Solidaridad orientada a fortalecer el sistema educativo en zonas alejadas

En tiempos en los que muchas veces predominan el individualismo y la indiferencia, resulta alentador comprobar que todavía existen instituciones dispuestas a transformar los discursos en acciones concretas. La campaña solidaria impulsada por la Escuela de Cultura Religiosa y Pastoral del Vicerrectorado de Formación de la Universidad Católica de Cuyo constituye un ejemplo valioso de compromiso social genuino, orientado esta vez a asistir a los alumnos de Barreal, en el departamento Calingasta, mediante la recolección de desayunos y meriendas nutritivas.

Bajo el lema "Los gestos concretos nos definen. Demos una mano", la iniciativa interpela directamente a la comunidad sanjuanina. No se trata solamente de donar leche, azúcar, cacao, yerba o galletas, ni tampoco de colaborar con un aporte económico cercano a los 10.000 pesos. Lo verdaderamente importante es el mensaje que encierra esta convocatoria: comprender que detrás de cada ayuda existe un niño que necesita alimentarse mejor para poder aprender, crecer y desarrollarse con dignidad.

La realidad de muchas comunidades alejadas de los grandes centros urbanos continúa mostrando desigualdades profundas. En numerosas ocasiones, la merienda escolar deja de ser un complemento para convertirse en una necesidad esencial. Un vaso de leche o una taza de mate cocido con galletas representan mucho más que un alimento: simbolizan contención, cuidado y oportunidades. Un estudiante que atraviesa la jornada escolar con hambre difícilmente pueda concentrarse o rendir plenamente.

Por eso adquiere especial relevancia que una institución universitaria asuma este tipo de compromisos. La Universidad Católica de Cuyo no mantiene un vínculo circunstancial con Barreal y Calingasta. Su presencia en la región tiene raíces profundas y sostenidas en el tiempo. La existencia del Colegio Jesús de la Buena Esperanza, las tecnicaturas universitarias vinculadas con minería, turismo, gastronomía e higiene y seguridad, así como los programas de orientación vocacional que periódicamente llegan a las escuelas de la zona, reflejan una política educativa orientada al desarrollo local y a la descentralización de oportunidades.

Ese arraigo territorial permite comprender mejor las necesidades de la comunidad y actuar en consecuencia. Allí radica uno de los mayores méritos de esta campaña: no surge desde la distancia ni desde el desconocimiento, sino desde una relación permanente con las familias y estudiantes del lugar.

También es importante destacar que estas acciones solidarias poseen un efecto multiplicador. Cuando una universidad promueve valores de empatía y responsabilidad social, educa no sólo en conocimientos académicos sino también en ciudadanía. Enseña que el compromiso con el prójimo no puede quedar reducido a declaraciones formales.

Cada donación cuenta. Pero, sobre todo, cuenta la voluntad colectiva de no permanecer indiferentes frente a las necesidades de quienes más lo necesitan. Porque, efectivamente, los gestos concretos son los que terminan definiendo a una sociedad.

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