27 de abril de 2026 - 06:00

Ejemplo de gestión eficiente del recurso hídrico en la Universidad Católica de Cuyo

En una provincia donde el agua define buena parte del presente y del futuro productivo, cada acción orientada a su cuidado adquiere un valor estratégico. En ese contexto, la iniciativa de la Universidad Católica de Cuyo de avanzar con un sistema de almacenamiento y gestión eficiente del recurso hídrico en su campus de Rivadavia representa mucho más que una obra de infraestructura. Es un mensaje institucional que combina responsabilidad ambiental, previsión y compromiso con la realidad provincial.

La instalación de dos tanques de 25.000 litros forma parte de un sistema más amplio que contempla tres estaciones de almacenamiento y distribución con una capacidad total de 105.000 litros. El objetivo es claro: reducir hasta un 50% del consumo diario de agua, que hoy ronda los 100.000 litros en el predio universitario. En un campus por el que circulan unas 6.000 personas cada día, la magnitud del consumo explica por sí sola la importancia de implementar mecanismos de control y racionalización.

Pero lo verdaderamente relevante de esta iniciativa no es solo la capacidad de almacenamiento o el volumen de ahorro proyectado, sino la lógica que la sustenta. En una provincia que enfrenta una crisis hídrica estructural -producto de años de escasas precipitaciones y disminución sostenida de los aportes nivales en la cordillera-, la gestión del agua dejó de ser únicamente una responsabilidad del Estado para convertirse en una tarea compartida por toda la sociedad.

La decisión de la universidad de incorporar tecnología de monitoreo y control para medir el consumo representa un paso clave en esa dirección. Medir es, en definitiva, el primer paso para gestionar. Sin información precisa resulta imposible establecer políticas de ahorro, detectar desperdicios o planificar mejoras en los sistemas de distribución.

Además, el proyecto no se limita a garantizar el abastecimiento interno frente a eventuales restricciones, sino que también apunta a instalar una cultura del uso responsable del agua dentro de la comunidad educativa. Las universidades, por su propia naturaleza, no solo forman profesionales: también forman ciudadanía. Y en ese proceso los ejemplos institucionales tienen un peso pedagógico considerable.

Actualmente las obras se encuentran en una etapa avanzada, restando aún la puesta en marcha del sistema de bombeo y la implementación de la telesupervisión, pasos previos a las pruebas finales de funcionamiento. Una vez operativo, el sistema permitirá evaluar con precisión el impacto real de la iniciativa y ajustar los mecanismos de gestión.

El desafío, sin embargo, no termina allí. El verdadero valor de este tipo de experiencias reside en su capacidad de ser replicadas. Si instituciones educativas, organismos públicos, empresas y barrios adoptaran sistemas similares de monitoreo y almacenamiento, el impacto colectivo podría ser significativo.

En tiempos en que la escasez hídrica se consolida como uno de los principales condicionantes del desarrollo provincial, iniciativas como esta demuestran que la gestión inteligente del agua no es solo una necesidad técnica, sino también una decisión cultural. Y en ese terreno, el ejemplo de la universidad puede convertirse en un punto de partida.

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