7 de mayo de 2016 - 00:00

Las teleras de Mogna conforman una unidad productiva artesanal

Revalorizaron más de 30 productos originarios e indumentarias y los comercializan en ferias y segmentos específicos de las grandes ciudades argentinas.

La localidad jachallera de Mogna desde hace cuatro años es testigo de uno de los mejores testimonios de construcción de capital social para el desarrollo territorial a partir de ‘entretejer saberes’ casi olvidados de los pueblos originarios y antepasados en productos para exigentes mercados específicos de indumentarias y artesanías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otros mercados.

Así, la innovación social y la rotura del círculo de la pobreza y la marginación es real ‘desde el año 2012, un grupo de docentes y alumnos de la Universidad Nacional de San Juan, principalmente de las carreras de Diseño industrial y diseño Gráfico, llevamos a cabo un conjunto de acciones de docencia, extensión e investigación, principalmente en la localidad de Mogna, Jáchal, nucleadas en el Programa de Extensión Universitaria San Juan Artesano’, de la Facultad de Urbanismo y Diseño FAUD- de la UNSJ, comentó la responsable del proyecto, diseñadora Silvina Vázquez, junto a uno de los docentes participantes, diseñador industrial Leonardo Lissandrello.

El objetivo fue ‘llegar a comunidades vulnerables de la provincia, especialmente ubicadas en zonas alejadas del Gran San Juan, para pensar y desarrollar, en conjunto con los pobladores, acciones que permitan rescatar, perfeccionar y mejorar sus producciones artesanales, con foco en la valorización de la identidad cultural, en el diseño, en la capacitación, y en la comunicación de los saberes tradicionales’, indicaron.

El trabajo interdisciplinario, el diseño participativo y la necesidad de la inclusión de sectores históricamente vulnerables, acompañándolos y propiciando su autonomía, se constituyen en temas centrales de nuestro trabajo en territorio y nos plantea el desafío de analizar el modo en que se orienta a los grupos vulnerables, de deconstruir nuestras propias reglas apreciativas y las tradicionales redes de generación de valor y transformarlas para convertirlas en un espacio para lo diverso’ y vencer el desaliento para generar riquezas autóctonas en el lugar de origen.

Así, unos 15 docentes, alumnos avanzados de la FAUD y del colegio Central Universitario, se permitieron concebir junto a los lugareños ‘una universidad pública como el escenario que permite poner en valor los saberes populares de poblaciones vulnerables y articularlos como objeto de formación para los estudiantes. El proceso de aprendizaje nace de entender a la educación como una práctica social y cultural que constituye a la sociedad’.

‘Abordar, la escala de pequeñas poblaciones alejadas nos acerca al patrimonio cotidiano; muchas veces modesto, referente único e invalorable que hace a la sustancia primordial de las comunidades y conformadoras de identidad. Identidad, que permite fortalecer los saberes colectivos, la cultura de lo propio, valorizándolo, no como el conjunto de elementos estáticos sino como fuerza movilizadora del trabajo y llegar a exigentes mercados’, sentenciaron.

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