Cada primer viernes de agosto se celebra el Día Internacional de la Cerveza, una fecha que nació en 2007 en un bar de Santa Cruz, California, y que con el tiempo se extendió a cientos de ciudades alrededor del mundo. Actualmente, la celebración alcanza a unas 207 ciudades de 50 países.
Pero más allá del brindis, hay una pregunta que suele dividir opiniones: ¿cómo se sirve correctamente una cerveza? La respuesta tiene menos que ver con la cantidad y más con tres detalles que pueden modificar por completo su sabor, aroma y sensación al tomarla.
La cerveza celebra su día internacional cada primer viernes de agosto.
1. La espuma no sobra: es clave
Uno de los errores más comunes es intentar servir la cerveza sin espuma. Según especialistas, lo ideal es que tenga aproximadamente dos dedos.
La espuma ayuda a concentrar los aromas, protege la bebida del contacto con el oxígeno y contribuye a conservar el dióxido de carbono. Es decir, no es un detalle decorativo: cumple una función concreta en la experiencia final.
2. Tomarla del vaso cambia más de lo que parece
Servirla directamente desde la botella o la lata puede ser práctico, pero el vaso o la copa permiten disfrutar mejor la cerveza.
Al volcarla, se pueden apreciar el color, el brillo y los aromas. Además, durante el servido se libera parte del exceso de gas, algo que puede ayudar a disminuir esa sensación de pesadez o hinchazón que algunas personas sienten después de beberla.
3. No todas las cervezas van con lo mismo
Otro de los secretos está en el acompañamiento. La enorme variedad de estilos permite combinar la cerveza con platos muy diferentes.
- Ensaladas y comidas frescas: opciones más livianas.
- Pastas y carnes grilladas: estilos con mayor cuerpo.
- Guisos o platos especiados: cervezas más intensas.
- Chocolate y postres: algunos estilos oscuros pueden funcionar especialmente bien.
Una bebida con más de 6.000 años de historia
La cerveza está lejos de ser una creación moderna. Los primeros indicios de su elaboración se remontan aproximadamente al 4000 a.C. en la Baja Mesopotamia, donde se producía principalmente a partir de cebada.
Con el paso de los siglos fue adoptada y transformada por distintas civilizaciones. Los egipcios, por ejemplo, llegaron a elaborarla con ingredientes como miel, dátiles y canela.
En la actualidad, sus ingredientes básicos siguen siendo relativamente simples: agua, cebada, lúpulo y levadura. Lo que cambia es la combinación, el proceso de elaboración y el estilo, dando lugar a cervezas rubias, rojas, negras y también versiones sin alcohol.
Así que este Día Internacional de la Cerveza deja una regla sencilla para el próximo brindis: vaso, dos dedos de espuma y una buena elección del acompañamiento.