Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo - Profesor
Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo - Profesor
La pregunta más famosa en la historia de la guerra moderna provino de David Petraeus, entonces general mayor de Estados Unidos, en una entrevista con Rick Atkinson, entonces periodista, durante el asalto inicial a Irak: "Dime, ¿cómo termina esto?".
Es dudoso que Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo, acepte abandonar los programas nucleares y de misiles de Irán y cesar su apoyo a aliados regionales como Hezbolá. Pero el mandato del nuevo Jamenei podría ser muy efímero. El hijo del histórico ayatollah Alí Jamenei sigue sin aparecer. Según medios fue llevado en secreto a Rusia para operarlo de las heridas que sufrió durante la guerra. Desde Estados Unidos dijeron que el líder supremo iraní está "herido" y probablemente "desfigurado", según el secretario de Guerra del país norteamericano, Pete Hegseth. Mientras que el presidente Donald Trump dijo que desconoce si Jamenei está vivo, porque hasta el momento "nadie pudo demostrarlo". Trump dijo que escuchó el rumor que el líder supremo de Irán "no está vivo" y planteó: "Si lo está, debería hacer algo muy inteligente por su país, y eso es rendirse".
Es difícil imaginar que la guerra termine antes de que Estados Unidos e Israel ataquen las instalaciones nucleares restantes de Irán, incluyendo sus depósitos enterrados (pero accesibles) de uranio altamente enriquecido. En este sentido, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, advirtió que Irán todavía posee suficiente uranio enriquecido como para fabricar alrededor de diez armas nucleares. La advertencia se dio en una entrevista con Radio Francia Internacional (RFI), en la que el funcionario explicó que el país mantiene un stock de más de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una cantidad que permitiría desarrollar armamento nuclear si se decidiera avanzar en esa dirección. El funcionario sostuvo que, pese a los recientes ataques militares contra el país, la situación de los activos nucleares iraníes no cambió de manera sustancial.
Y cualquier intento de Irán de llevar a cabo atentados terroristas espectaculares como el atentado de Lockerbie en Libia en 1988, o de minar el estrecho de Ormuz, solo resultará en otra guerra. A mi entender, "la era en la que los líderes iraníes se creían invulnerables ha terminado".
¿Qué debería hacer entonces la administración Trump? Tomar posesión de la isla Kharg. El que dirija el régimen a continuación tendrá que afrontar su vulnerabilidad y aislamiento. Ese aislamiento será especialmente pronunciado si las fuerzas estadounidenses se apoderan de la isla de Kharg, a 24 o 26 kilómetros de la costa iraní en el Golfo Pérsico, terminal de aproximadamente el 90% de las exportaciones petroleras de Irán.
El control estadounidense otorgaría al gobierno el control total sobre la mayor parte de los ingresos restantes del régimen, incluyendo su capacidad para pagar los salarios de soldados y funcionarios.
Minar o bloquear los puertos restantes de Irán. Destruir toda la capacidad militar iraní posible durante las próximas dos semanas, incluyendo una segunda operación Martillo de Medianoche para destruir lo que queda de la capacidad y los conocimientos nucleares de Irán.
Y amenazar al régimen con más bombardeos si masacra a sus propios ciudadanos, organiza atentados terroristas en el extranjero o retoma la actividad nuclear.
Esa constituye la vía más realista hacia la victoria al menor precio posible en vidas, riesgos y recursos. Y a pesar de todos sus peligros admitidos, ofrece al pueblo iraní la mejor oportunidad de lograr su libertad. Nada mal para una guerra de un mes que, según advirtieron sus críticos, sería otro Irak.
Walter Russell Mead, columnista de The Wall Street Journal, es quizás el más descarnado en su diagnóstico. En su artículo del 9 de marzo, traza con precisión los tres desenlaces que puede tener este conflicto.
El primero sería una derrota clara y dañina para Estados Unidos: si la presión global y la oposición doméstica obligan a Trump a poner fin al conflicto antes de que el comercio sea plenamente restaurado en el Golfo, un Irán golpeado pero en pie habrá demostrado que puede cerrar esa arteria vital contra todo lo que la mayor potencia militar del mundo pueda arrojarle encima. El prestigio americano difícilmente se recuperaría de semejante fiasco.
El segundo escenario sería una victoria real: el Golfo despejado y un nuevo gobierno iraní más interesado en el desarrollo del país que en la dominación regional. Pero ese escenario, admite Mead, es el menos probable.
El más probable es un escenario intermedio: Estados Unidos logra despejar en gran medida el Golfo, pero el régimen actual sobrevive. La Operación Epic Fury (Furia Épica), quedaría en la memoria como la Madre de Todas las Podadoras: sin resolver nada fundamental, pero preservando un equilibrio de poder frágil en una parte vital del mundo.
Hay una nueva etapa de la guerra desde ahora en adelante, el presidente de EEUU exigió este lunes 16 de marzo del 2026 que los aliados estadounidenses ayudaran a asegurar el Estrecho de Ormuz, pero las potencias europeas rechazaron una posible misión para reabrir la vía fluvial vital cerrada por Irán en respuesta a los ataques entre Estados Unidos e Israel. Alrededor de 200 efectivos de las fuerzas armadas de Estados Unidos sufrieron heridas en siete naciones de Medio Oriente desde que arrancó la guerra contra Irán. La escalada bélica, que involucró ataques cruzados, generó una situación de extrema tensión en las bases regionales desde febrero. La guerra de Irán deja ya 15 soldados occidentales muertos: 14 de EEUU y uno francés. La guerra de Irán podría estar a punto de escalar. Los Estados del Golfo podrían unirse al conflicto. La batalla por Ormuz podría empujar a ambas partes hacia un conflicto más global y peligroso a nivel anexándose más países a la guerra.