19 de julio de 2026 - 23:10

Un psicólogo sajuanino explicó cómo atravesar una derrota y volver a empezar

El psicólogo Ignacio Gómez Cornejo, habló sobre frustración, resiliencia y aprendizaje, y explicó por qué una caída no debe convertirse en un fracaso definitivo.

El Licenciado Ignacio Gómez Cornejo reflexionó sobre la manera en que las personas pueden atravesar una derrota sin quedar atrapadas en la tristeza, el enojo o el desánimo. Según explicó, aceptar lo ocurrido, valorar el camino recorrido y enfocarse en lo que puede mejorarse son pasos fundamentales para comenzar nuevamente.

Durante su participación en el programa Buena Gente, el profesional sostuvo que una caída no debe interpretarse como el final de un proceso, sino como una experiencia que puede ofrecer herramientas para afrontar nuevos desafíos.

“De esta situación se sale poniendo los pies sobre la tierra y volviendo a empezar”, expresó Gómez Cornejo, al destacar la importancia de aceptar la realidad antes de proyectar el próximo objetivo.

Uno de los ejes centrales de su análisis fue la frustración, una emoción que suele aparecer cuando una persona no logra aquello que deseaba o había planificado. Lejos de considerarla negativa en sí misma, el especialista explicó que forma parte de la vida y que su aparición demuestra que existió una meta.

“La frustración es una emoción necesaria para la vida”, señaló. En ese sentido, planteó que el desafío consiste en evitar que el resultado adverso defina todo el esfuerzo realizado y aprender a observar también los avances alcanzados durante el proceso.

Gómez Cornejo también propuso ampliar la mirada frente a una derrota. Explicó que, en muchos casos, existe un rival, una circunstancia o un obstáculo que también interviene en el resultado. Por eso, recomendó analizar lo sucedido sin caer únicamente en la culpa o la descalificación personal.

El psicólogo destacó especialmente la necesidad de enseñar resiliencia desde los primeros años de vida. Según afirmó, los niños deben aprender que perder, equivocarse o no alcanzar una meta también forma parte del crecimiento.

Para el profesional, acompañar a los más chicos no significa evitarles cualquier frustración, sino brindarles herramientas para poner el resultado en contexto, reconocer hasta dónde llegaron y comprender que el esfuerzo también tiene valor, aunque no haya terminado en una victoria.

Esta mirada permite evitar que cada tropiezo sea vivido como una catástrofe. En cambio, ayuda a desarrollar la capacidad de tolerar el malestar, revisar lo ocurrido y volver a intentarlo con mayor experiencia.

Convertir la derrota en aprendizaje

Gómez Cornejo remarcó que el paso siguiente no es negar el dolor ni apresurarse a reemplazarlo con optimismo, sino preguntarse qué dejó la experiencia. La clave, indicó, está en identificar los aspectos que pueden corregirse y trabajar desde el lugar alcanzado.

En esa línea, sostuvo que después de una caída es necesario analizar cómo mejorar a partir del punto en el que cada persona quedó, en lugar de desconocer todo lo construido anteriormente. Su mensaje trasciende el deporte y puede aplicarse a situaciones familiares, educativas, laborales o personales.

La derrota, desde esta perspectiva, no desaparece ni deja de doler, pero puede convertirse en una instancia de crecimiento cuando se la procesa, se reconoce lo aprendido y se recupera la voluntad de avanzar.

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