17 de julio de 2026 - 17:56

¿Gritaste fuerte un gol y te quedaste sin voz?: por qué pasa y cómo recuperarla

Gritar, cantar y discutir con el árbitro desde el sillón pueden pasar factura a las cuerdas vocales. Una especialista explica qué le sucede al cuerpo y cómo prevenir esa situación antes de la gran final.

¿Por qué aparece una disfonía, de manera aguda, cuando se expresa con vehemencia algo que impacta emocionalmente, como gritar un gol, alentar al equipo o discutirle a la pantalla a un árbitro, un técnico o un jugador? ¿Hay señales previas a ese grito de gol apasionado, a esas interacciones con un aparato tecnológico?

La producción vocal se sostiene en la interdependencia de una multiplicidad de sistemas que operan de forma coordinada: cuando uno de ellos se desorganiza, se desequilibra ese estado de armonía necesario para la interacción sonora con el medio.

El cuerpo, especialmente la voz, es un instrumento de expresión de las emociones que se quieren transmitir. Basta pensar en cómo los jugadores cantaron el Himno en el último partido: la carga emotiva de las palabras, la gestualidad, la energía.

Qué pasa en el cuerpo cuando se grita un gol

Durante un partido de fútbol, y sobre todo tratándose de un Mundial en el que la Selección lucha por el primer puesto, aparecen muchas sensaciones corporales:

  • tensión muscular,
  • alteración del ritmo cardíaco y respiratorio,
  • ansiedad,
  • incertidumbre,
  • desazón,
  • entusiasmo,
  • angustia,
  • necesidad de desahogo.

Y, en cuanto a la voz: carraspeo, picazón de garganta, tos seca, sensación de cuerpo extraño, quiebre. En ese vaivén de emociones se van desordenando, poco a poco, sistemas neuromusculares complejos. Para restablecer su buen funcionamiento hace falta tomar conciencia del cuerpo en su integridad física, psíquica y emocional.

Conviene aclarar, además, un error frecuente: lo que suele llamarse “afonía” en realidad casi siempre es disfonía, una alteración leve, moderada o severa de las cualidades distintivas de la voz. El prefijo “dis” indica trastorno o alteración, mientras que “a” indica ausencia. Así, en la disfonía la intensidad, la frecuencia o el timbre se modifican, mientras que en la afonía no existe posibilidad alguna de emitir sonido.

Cuando el grito se produce sin una técnica adecuada, la emisión se vuelve opaca, ronca, soplada o tensa, ya sea por falta de coordinación respiratoria o por tensión excesiva en los músculos que rodean la laringe. Conviene pensar el fenómeno vocal como un sistema que depende de otros: el respiratorio, el postural, el auditivo (con su propio feedback), el resonancial, el digestivo, el endócrino y el emotivo. Aunque la laringe sea el órgano productor del sonido, su buen funcionamiento depende de todos estos mecanismos combinados. La voz, en definitiva, no es un fenómeno aislado: está en permanente interacción con múltiples sistemas del organismo.

Los cuidados básicos para proteger la voz

Si se piensa en una voz sana, o protegida de eventuales episodios de esfuerzo, conviene tener en cuenta algunos cuidados:

  • Hidratarse, igual que los jugadores en las pausas de hidratación, se tenga o no sed.
  • Dormir ocho horas.
  • Mantener una alimentación rica en proteínas.
  • Practicar algún deporte.
  • Evitar el consumo de sustancias tóxicas.
  • Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
  • Evitar el hábito tabáquico.
  • No competir con el ruido ambiente.
  • Consultar con un otorrinolaringólogo si la disfonía dura más de 15 días.
  • Evitar comidas copiosas que puedan desencadenar reflujo gastroesofágico.
  • Aprender a gestionar las emociones.

Una rutina de calentamiento vocal antes del partido

Conociendo la carga emocional con la que los argentinos viven un partido de fútbol —mucho más cuando la Selección pelea el título en el Mundial—, se puede armar una secuencia sencilla para no dañar los pliegues vocales antes de que arranque el juego: elongar el cuerpo, extender los brazos en semicírculo con una inspiración profunda y una exhalación lenta, poner el cuerpo en movimiento, mover brazos y piernas, hacer extensiones con los pies, girar el cuello y dibujar círculos con los hombros, relajar la zona de hombros, cuello y mandíbula, hacer vibrar labios y lengua, bostezar, saltar y silbar una melodía, y emitir una vocal en distintos tonos —agudo, medio, grave—.

También ayuda cambiar de ambiente unos minutos en lugar de quedarse todo el tiempo frente a la pantalla, tomarse pequeños descansos vocales aunque la emoción sobrepase, evitar comidas muy calóricas e incorporar agua incluso si se toman bebidas con alcohol o gaseosas. Y a la hora de gritar el gol, conviene mover los brazos en lugar de concentrar toda la explosión emocional en la garganta: usar algún instrumento, como una trompeta, para intercalar con el grito, bajar el volumen en períodos cortos para no sumar el estímulo auditivo del relato —que suele aumentar la ansiedad— y compartir los festejos con abrazos y saltos ayuda a mantener la energía equilibrada.

Es recomendable automatizar distintas técnicas que permitan hacer frente a las exigencias vocales, ya que cada persona reacciona de manera diferente a los mismos estímulos. Vale recordar que todas las emociones tienen por sostén un tono muscular, y en ese tonismo se entra en contacto con los demás y con la palabra misma: los componentes psicodinámicos de la voz y los delicados ajustes neuromusculares y sensoperceptivos terminan configurando una verdadera identidad vocal.

¡Vamos Argentina!

(*) Susana Parente (M.N. 8032), licenciada en Fonoaudiología de la UBA.

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