23 de mayo de 2026 - 05:00

Despantallizar la vida como salvavidas mental

Por Rubén Valle - Periodista

Despantallizar. Sí, el verbo/neologismo no existe, no tiene (aún) la venia de la Lengua Española de la Real Academia Española. No existe, pero define a la perfección la sensación de tanta gente aquí, allá y en todas partes del planeta que ya está harta de la dependencia del teléfono. Esa maravilla tecnológica que habría amado Julio Verne y que hoy rige todos nuestros pasos 24/7.

El ayuno digital no significa retroceder, no valorar las bondades y avances que supone la tecnología. Pasa por un necesario descanso mental, un reencuentro con el entorno, con los vínculos afectivos y hasta con la naturaleza misma. Y en ese proceso de dejar las pantallas en reposo se produce un fenómeno virtuoso que ya se percibe en muchas capitales: la vuelta a la lectura en papel, la revalorización de los diarios y revistas que sobrevivían en la sombra. Volver a tocar, hojear, oler, sin perdernos en el bucle infinito de las redes sociales, como un antídoto contra la fatiga cognitiva.

En su libro No cosas, el filósofo Byung-Chul Han habla de esta pérdida de lo "tangible" en pos de lo digital: "Las cosas de piedra y madera han sido sustituidas por las pantallas... La pérdida de los objetos físicos es la pérdida de los rituales que estructuran la vida humana".

El ayuno digital no significa retroceder, no valorar las bondades y avances que supone la tecnología. Pasa por un necesario descanso mental, un reencuentro con el entorno, con los vínculos afectivos y hasta con la naturaleza misma. El ayuno digital no significa retroceder, no valorar las bondades y avances que supone la tecnología. Pasa por un necesario descanso mental, un reencuentro con el entorno, con los vínculos afectivos y hasta con la naturaleza misma.

Uno de esos rituales recuperados es la vuelta al vinilo, impulsado sobre todo por la generación Z (los nacidos entre 1997 y 2012) y los millennials. Sin renunciar a esa babel sonora que es Spotify, ven a los discos como una suerte de fetiche y de sentido de pertenencia. Informes de la industria discográfica aseguran que los jóvenes compran más vinilos que los propios melómanos de la vieja guardia. Así, dejó de ser un nicho de nostálgicos para reflejar un "renacimiento analógico".

En su libro El valor de la atención, Johann Hari alerta que "estamos perdiendo nuestra capacidad de atención profunda. Volver al libro físico no es un capricho analógico o vintage, es una necesidad de salud mental. Cuando leés en papel, tu cerebro se calma. Cuando leés en una pantalla, estás en constante estado de alerta, saltando de un estímulo a otro". Clarísimo.

Sin embargo, no se trata de la falsa disyuntiva de pantalla versus papel. Es uno y el otro conviviendo, dándonos imprescindibles espacios de conexión interior, incluso de disfrute. Convengamos que el uso intensivo del celular también va de la mano del trabajo, las compras y hasta los trámites más cotidianos. Por lo tanto, y mal que nos pese, no resulta posible desentendernos por completo del teléfono, pero "despantallizarnos" un poco es parte fundamental de la sanidad mental en una época que bien se podría parangonar con una licuadora fuera de control.

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