9 de febrero de 2018 - 00:00

La chaya, esa costumbre sanjuanina que se perdió con el tiempo

Aunque todavía se conserva la costumbre de los corsos de carnaval, la chaya quedó en el recuerdo de todo aquel que pase los 50 años. Grandes y chicos coincidían en las calles la sola intención de divertirse y hacer frente al calor extremo de los días de febrero.

 

Aunque la actividad era espontánea existían ciertas reglas y consignas: había que usar “la ropa de chayar”, aquella un tanto desteñida y que no importaba si se llenaba del barro de las cunetas que por aquel entonces no estaban impermeabilizadas, tampoco valía “enojarse” y cualquier recipiente era bueno a la hora de mojar al vecino.

 

La chaya comenzaba ni bien las familias terminaban de almorzar y se terminaba, aunque nadie lo fijara, cerca de las 19. A esa hora comenzaban los preparativos para el baile de la noche.

 

Quienes disfrutaron de aquella época coinciden en señalar que a partir de los 70’ la costumbre se fue perdiendo porque se volvió cada vez más agresiva y las “bromas pesadas” se volvieron una constante.

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