Se afirma que la poda, más que un simple trabajo, es un arte y que, como tal, es preciso tener conocimientos acerca de ella para llevar a cabo esta práctica. No es cuestión de meter tijera, arremeten contra cualquier árbol o arbusto que encuentren a su paso. Para evitar exageraciones o errores que se lamentarán después, cuando el daño será irrecuperable por muchos años, es vital tener en cuenta el objetivo que cumple cada árbol o planta en nuestro terreno, además de sus características, para determinar qué poda le corresponde y si es realmente necesaria. Así, los árboles frutales de hoja caduca deben ser podados, pero no necesariamente los de hoja perenne y los ornamentales. No todas las plantas requieren la misma práctica, para cada especie hay una forma específica. Por lo tanto los conocimientos en el proceso de crecimiento, su desarrollo y variedad constituyen una premisa fundamental. La poda en un jardín se realiza con distintos fines y su importancia varía según la especie. El fin de una poda es restaurar una planta cuando sufrió un daño o tiene un crecimiento defectuoso. Las especies que se podan en julio son: algunos árboles, los rosales y algunos frutales (ciruelos, duraznos, etc.), también podamos ciertos arbustos caducos de floración estival.
¿Para qué podamos?
La poda en general apunta a formar las plantas, mantenerlas con el tamaño deseado y mejorar su productividad ya sea de flores o de frutos. Una poda bien hecha mejora la apariencia de las plantas, haciendo que crezcan, florezcan, produzcan mejor y se mantengan más sanas. Existen tres tipos de podas: de formación, de limpieza y de fructificación. La finalidad de esta tarea es:
– Para compensar las raíces que se pierden durante el transplante.
– Evitar un crecimiento denso que afecte la sanidad de la planta
– Corregir su crecimiento para evitar desequilibrios en la forma.
– Eliminar ramas muertas que pueden ser fuente de propagación de enfermedades.
– Quitar o cortar ramas que molesten o dificulten la circulación.
– Favorecer o estimular la producción de flores y frutos.
Durante el invierno se practica la poda de árboles caducos, de rosales, y de frutales de carozo y pepita. Y también de aquellos arbustos como por ejemplo, las hortensias, las buddleias, los laureles de flor, entre otros, que comenzarán a florecer ya en la primavera y lo seguirán haciendo hasta el otoño. Es un buen momento para revisar y corregir las podas mal hechas de todos los árboles caducos que quedaron con sus ramas al desnudo.
Durante los meses de frío las plantas detienen su actividad (letargo), al no tener hojas queda más a la vista toda la estructura y además el frío actúa como inhibidor del desarrollo de enfermedades y plagas. La poda genera en las plantas una reacción e impulso de brotación, ya que la savia que corría por una gran superficie de ramas de repente debe hacerlo en muchas menos y eso es lo que provoca el nacimiento inmediato de nuevos brotes en la próxima primavera.
Todas las herramientas bien afiladas y de ser posible de buena calidad. Tijera de mano, tijera de fuerza, y serrucho. Si ya las tienes deben estar desinfectadas, lo mismo cada vez que termines una jornada de esta tarea.
En plantas susceptibles a enfermedades (como ser las rosas) o en aquellas que ya presenten signos de hongos o plagas deben pulverizarse para ser desinfectadas y que no entren agentes patógenos. El aceite emulsionable se utiliza en los rosales inmediatamente después de la poda, de manera de sellar bien las heridas. En árboles o ramas grandes, los cortes pueden sellarse con cera de abejas o cebo de velas.
Herramientas necesarias para podar
Todas las herramientas bien afiladas y de ser posible de buena calidad. Tijera de mano, tijera de fuerza, y serrucho. Si ya las tienes deben estar desinfectadas, lo mismo cada vez que termines una jornada de esta tarea.
Poda de arbustos
Muchos de los arbustos que florecen desde mediados de primavera hasta finales de otoño, se benefician con una poda intensa a fines de invierno. Esto les permite formar ramas nuevas sobre las cuales las plantas florecerán dejándolas más compactas y rejuvenecidas. La poda puede hacerse desde que comienza el invierno. El momento lo determinará la función que cumple ese arbusto en el lugar que ocupa. La observación es fundamental antes de meter tijera. No porque sea julio vamos a podar todos los arbustos. Algunos arbustos solo requieren podas de limpieza, es decir cortar las ramas secas, enfermas o quebradas y listo ya lo dejamos en condiciones. Otros requieren podas de rejuvenecimiento, por ejemplo son aquello que llevan muchos años en el jardín y su aspecto es bastante deplorable, en estos casos conviene realizar un tipo de poda más profunda, con la finalidad que la planta pueda brotar con más vigor. La poda de arbustos consiste en suprimir ciertas partes con el objetivo de favorecer su vegetación y su floración.
Aunque la poda de formación ha sido generalmente empezada por el vivero, es bueno continuar al menos los 2 o 3 primeros años que siguen a la plantación, en función de la especie, la velocidad de crecimiento y la forma buscada.
Poda de formación
El primer año después de la plantación, pode las ramas a la mitad aproximadamente para provocar la ramificación.
El segundo año, hay que darle la forma al arbusto si es necesario. Pode las ramas muy vigorosas (largas) más cortas que las ramas débiles. Reduzca el conjunto del ramaje al menos un tercio, suprima las ramitas muy enclenques al pie del arbusto.
El tercer año se el arbusto presenta una asimétrica o está aun débil renueve la operación.
Poda de mantenimiento
Los años siguientes, preserve la forma natural del arbusto. Suprima las ramas muertas, elimine después las ramas que se entrecruzan y se encuentran en competencia con otras teniendo la misma dirección.
Para obtener una buena floración, los arbustos de flores necesitarán una poda anual. Si la floración es primaveral, espere el final de la floración para podar, de lo contrario eliminará las futuras flores. Si la floración es estival, pode a finales del invierno y siempre antes de que la vegetación empiece.

