Argentina y una caída llena de condicionantes para ceder su corona

Argentina se desdibujó pronto por lesiones y expulsiones. Quedó condicionado a aguantar y dejó lo que tenía en la cancha.

No alcanzó. No hubo milagro, no sirvió la mística. Argentina terminó cediendo su trono con ese dolor que marca el nunca haber podido jugar la final en igualdad de condiciones. Las lesiones, el arrastre de minutos, el desgaste.

Todo se convirtió en el combo perfecto y madito a la vez para ser inferior a un España que recién a los 106 minutos de partido y con un jugador más, sacó su ventaja. Y ese dolor se acentúa más porque pudo ser otra la historia con un Argentina completo, entero. De la cabeza y de los pies, porque nunca tuvo esa lucidez para bloquear el mejor juego español, porque se condicionó demasiado pronto con las lesiones, las amarillas de un árbitro lamentable y terminó jugando otra final. Lejos de la que todos querían, lejísimos de lo que mandaban los antecedentes previos.

El planteo de Scaloni con Nico González de entrada fue a cerrar ese pasillo demoledor de Yamal y Porro. Priorizó eso, pero perdió juego, presión, asociaciones colectivas. Ese fue el principio del fin porque España no usó como quería su ataque por derecha pero juntó pases por todo el resto del campo y con eso, dominó a Argentina en la primera parte. Pero claro, a ese desacierto de Nico González de entrada se le sumó la prematura lesión de Licha Martínez. Ahí, se desdibujó todo y empezó a ser el Argentina puro aguante.

En el complemento, Scaloni enmendó su error con el regreso de Paredes al medio pero todo salió mal. Se fue lesionado el Cuti Romero, perdió dos cambios y perdió el plan de partido. Argentina empezó a refugiarse en la tremenda final que jugó el Dibu Martínez para sostenerse en partido. La pasó feo. Fue izando todas las banderas y las terminó de bajar cuando perdió a Enzo Fernández por expulsión. Nació un verdadero parto. Fue jugar al aguante, persignarse con Dibu en el arco y esperar que el tiempo nos diera la chance de ir a la lotería de los penales para intentar retener la corona.

Lo llevó con el corazón hasta el alargue. Ya sin Julián Alvarez y con Messi jugando más que solo en el ataque, Argentina se las bancó. No era ese el plan de partido de la final pero todo lo fue llevando a esa faceta de tirarse atrás y sufrirla. Llegó el gol español cuando menos parecía y ahí si, el campeón saliente dejó en la cancha lo que le quedaba. Fueron los últimos cinco minutos de Mundial con el corazón en la mano y por el milagro. Senesi lo tuvo, Simeone también. Esta vez no alcanzó.

No alcanzó. No hubo milagro. No sirvió la mística. Argentina se quedó sin corona jugando la final que jamás quiso jugar así. Lesiones, expulsiones y el desgaste de tantas batallas en este Mundial 2026 la terminaron despidiendo con el honor de los grandes campeones aunque no pudo jugar a lo que sabe y siente. Nada que reprochar.

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