Un fin de semana escandaloso sacudió a la provincia de Santiago del Estero tras confirmarse que dos efectivos de la Policía local protagonizaron accidentes de tránsito mientras circulaban en evidente estado de ebriedad. Los test de alcoholemia practicados tras los choques arrojaron resultados contundentes de 1,35 y 2,01 gramos de alcohol por litro de sangre, este último duplicando los límites de tolerancia.
El primer choque: contra la vidriera de un comercio
El primero de los episodios ocurrió pasadas las 7:20 de la mañana en la concurrida intersección de la avenida Rivadavia y la calle Belgrano.
Por motivos que son materia de investigación, un joven uniformado de 23 años que conducía un automóvil Peugeot —acompañado por una mujer de 22— perdió el control del rodado. El vehículo subió a la vereda, impactó de lleno contra la vidriera de un comercio local y finalizó su recorrido colisionando contra un poste de luz.
A pesar de la violencia del impacto y los importantes daños materiales, milagrosamente no se registraron personas heridas. Al ser asistido por sus propios colegas de la fuerza, se le realizó el test de alcoholemia, el cual confirmó que manejaba con 1,35 g/l de alcohol en sangre.
Segundo hecho: más de 2 gramos de alcohol y choque contra un auto
El segundo episodio tuvo lugar pocas horas después, cerca de las 9:27 del domingo, sobre la calle Gregoria Matorras —entre Castelli y Rodríguez—, en el barrio San Martín.
En esta oportunidad, un subinspector de 29 años que se encontraba franco de servicio circulaba a bordo de una motocicleta Hero Xpulse de 200 cc. Al perder el control del vehículo de menor porte, impactó violentamente contra un automóvil Peugeot 307 al mando de un hombre de 51 años.
Tras la intervención del personal de seguridad y tránsito, el examen de rigor arrojó un resultado sumamente grave: el efectivo conducía con 2,01 gramos de alcohol por litro de sangre.
Ambos casos generaron una fuerte preocupación institucional debido a la conducta al volante de los agentes fuera de servicio, exponiendo la necesidad de reforzar los controles internos y las sanciones disciplinarias ante este tipo de imprudencias al frente del manubrio y el volante.