River volvió a festejar. A su manera, con las cartas que tantas veces le dieron buenos resultados a Marcelo Gallardo. Sin brillar, sin lujos y con menos individualidades que Boca, que había hecho un buen primer tiempo y parecía encaminarse al triunfo. Pero en el segundo tiempo, otra vez River impuso sus formas. Con juego directo. Con presión bien arriba, dientes apretados y un aprovechamiento total de sus posibilidades. Cuando Boca era más no lo reflejó en el resultado; cuando River creció enseguida gritó los goles. Y en seis minutos se llevó el Superclásico de Mar del Plata y levantó la Copa.

 

 

A los 18 minutos del complemento, Sebastián Driussi abrió la cuenta de penal y a los 24, Arturo Mina, de cabeza, puso el 2-0.

 

El cierre fue muy caliente: tras una fuerte pelea, Boca terminó con nueve por las expulsiones de Insaurralde y Benedetto y River con diez, por la roja a Driussi.

 

Está claro que no hay amistoso posible. Aunque existan choques con mayor trascendencia, aunque quieran maquillarlo con declaraciones que le bajan el tono, cada vez que Boca y River se encuentran no hay margen para el error. Por eso Marcelo Gallardo y Guillermo Barros Schelotto pusieron lo mejor que tienen, pese a que los millonarios en una semana se jugarán la Supercopa Argentina contra Lanús y pese a que los xeneizes están en plena preparación para un semestre en el que no les quedará otra que pelear el campeonato local. La única ausencia fue obligada y de último momento: Rodrigo Mora entró por Lucas Alario, que arrastra una lesión y prefirieron no arriesgarlo.

 

 

El partido empezó con dientes apretados y con los dos equipos tratando de jugar lejos de sus arqueros. Entonces no había espacios. Y la pelota no duraba más de un par de minutos en los pies de cada jugador. A pura fricción, los mediocampistas de Boca lograban hacer más prolija la salida de ese embrollo.

 

 

Así llegó la primera llegada clara, cuando iban 8 minutos. Pablo Pérez (amonestado en el inicio) metió una pelota de gol exquisita, con un pase frontal, entre los centrales, para dejar a Cristian Pavón cara a cara con Augusto Batalla. El delantero definió bien de zurda, pero el arquero de River le tapó todo el arco y logró desviar la pelota al córner.

 


Boca era más. Porque sus volantes estaban finos y con dinámica. Con Gago como eje y con Sebastián Pérez y Pablo Pérez listos para romper líneas. River, en cambio, tenía menos sorpresa. Apostaba a abrir la cancha para la aparición de Moreira y Mayada por derecha o a que el Pity Martínez le ganara a Peruzzi en el uno contra uno.

 

El más claro era Nacho Fernández, que trataba de hacer olvidar a Andrés D'Alessandro y se vestía de conductor.

 

A los 33 minutos, el equipo de Gallardo tuvo su primera chance de riesgo con un cabezazo de Mora en la puerta del área chica que Axel Werner sacó por arriba con una gran atajada.

 


Cada uno lastimaba a su manera: Boca con juego asociado, River con juego directo. Boca con triangulaciones y pases bajos, River con desbordes y centros al área.

 

Lo tuvo Frank Fabra, pero terminó mal una jugada que había iniciado Pavón por derecha sacando a pasear a Mina.

River no la pasaba bien en defensa. En especial por el sector izquierdo: el pibe Gonzalo Montiel tuvo que entrar por el lesionado Luis Olivera y le costó hacer pie. También sufría Mina cada vez que tenía que salir del área.


El segundo tiempo empezó con poco juego y River se acomodó mejor. Nacho Fernández estuvo a punto de abrir la cuenta, pero Werner en una gran atajada se quedó con el mano a mano y le ahogó el grito.

 

Todo era deslucido. Desprolijo. Y en ese escenario, un error en la salida de Peruzzi derivó en el penal para River: mano de Insaurralde, que se tiró para intentar tapar el remate de Pity Martínez. Y Driussi, con un remate fuerte a la derecha del arquero, puso el 1-0.

 

 

A su juego lo llamaron a River. A presionar, a meter pierna fuerte, a correr más que el rival, a defender con uñas y dientes. Y encima, enseguida llegó el segundo gol para terminar de inclinar la balanza.

 

A los 24 minutos, con un tiro de esquina que envió Mayada desde la derecha y que Mina, que no había jugado bien, ganó de arriba para superar la floja resistencia de Werner.

 

El segundo de River liquidó el partido y terminó de calentar los ánimos. Es por eso que no llamó la atención la pelea que se armó a los 35 minutos y que desembocó en las tres expulsiones.

 

 

Podrán bajarle el tono desde las declaraciones pero entre Boca y River no hay amistosos. Otra vez el que celebró fue el equipo millonario. Con el sello de su entrenador Marcelo Gallardo, que logra reinventar a su equipo y vuelve a obtener réditos. El próximo sábado ante Lanús, por la Supercopa Argentina, tendrá la chance de sumar otra estrella. Boca, en tanto, dio un paso en falso en un camino que asomaba auspicioso.

 

 

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