San Juan se prepara para vivir una temporada de verano que podría devolverle a sus principales embalses una imagen que parecía definitivamente perdida. El fuerte deshielo previsto para el ciclo 2026-2027 anticipa un incremento significativo del caudal del río San Juan y, con ello, una expansión considerable de los espejos de agua de Ullum y Punta Negra. Después de años de escasez, el regreso del agua será una buena noticia, pero también planteará desafíos que no pueden ser subestimados.
En Punta Negra, el crecimiento del embalse podría alcanzar sectores donde actualmente funcionan embarcaderos, estacionamientos y otros servicios utilizados por visitantes y prestadores turísticos. En Ullum, el panorama será todavía más llamativo: sectores que permanecen secos desde hace años podrían volver a quedar cubiertos, recuperando una fisonomía que los sanjuaninos recuerdan de las décadas del 80 y 90.
La transformación, sin embargo, no será exclusivamente paisajística. Una mayor superficie de agua obligará a modificar la infraestructura existente y a ampliar los dispositivos de prevención. Seguridad Náutica deberá extender su radio de actuación y reforzar la coordinación con Bomberos y Policía, mientras que los organismos responsables tendrán que definir con anticipación nuevos sectores de estacionamiento, accesos y espacios para los prestadores que hoy se encuentran en zonas bajas.
También el río San Juan tendrá un comportamiento diferente. En los últimos años se convirtió en uno de los lugares más concurridos durante el verano y, frente al incremento de los caudales, las condiciones para desarrollar actividades recreativas deberán ser evaluadas permanentemente. Octubre, noviembre y eventualmente diciembre podrían ofrecer mejores posibilidades, pero después todo dependerá de la intensidad del deshielo, las tormentas y la evolución del río.
El Comité de Emergencia tendrá en este escenario una responsabilidad central. No sólo deberá establecer cuándo será seguro ingresar al agua, sino comunicarlo con claridad y anticipación. La información será una herramienta fundamental para evitar accidentes.
Pero ninguna estructura de prevención será suficiente si la sociedad no comprende que un río o un embalse con mayor caudal no es el mismo espacio que conoció durante los años de sequía. El agua que vuelve también trae corrientes, profundidades y riesgos diferentes. La imprudencia puede convertir una buena noticia en una tragedia.
Por eso, la educación debe ocupar un lugar central. Niños, jóvenes, adolescentes y adultos deben conocer las nuevas condiciones y asumir que disfrutar de los diques y del río exige respetar las restricciones y recomendaciones de las autoridades.
San Juan tiene ante sí la oportunidad de recuperar sus paisajes, fortalecer el turismo y celebrar una recuperación hídrica largamente esperada. Pero el verdadero éxito de esta temporada no será solamente ver nuevamente llenos los diques. Será conseguir que el regreso del agua se produzca con infraestructura adecuada, información suficiente y, sobre todo, con una población consciente de que frente a la naturaleza la prevención nunca puede quedar relegada.