, ingresó a la Policía de Nueva York en 1992 y, siete años después, decidió convertirse en bombero. Tenía 33 años y estaba comprometido con Tanya Bejasa, con quien proyectaba formar una familia.
Aquella mañana había terminado su turno alrededor de las 8, apenas 45 minutos antes de que el primer avión impactara contra la Torre Norte. Podía haberse marchado, pero regresó al servicio y entró al edificio junto con sus compañeros después del segundo impacto. Nunca volvió a salir. Su memoria permanece también en la Universidad de Hofstra, donde una beca con su nombre ayuda a estudiantes-atletas a completar sus estudios.
Mario Santoro y una frase antes de salir a ayudar
Mario Santoro era rosarino, aunque había llegado a Nueva York siendo muy pequeño junto con sus padres y su hermano. A los 28 años trabajaba como técnico en emergencias médicas del Presbyterian Hospital, vivía con su pareja y era padre de Sofía, que entonces tenía solamente dos años.
El 11 de septiembre estaba de franco. Desde su casa vio el humo que salía del World Trade Center y decidió dirigirse hacia el lugar. Antes de partir le explicó a su familia que debía hacerlo porque allí iban a necesitarlo. También llamó a un compañero de ambulancia para encontrarse cerca de una de las torres. Fue la última vez que su familia supo de él.
Gabriela Waisman y las últimas llamadas a su familia
Gabriela Waisman había nacido en Caballito y se mudó a Nueva York con su familia cuando tenía seis años. Estudió Psicología, aunque posteriormente desarrolló su carrera profesional dentro de Sybase, una compañía de software, donde había llegado a ocupar un puesto gerencial. Tenía 33 años.
Su oficina habitual estaba ubicada a nueve cuadras del World Trade Center, pero aquella mañana se encontraba en el piso 106 de la Torre Norte para participar de una actividad de la empresa. Después del impacto logró comunicarse varias veces con su familia y contó que había mucho humo y que tenía dificultades para respirar. Poco después se perdió todo contacto. Fue la primera argentina identificada oficialmente entre las víctimas.
Pedro Grehan había empezado una nueva vida en Nueva York
Pedro Grehan era oriundo de San Isidro. Se había trasladado a Estados Unidos con su esposa y sus tres hijos buscando reconstruir su vida laboral y terminó consolidándose como analista financiero de Cantor Fitzgerald, una de las compañías que más víctimas sufrió durante los ataques.
Había visitado a sus padres y a sus ocho hermanos en Buenos Aires apenas unas semanas antes. El 11 de septiembre llegó temprano a su oficina en la Torre Norte y quedó atrapado por encima de la zona de impacto del primer avión. Seis de sus hermanos viajaron posteriormente a Nueva York para buscarlo y acompañar a su familia. Su cuerpo nunca fue recuperado.
Guillermo Chalcoff, el argentino identificado ocho años después
El quinto argentino tardó mucho más tiempo en ser incorporado a la nómina. Guillermo Alejandro Chalcoff, nacido en Buenos Aires, se había radicado en Estados Unidos durante la década de 1980 y había obtenido la ciudadanía estadounidense poco antes del atentado. Esa doble condición hizo que durante años figurara exclusivamente como víctima norteamericana.
Tenía 41 años, estaba casado y era padre de dos hijos. Trabajaba en sistemas y aquella mañana se encontraba en oficinas vinculadas con Marsh & McLennan en la Torre Norte, justamente en la zona alcanzada por el primer avión. Recién en 2009 quedó formalmente confirmado su origen argentino, por lo que su nombre no había aparecido en la placa inaugurada seis años antes en el Consulado argentino de Nueva York.
Un cuarto de siglo después, los nombres detrás de la tragedia
Los ataques del 11-S provocaron la mayor pérdida de personal de rescate en un mismo episodio en la historia de Estados Unidos: murieron 343 bomberos de Nueva York, 37 integrantes de la Policía de la Autoridad Portuaria y 23 policías de la ciudad, además de miles de civiles.
A 25 años, el Memorial del 11-S conserva los nombres de las 2.977 víctimas de aquel día. Entre ellos están los de aquellos cinco argentinos que habían hecho de Nueva York su hogar: algunos estaban comenzando una jornada laboral y otros corrieron hacia las torres cuando miles intentaban escapar.