Alertan por el aumento de aguavivas en la costa argentina. Puntualmente se registró una inusual cantidad en las playas de Mar del Plata y se atribuye al incremento de la temperatura del mar.

La aparición más frecuente de estos organismos gelatinosos cerca de la costa encendió alertas entre turistas y residentes, en un contexto marcado por temperaturas del mar por encima del promedio histórico.

El fenómeno no resulta nuevo, pero sí más reiterado. Guardavidas de Punta Mogotes explicaron a la Agencia Noticias Argentinas que se trata de una situación conocida y que “ocurre todos los veranos en algún momento”. Sin embargo, el aumento continuado del calor en el agua amplificó la presencia de aguavivas en sectores donde antes no se concentraban en grandes cantidades.

La clave está en el termómetro marino. Cuando la superficie del mar registra valores más altos de lo habitual, se modifican dinámicas ecológicas básicas. Las medusas, animales invertebrados que flotan y se desplazan al ritmo de corrientes y vientos, encuentran en esas condiciones un escenario propicio para reproducirse y expandirse. No persiguen a los bañistas ni atacan de forma activa. Su cercanía a la costa responde a factores físicos y biológicos.

Los especialistas coinciden en que los veranos con anomalías térmicas positivas incrementan la probabilidad de encuentros entre humanos y medusas. Este año, frente a Mar del Plata, esa combinación se hizo evidente. Aguas más cálidas, días con poco oleaje y corrientes favorables empujaron a estos organismos hacia la orilla, justo donde miles de personas ingresan al mar.

Un informe publicado ayer por el Gabinete de Oceanografía Física del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) explica que la temperatura del agua en la superficie del mar en Mar del Plata durante enero promedió los 21,6 °C, aumentando a lo largo del mes desde el mínimo de 18,7C registrado el día 4 hasta el máximo de 24,1°C registrado el día 26.

“Durante la segunda quincena del mes, la temperatura en la superficie superó al promedio climatológico estimado a partir de los datos del período 2013–2023. A partir del 23 de enero, todos los registros se ubicaron dentro del 25% de los valores más altos de la serie histórica (Q3= 21,8°C)”, precisa el informe.

Las medusas o aguavivas, pertenecen a un grupo antiguo del reino animal. Su cuerpo, compuesto en gran parte por agua, presenta una estructura simple pero eficaz. Bajo su campana gelatinosa cuelgan tentáculos equipados con células urticantes. Esas células contienen diminutos dardos microscópicos cargados con toxinas.

El aumento de la temperatura del agua influye en distintos aspectos de su ciclo de vida. En condiciones más cálidas, muchos procesos metabólicos se aceleran. La reproducción se vuelve más eficiente y las poblaciones pueden crecer con mayor rapidez. Además, ciertas especies toleran mejor el calor que otros organismos marinos, lo que les otorga ventaja en ecosistemas alterados por el cambio climático.

Cuando el mar frente a la Costa Atlántica registra valores superiores al promedio, como ocurrió este verano, se crea un entorno favorable para que las medusas prosperen. A eso se suma la acción del viento y las corrientes superficiales, que las arrastran hacia zonas costeras. En jornadas con poco oleaje, la dispersión resulta menor y las concentraciones cerca de la playa aumentan.

Cómo es el ataque de una aguaviva y qué hacer si ocurre
El resultado se percibe de inmediato en la experiencia de los bañistas. Más medusas en el agua implican más probabilidades de contacto accidental. Ese contacto activa el mecanismo defensivo y de alimentación del animal. Las células urticantes se disparan ante el roce con la piel y liberan toxinas.

Las picaduras suelen generar ardor intenso, enrojecimiento, picazón y sensación de quemadura. En la mayoría de los episodios no existe riesgo grave para la salud, pero el malestar puede resultar considerable, sobre todo en niños y en personas con piel sensible. La reacción depende de la especie involucrada y de la extensión del contacto.

La primera medida ante una picadura consiste en salir del agua de inmediato. Permanecer en el mar puede facilitar nuevos contactos con tentáculos que aún flotan en la zona.

Los guardavidas recomiendan no frotar el área afectada. El roce puede activar células urticantes que no se dispararon en el primer contacto. Tampoco se aconseja lavar con agua dulce. El cambio de salinidad puede estimular la liberación de más toxina. En cambio, el enjuague con agua de mar ayuda a retirar restos sin agravar la reacción.

El vinagre aparece como recurso útil cuando está disponible. Su aplicación contribuye a desactivar las células urticantes en ciertas especies. Luego, el frío local, con hielo envuelto en una tela, alivia el dolor y reduce la inflamación.

Si el dolor persiste, un profesional de la salud puede indicar cremas con corticoides o antihistamínicos.

La consulta médica adquiere carácter urgente ante síntomas como dificultad para respirar, mareos o inflamación excesiva.

Evitar el ingreso al mar si se observan aguavivas en el agua o en la orilla reduce la probabilidad de picadura. Tampoco conviene tocarlas, incluso si parecen muertas. Las células urticantes pueden permanecer activas un tiempo después de la muerte del animal.