La charla de Agustín Laje en San Juan tuvo un eje claro. El intelectual de la nueva derecha apuntó contra los organismos internacionales, la Agenda 2030, la ONU y el sistema interamericano de derechos humanos.
DIARIO DE CUYO accedió a la charla completa. El escritor y referente provida volvió a la provincia y cargó contra Naciones Unidas, el aborto y la Agenda 2030. También cuestionó la perspectiva de género y el sistema interamericano de derechos humanos.
La charla de Agustín Laje en San Juan tuvo un eje claro. El intelectual de la nueva derecha apuntó contra los organismos internacionales, la Agenda 2030, la ONU y el sistema interamericano de derechos humanos.
En una exposición picante, a la que DIARIO DE CUYO tuvo acceso, sostuvo que existe un proceso de pérdida de soberanía de los Estados y lanzó fuertes acusaciones sobre el aborto, la perspectiva de género y las políticas impulsadas desde organismos supranacionales. Participaron la concejal de Capital, Mónica Lobos, y el senador de La Libertad Avanza, Bruno Olivera. También estuvo el jefe sanjuanino de las Fuerzas del Cielo y la Fundación Faro, Mahor Caparrós. El evento fue organizado por la Red Ciudadana de San Juan.
Laje volvió a San Juan después de varios años y aprovechó su exposición para profundizar una de las banderas centrales de su discurso político: la crítica al llamado “globalismo”. Frente a un auditorio que siguió su charla sobre filosofía política, el escritor y referente provida cuestionó el poder de los organismos internacionales, apuntó contra la Agenda 2030 y sostuvo que Naciones Unidas impulsa políticas vinculadas al aborto y la perspectiva de género que terminan condicionando las decisiones de los Estados.
“Globalismo es el drenaje sostenido en el tiempo de la soberanía de las naciones hacia organismos que no son nacionales, que no son estatales, sino que son de naturaleza supraestatal y de naturaleza supranacional”, definió.
Laje hizo una distinción entre globalización y globalismo. Mientras describió a la primera como un fenómeno tecnológico y económico relacionado con las comunicaciones, los transportes y el intercambio mundial, definió al segundo como una “ideología política y un modelo de poder instituido”.
A partir de allí, centró buena parte de su exposición en Naciones Unidas y sus organismos asociados. Según su interpretación, la creación de la ONU después de la Segunda Guerra Mundial implicó el comienzo de un proceso mediante el cual las naciones fueron transfiriendo competencias hacia organismos internacionales.
“Así como los individuos entregan sus derechos al Estado absoluto, la ONU quisiera —no lo ha logrado todavía de manera plena, pero este es el proyecto— que las naciones le entregaran cada vez más capacidades políticas a las agencias especializadas de Naciones Unidas”, afirmó.
Uno de los tramos más fuertes de la charla estuvo dedicado a la incorporación de la perspectiva de género en las políticas internacionales. Laje puso el foco en la Conferencia de Beijing de 1995 y en los documentos posteriores de Naciones Unidas.
Según sostuvo, las naciones pidieron una definición del término “género” utilizado en la plataforma de acción y cuestionó la respuesta elaborada por Naciones Unidas.
“¿Qué significa género? Significa género, lo que siempre significó género. Eso es todo lo que dijimos”, resumió irónicamente.
Y fue todavía más lejos: “Engañaron a las naciones. Las naciones lo tomaron como un sinónimo de sexo y a partir de entonces Naciones Unidas dejó de hablar de sexo e incorporó la perspectiva del género”.
Para Laje, ese proceso permitió que determinadas concepciones sobre identidad de género se incorporaran progresivamente en legislaciones, políticas públicas, programas educativos y medios de comunicación.
“Esto es lo que llamamos globalismo. Estas cosas se cocinan por encima de las naciones y después, de distintas maneras, buscan la forma de meterlas, a veces engañando, como en este caso”, aseguró.
El aborto ocupó otro de los capítulos centrales. Laje vinculó las políticas de Naciones Unidas sobre “salud sexual y reproductiva” con los documentos surgidos de las conferencias internacionales sobre población y desarrollo.
Su argumento fue que esas políticas no surgieron de manera aislada, sino como parte de una estrategia internacional vinculada al control demográfico.
“Naciones Unidas en 1967 compra las tesis de la superpoblación y funda, en consecuencia, este organismo especializado que empieza a celebrar distintas conferencias y va cada vez más avanzando el lenguaje del aborto”, sostuvo.
Al referirse específicamente a la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo de 1994, Laje aseguró que allí Naciones Unidas avanzó sobre políticas destinadas a reducir la natalidad.
Y remató con una de las definiciones más contundentes de toda la exposición: “Esto no es algo que esté pasando por el poder contrario. Esto fue planificado. Fue planificado por altas esferas de poder, por gente que ni siquiera es argentina”.
En ese punto calificó a los integrantes de los organismos internacionales como “burócratas sin patrias” y sostuvo que poseen una identificación mayor con esas estructuras que con los países de los que provienen.
