Por Fernando A. Ocampo Bravo - Analista Internacional
Por Fernando A. Ocampo Bravo - Analista Internacional
¿Queremos, como Argentina y Chile, sonidos de tambores de guerra? Un rotundo NO. Países hermanos como la Argentina y Chile siempre serán vecinos y hermanos. Pero ¿qué pasó hace unos días? La preocupación surgió a partir de una publicación del área de investigación de la radio BioBio de Chile, basada en un informe de inteligencia chileno que alertaba sobre un posible «evento crítico» con la Argentina. El informe hacía referencia a un barco que debería zarpar desde Punta Arenas hacia las islas Malvinas en las próximas semanas, a través de una ruta inédita por el estrecho de Magallanes y no por el paso de Drake.
El objetivo sería abastecer a las islas con alimentos, insumos y otros productos. A partir de esta posibilidad, dirigentes políticos de Punta Arenas y de la Región de Magallanes, opositores al Gobierno central de Kast, comenzaron a impulsar la reactivación de una ruta comercial que había sido dejada de lado por el apoyo chileno al reclamo argentino sobre las islas. Actualmente, el abastecimiento de Malvinas se realiza desde Uruguay. Punta Arenas busca convertirse en un importante hub logístico para el comercio con las islas.
¿Qué implica esta situación? La ruta chilena ofrece una ventaja logística: la distancia marítima para abastecer a Malvinas desde Punta Arenas es aproximadamente 1.100 kilómetros menor que desde Montevideo. Por eso, Gran Bretaña vería con buenos ojos esta alternativa.
El barco Danstar, destinado al transporte de carga, llevaría alimentos y provisiones. Cuenta con una capacidad de 1.389 toneladas.
Los servicios de inteligencia chilenos señalan que, inicialmente, se evaluó realizar el recorrido entre Punta Arenas y Puerto Stanley, la capital del territorio insular, a través del mar de Drake, para evitar altercados internacionales. Sin embargo, esa opción fue descartada porque podría interpretarse como una renuncia a la soberanía chilena. De ahí que el viaje se realizaría por el estrecho de Magallanes.
La fecha de zarpe se mantiene bajo reserva para evitar que la Argentina tome alguna medida que genere una «tensión innecesaria» con Chile. Por esa misma razón, se descartó que el barco fuera escoltado por unidades militares. Se trata, además, de una nave comercial perteneciente a un privado.
Las autoridades navales argentinas han manifestado su molestia con este tipo de incursiones en una zona en disputa. La presencia de un buque con bandera chilena podría dar lugar a una intervención argentina.
¿Qué podrían hacer las autoridades argentinas si interceptaran al buque chileno? Según el planteo del autor, al tratarse de viajes periódicos, en una primera oportunidad el Danstar podría ser detenido y recibir una multa. En un segundo viaje se aplicaría una sanción mayor y, ante una tercera incursión, podría plantearse la incautación del barco y su traslado a un puerto argentino.
¿Qué haría Chile ante estas circunstancias? El 15 de diciembre de 1998, los entonces presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem firmaron una declaración en defensa del reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas.
También es importante recordar que, mediante acuerdos internacionales, la Argentina y Chile adhirieron a restricciones vinculadas con los viajes a las islas. Por eso, los buques con bandera malvinense no llegaban a Punta Arenas ni a otros puertos chilenos. Algunos recalaban en el puerto del Callao, en Perú. Chile adhirió a esta política mediante acuerdos, aunque no a través de tratados.
En septiembre de este año, 60 empresas magallánicas y 132 entidades de las islas Malvinas se reunieron en Cabo de Hornos para fomentar esta nueva ruta, en detrimento de Uruguay, y reavivar viejas diferencias con la Argentina. Esta iniciativa genera una fricción innecesaria en las relaciones bilaterales.
Si bien los tratados internacionales vigentes permiten el libre tránsito y el «paso inocente» de embarcaciones, independientemente de su pabellón, decretos internos argentinos han ido en contra de esas disposiciones.
El primero fue promulgado en febrero de 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández, y exige una autorización previa a cualquier buque que transite desde el territorio continental argentino hacia las Malvinas.
El segundo decreto fue firmado en julio de 2021, durante la presidencia de Alberto Fernández, y define al estrecho de Magallanes como un «espacio compartido». También plantea un posible «control conjunto» con Chile, lo que generó reclamos de la diplomacia chilena por considerar que contraviene el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, que establecen la soberanía de Chile sobre el estrecho.
En 2025, el presidente Javier Milei se comprometió a enmendar ese error. Existían expectativas de que lo hiciera durante su última visita a Chile, pero, hasta ahora, no ocurrió. Por lo tanto, el presidente debería derogar ese decreto, ya que, a mi entender, es nulo y no se ajusta a derecho.
Por todo lo expuesto, considero importante señalar tres puntos:
1. Chile y la Argentina deben entender que siempre seremos países hermanos y vecinos. Por eso, debemos mantener una buena relación, sin ceder ni una pizca de soberanía nacional.
2. Debemos conformar urgentemente una comisión binacional para delimitar los límites pendientes entre ambas naciones. En especial, debemos abordar la cuestión antártica. Trabajando en conjunto, ambos países podrían convertirse en un polo de inversiones logísticas y científicas. El Tratado Antártico tiene una vigencia que se extiende por más de una década y, en el futuro, llegarán países más poderosos que podrían desplazarnos. ¿Quedará algo para nosotros en la Antártida? No debemos olvidar que allí se encuentra el mayor reservorio de agua dulce del mundo, además de importantes recursos naturales.
3. Chile tiene pleno derecho, al igual que la Argentina, a comerciar con quien considere conveniente, en ejercicio de su soberanía nacional.
Aunque los presidentes Milei y Kast mantuvieron un encuentro en septiembre, en el que Chile reiteró su respaldo al reclamo argentino de soberanía sobre las Malvinas, las diferencias sobre la navegación y las relaciones comerciales con las islas continúan. Ambos gobiernos buscaron reducir la tensión y evitar un conflicto diplomático mayor.
Mientras tanto, la atención se concentra en el viaje previsto del Danstar, posiblemente para fines de octubre o noviembre, que podría convertirse en un nuevo punto de discusión sobre la libre navegación, las relaciones comerciales regionales y el reclamo argentino por las islas Malvinas.
¿Qué están esperando los gobiernos centrales para reunirse y conformar comisiones binacionales que permitan delimitar los límites pendientes, avanzar en obras públicas conjuntas y fortalecer el comercio? Ambos gobiernos comparten una misma ideología, por lo que este acercamiento debería darse de manera espontánea y formalizarse mediante una diplomacia inteligente, basada en la hermandad.