El mensaje más importante del plan de cinco puntos que presentó el régimen iraní, es lo que no dice. Lo que no aparece en esos cinco puntos, es lo que la teocracia chiita está realmente proponiendo. Y eso que no aparece en ninguna de las cinco propuestas, es nada menos que su programa nuclear. O sea la cuestión clave en esta guerra es la que no está mencionada. Y la única interpretación posible de esa ausencia es que se trata de lo que el régimen está dispuesto a negociar con el gobierno de Donald Trump, lo que implica disposición a hacer concesiones en ese terreno en el cuál se justificó el inició de la guerra por parte de Trump y Benjamín Netanyahu.
El hecho de que no haya mencionado explícitamente su programa nuclear entre los puntos propuestos para negociar, es una señal de que el régimen está moviendo sus fichas políticas en el tablero del conflicto con más inteligencia de la que está mostrando el jefe de la Casa Blanca.
Si Trump le exige que renuncie explícitamente a construir armas nucleares, el régimen puede hacerlo fácilmente porque ya lo ha hecho muchas veces. Incluso existe una fatua (decreto religioso emitido por un ayatola) en la que la teocracia persa declara como "haram" (algo totalmente prohibido) por estar en contra de lo establecido en el Corán. Y a esa fatua la dictó Alí Jamenei, cuya reciente muerte la vuelve inamovible in aeternum, porque a ese tipo de decreto religioso sólo puede anularlo el mismo ayatola que lo dictó.
Además de negligencia, Donald Trump está mostrando una fragilidad política creciente para mantenerse en la contienda, lo que contrasta con la firmeza política que está mostrando el régimen, a pesar de ser Irán el territorio que está recibiendo los golpes más demoledores. Ocurre que la relación de fuerzas en términos militares es inversa respecto a la del tablero político.
Políticamente es más fuerte un régimen autoritario y represor, como es el iraní, que una democracia como la norteamericana, que aún se mantiene en pié a pesar de los esfuerzos de Trump para desmontarla; mientras que en términos militares la superioridad norteamericana sobre el aparato bélico persa es abrumadora.
La semana comenzó con el jefe de la Casa Blanca mostrándose más necesitado de un pronto final del conflicto que el régimen chiita, al informar que posponía por cinco días un bombardeo sobre instalaciones eléctricas iraníes que ya estaba anunciado y justificar esa prórroga aludiendo a "conversaciones directas que empezaban a dar buenas señales". Teherán desmintió de inmediato que hubiera "conversaciones directas" y adjudicó los dichos del presidente norteamericano al hecho de que "está siendo derrotado".
A renglón seguido, Trump volvió a dar muestras de ansiedad por encontrar una salida al conflicto que empieza a desgastarlo aceleradamente. Sin mencionar la desmentida iraní que lo había dejado en evidencia, el magnate neoyorquino presentó al régimen una propuesta de quince puntos para negociar el cese de las acciones militares. Y la teocracia volvió a darse el gusto de mostrarse más firme que su poderoso contrincante, al rechazar esa propuesta y señalar que la guerra terminará cuando Teherán "decida que termine".
Después de eso vino el anuncio de la propuesta iraní de cinco puntos, donde la clave estaría en lo que no dice. El primer punto es que cesen los ataques y asesinatos efectuados por las fuerzas israelíes y norteamericanas en Irán. El segundo habla de medidas que garanticen que ya no habrá futuras guerras contra ese país. En tercer y cuarto lugar, el régimen exige reparaciones de guerra y el final de las hostilidades contra sus aliados en la región (léase Hezbollah en Líbano) mientras que el quinto punto reclama el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz.
Salvo el controversial reclamo de total soberanía sobre la yugular del petróleo y el gas, los demás puntos exigidos son perfectamente aceptables si el régimen, por su parte, se compromete a no atacar más a Israel, ni directamente ni a través de sus aliados (Hezbollah, Hamás en Gaza y los houtíes en Yemen).
En la Casa Blanca nadie dijo una palabra sobre lo que propuso el régimen. No se puede descartar que el mensaje cifrado que conlleva no haya sido entendido por el presidente ni por ninguno de sus colabores más estrechos, dado que Trump se sacó de encima a los consejeros más profesionales y capacitados para rodearse de aduladores sin grandes dotes intelectuales ni capacidades visibles.
Lo extraño, en todo caso, es que nada haya dicho Marco Rubio, ya que el secretario de Estado es de los pocos en el entorno de Trump que muestra conocimiento sobre su tema. El hecho es que Trump nada dijo sobre la propuesta del régimen, aunque prorrogó ocho días más la postergación del tan mentado ataque, lo cual muestra ansiedad por encontrar la puerta de salida a un conflicto que puede acabar siendo su laberinto del Minotauro.