La Agenda 2030 también fue uno de los blancos principales. Laje cuestionó sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas, y sostuvo que se trata de compromisos internacionales que terminan condicionando las políticas nacionales.
“Estas agendas te las presentan de una manera muy bella, incluso tratándote de un poco estúpido, porque te lo presentan con dibujitos como si fuese un manual de un niño de jardín de infantes”, disparó.
También cuestionó el hecho de que los objetivos sean formulados como metas difíciles de objetar, como la reducción de la mortalidad infantil, la erradicación del hambre o el acceso universal a la educación. “Son deseos para el abolito de la vida”, ironizó.
Según su interpretación, el problema aparece cuando esos objetivos generales se traducen en lineamientos y políticas concretas elaboradas por organismos internacionales.
Laje también sostuvo que la Agenda 2030 está destinada a repetir el fracaso de la anterior Agenda del Milenio y anticipó que será reemplazada por una nueva estructura. “La Agenda 2030 no se va a cumplir. Se los adelanto desde ya”, afirmó.
En ese sentido, mencionó la llamada Agenda 2045 o Pacto del Futuro y la describió como una versión ampliada de la Agenda 2030: “Es básicamente la Agenda 2030 con esteroides”.
Otro tramo de la exposición estuvo destinado a explicar, desde su perspectiva, cómo el globalismo consigue ampliar su poder.
Laje planteó que los organismos internacionales justifican la necesidad de concentrar mayores capacidades en problemas que ningún Estado podría resolver por sí solo. Entre ellos mencionó el cambio climático, las pandemias, la superpoblación y la inteligencia artificial.
“Para pedirte poder alguien te tiene que dar miedo, porque el miedo es la emoción política primaria”, sostuvo.
Y agregó: “El globalismo te dice: ‘Denme poder, porque si no viene esto’”.
Para el dirigente, ese mecanismo permite presentar a los organismos internacionales como una instancia necesaria frente a amenazas globales y, al mismo tiempo, ampliar progresivamente sus competencias.
Laje también dedicó una parte importante de la charla al “wokismo”, al que definió como la expansión del esquema de opresores y oprimidos hacia distintos ámbitos de la vida social.
“Es el beneficio de los mecanismos ideológicos que dividen al mundo entre opresores y oprimidos”, sostuvo.
Según explicó, mientras el marxismo tradicional concentraba esa relación de conflicto en la dimensión económica —capitalistas y proletarios—, el wokismo trasladaría ese esquema a cuestiones vinculadas al sexo, la orientación sexual, la identidad de género, la raza, la etnia, la religión e incluso el peso corporal. “Es una metaideología, es una fábrica de ideologías”, definió.
En su exposición mencionó al feminismo, el movimiento LGBT, el indigenismo y la teoría crítica de la raza como expresiones de esa lógica.
Y planteó que la expansión de esas categorías tiene, para el globalismo, una utilidad política: “Cuando yo introduzco el conflicto político en todos los ámbitos de la vida (...) lo que tengo es una guerra civil incipiente”.
Según Laje, esa fragmentación social favorece a los organismos internacionales porque “solamente pueden extender su dominio allí donde las sociedades están brutalmente enfrentadas entre sí”.
La última parte de la exposición apuntó contra la Organización de Estados Americanos (OEA) y, particularmente, contra el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
Laje cuestionó el peso que tienen la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana en la interpretación de los derechos humanos en los países de la región.
“Esta gente tiene nada menos que el poder para definir qué significan y cómo se interpretan los derechos humanos en nuestro continente”, afirmó.
También puso el foco en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y recordó que está integrada por siete comisionados.
A partir de allí, cuestionó documentos de la Comisión que utilizan conceptos como “heteronormatividad”, “cisnormatividad” e “identidad de género”.
Laje puso como ejemplo los llamados Principios de Yogyakarta y afirmó que se trata de acuerdos elaborados en ámbitos privados vinculados a organizaciones LGBT que posteriormente habrían influido en el sistema interamericano.
“Una reunión LGBT que a nivel internacional (...) pasa de un grupito que se reúne en Yogyakarta al sistema interamericano de derechos humanos y del sistema interamericano pasa a las naciones”, sostuvo.
También cuestionó el financiamiento de determinados informes de derechos humanos y mencionó a fundaciones internacionales y gobiernos extranjeros.
Hacia el cierre, Laje volvió al concepto que había planteado al comienzo: la soberanía nacional. Su planteo fue que el conflicto no pasa solamente por una política concreta —el aborto, la perspectiva de género, la educación o el cambio climático— sino por quién tiene la autoridad para definir esas políticas. “La soberanía significa quién rige sobre esta tierra”, afirmó.
Y, en una de las frases más contundentes, sostuvo: “Los únicos que vendieron soberanía son los kirchneristas que dieron tierra argentina a China y los vendedores de soberanía son también los que se plegaron a esto”.