La geografía de San Juan, extensa y diversa, plantea desafíos permanentes en materia de conectividad, asistencia sanitaria y desarrollo productivo. Cordillera, valles alejados y largas distancias entre centros urbanos hacen que el transporte aéreo no sea un lujo, sino una herramienta estratégica. En este contexto, la necesidad de dotar de aeroclubes a más departamentos de la provincia aparece como una política necesaria y largamente postergada.
Actualmente, San Juan cuenta únicamente con dos aeroclubes debidamente habilitados: el ubicado en Pocito -donde además funciona el hangar provincial- y el Aeroclub de Frontera Jáchal, situado sobre el camino hacia Villa Mercedes, a pocos kilómetros de la ciudad de San José de Jáchal. Esta limitada infraestructura aérea resulta insuficiente para una provincia con amplias zonas productivas y localidades alejadas que requieren respuestas rápidas ante situaciones críticas.
Los aeroclubes, en su mayoría asociaciones civiles sin fines de lucro, cumplen un rol esencial dentro del sistema aeronáutico argentino. Son espacios de formación de pilotos y personal técnico, verdaderas escuelas donde se inicia la actividad aérea y se construye el futuro del sector. Sin estas instituciones, el desarrollo aeronáutico provincial carece de base formativa y operativa.
Pero su importancia excede ampliamente la aviación deportiva o recreativa. Las pistas de los aeroclubes funcionan frecuentemente como alternativas para descensos de emergencia, evacuaciones sanitarias o apoyo logístico ante contingencias climáticas o catástrofes naturales. En una provincia donde algunos departamentos se encuentran a varias horas por vía terrestre de la capital, disponer de aeródromos operativos puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
A ello se suma la función social que estas entidades desarrollan. Desde su creación en 1939, el Centro de Aviación Civil San Juan se propuso combinar deporte, recreación y servicio comunitario, una filosofía que continúa vigente. Por su parte, el aeroclub jachallero, con más de siete décadas de historia, ha promovido actividades como aeromodelismo, vuelo a vela, paracaidismo, vuelos de bautismo y traslados sanitarios, integrando la aviación a la vida cotidiana de la comunidad.
No es casual que periódicamente resurja la propuesta de construir aeródromos en departamentos como Valle Fértil, Calingasta e Iglesia. Incluso desde la Dirección de Aeronáutica provincial se avanzó en gestiones para concretar nuevas pistas con apoyo financiero del sector minero, reconociendo el impacto positivo que estas infraestructuras tienen tanto en la producción como en la seguridad de la población.
Promover la creación de nuevos aeroclubes implica apostar al desarrollo territorial equilibrado. Estas instituciones no solo enseñan a volar: generan comunidad, brindan servicios públicos complementarios y fortalecen la integración provincial. En una San Juan que busca crecer sin dejar regiones aisladas, ampliar la red de aeroclubes debe dejar de ser un proyecto recurrente para convertirse en una política concreta y sostenida.