8 de junio de 2026 - 04:00

El péndulo financiero: cómo la inflación (y su ausencia) devora o perpetúa deudas

Por Mario Alfredo Luna - Abogado y Expresidente del Concejo Deliberante de Jáchal

En la economía moderna, el valor del dinero es una ilusión óptica dictada por los precios. Cuando un ciudadano o una empresa firman un crédito, están apostando contra el futuro. Sin embargo, el éxito de esa apuesta no depende solo de su capacidad de pago, sino de un fenómeno macroeconómico silencioso: la inflación. La capacidad de "licuar" pasivos —es decir, reducir el peso real de una deuda— oscila bruscamente como un péndulo entre dos escenarios extremos: la estabilidad de los precios bajos y la tormenta de la alta inflación.

El oasis engañoso de la alta inflación: deudas que se evaporan

En épocas de alta inflación, el deudor vive una realidad distorsionada. Si bien el costo de vida se dispara, aquellos que poseen deudas a tasa fija o desreguladas experimentan un alivio acelerado.

Características del alto oleaje inflacionario

-Pérdida de valor: el dinero pierde poder de compra día a día.

-Salarios rezagados: los ingresos nominales por presión sindical o social, suelen subir de modo heterogéneo en su suficiencia o no para compensar la inflación.

-Efecto licuadora: la cuota mensual fija representa cada vez un porcentaje menor del ingreso.

-Castigo al ahorro: el acreedor recibe billetes que compran mucho menos que antes.

En este escenario de alta volatilidad, la licuación de deudas funciona como una transferencia forzosa de riqueza desde el ahorrador/acreedor hacia el deudor. Es un salvavidas temporal para los rezagados, pero destruye el crédito a largo plazo.

La trampa de la baja inflación: el peso de la realidad

Cuando la economía entra en una etapa de estabilidad y baja inflación, el péndulo se mueve hacia el extremo opuesto. La licuación desaparece por completo y la realidad financiera se vuelve estricta.

-Valor real intacto: un peso debido hoy vale prácticamente lo mismo en cinco años.

-Tasas reales altas: si la inflación baja rápido y las tasas pactadas eran altas, la deuda se vuelve impagable.

-Sin margen de error: las familias y empresas no pueden confiar en que "el tiempo licuará la cuota".

-Planificación obligatoria: cada centavo devuelto requiere esfuerzo laboral o productivo real, no ilusión nominal.

La estabilidad macroeconómica beneficia la inversión y el acceso al crédito hipotecario, pero quita la "anestesia" a quienes se endeudaron de más esperando una inflación que ya no llegó.

El péndulo: riesgo y oportunidad

El tránsito entre ambos mundos suele ser traumático. Quienes toman créditos en épocas de alta inflación bajo variables indexadas (como créditos UVA o cláusulas de ajuste) sufren un golpe doble si la inflación baja pero la tasa real se mantiene rígida. Es decir si la tasa de interés no baja en igual grado se convierte en un componente que sostiene alta el resultado de la fórmula de la actualización tornándose gravosa para los ingresos que no expanden en proporción porque se le a quitado el fuelle causal de la inflación.

La estabilidad macroeconómica beneficia la inversión y el acceso al crédito hipotecario, pero quita la "anestesia" a quienes se endeudaron de más esperando una inflación que ya no llegó. La estabilidad macroeconómica beneficia la inversión y el acceso al crédito hipotecario, pero quita la "anestesia" a quienes se endeudaron de más esperando una inflación que ya no llegó.

La historia económica demuestra que la estabilidad es el único camino para un crecimiento sano y sustentable. Sin embargo, entender la física de este péndulo es vital: en la volatilidad, la deuda se licúa a costa del sistema; en la estabilidad, la deuda se paga con el peso real del trabajo siempre que se complemente con la desindexación inercial que proviene de la etapa anterior de la volatibilidad.

Hasta acá se ha expuesto sobre conceptos típicos de las lógicas de estabilidad y volatibilidad, pero falta desarrollar, para otro análisis, qué ocurre con el caso argentino que a menudo se comportó de modo traumático en la transición de una etapa a otra. Ejemplo de ello, el caso del Rodrigazo, el caso de las hiperinflaciones del 89 y 90 y la salida de la convertibilidad con la pesificación de las deudas a una tasa asimétrica con los créditos, y cómo quedaron desfasados los depósitos en dólares pesificados a una tasa que quedó lejísima del valor real del dólar en el mercado de aquel entonces.

LAS MAS LEIDAS