El 28 de junio de 1998, el estadio Félix-Bollaert de Lens fue escenario del partido de los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA. La selección de Francia se enfrentó a una Paraguay aguerrida y disciplinada. Las apuestas de fútbol reflejaban el favoritismo del conjunto francés, que había superado con autoridad la fase de grupos tras marcar nueve goles.
Por su parte, Paraguay llegaba con un panorama muy distinto. Consiguió clasificarse a los octavos de final con muchas dificultades y apenas anotó un gol en toda la fase de grupos. Sin embargo, su sólida organización defensiva le permitió mantener su arco prácticamente imbatible. Ese contraste de estilos convirtió el encuentro en uno de los duelos más intensos y memorables en la historia de los Mundiales.
El inicio del partido y cómo se desarrolló el encuentro
Antes del pitazo inicial, la afición recibió con entusiasmo a la selección de Francia, fiel a los rituales y expectativas que rodeaban al equipo anfitrión. Sin embargo, en esta ocasión, Les Bleus necesitaban mucho más que un golpe de suerte. Su máxima figura, Zinedine Zidane, no pudo estar presente tras cumplir una suspensión por la tarjeta roja que había recibido en el partido anterior.
El planteamiento de Paraguay era claro: una defensa cerrada y perfectamente organizada, acompañada de una intensa presión en la mitad de la cancha para cortar el ritmo del rival. Al frente del equipo estaba su capitán y arquero, José Luis Chilavert, quien no solo dirigía a la defensa con autoridad, sino que también demostraba otras de sus grandes cualidades:
- intimidaba psicológicamente a los delanteros rivales;
- leía el juego con una rapidez extraordinaria;
- administraba el tiempo a favor de su equipo cuando la situación lo requería.
Los franceses lo intentaban una y otra vez, pero seguían sin encontrar el camino al gol. Y cuando finalmente conseguían superar la línea defensiva paraguaya, se toparon con el legendario José Luis Chilavert.
La regla del “gol de oro”
En la Copa Mundial de la FIFA 1998, la FIFA implementó por primera vez la regla del gol de oro: el partido continuaría hasta que uno de los equipos marcará el primer gol, que pondría fin de inmediato al encuentro y permitiría a los aficionados de fútbol cobrar las apuestas realizadas por los ganadores.
Para Paraguay, era la oportunidad perfecta de resistir hasta la tanda de penales, una instancia en la que Chilavert se sentía invencible. Los franceses, en cambio, sabían que esa lotería desde los once pasos podía convertirse en una auténtica tragedia nacional.
Corría el minuto 114 cuando, en el momento más decisivo del partido, el talento táctico y el pasado ofensivo de Laurent Blanc marcaron la diferencia. Francia construyó una nueva ofensiva prolongada. Robert Pirès envió un centro al área, donde el joven David Trezeguet ganó el duelo aéreo y peinó el balón hacia la zona del punto penal.
Los defensores paraguayos perdieron la marca por un instante, y ese breve descuido fue todo lo que necesitó el "Presidente". Laurent Blanc conectó el balón de primera, con un remate potente y lleno de sangre fría que dejó sin opciones a Chilavert. El balón terminó en el fondo de la red.