6 de junio de 2026 - 05:15

La próxima desigualdad no será económica: será cognitiva

Por Claudio Larrea - Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

Durante décadas, las sociedades explicaron la desigualdad principalmente a partir de factores económicos: ingresos, empleo, nivel educativo o acceso a bienes materiales. Sin embargo, en medio de la revolución tecnológica actual, comienza a emerger una nueva forma de desigualdad mucho más silenciosa, pero posiblemente más profunda: la desigualdad cognitiva.

La inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajamos, estudiamos, consumimos información y tomamos decisiones. Pero el verdadero problema ya no es solamente quién tiene acceso a tecnología, sino quién posee las capacidades necesarias para comprenderla, utilizarla críticamente y convertirla en oportunidades reales.

Un estudio preliminar realizado por el Observatorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Católica de Cuyo sobre estudiantes universitarios muestra señales preocupantes sobre este fenómeno. El 97,8 % de los alumnos encuestados afirmó utilizar herramientas de inteligencia artificial en sus actividades académicas, mientras que un 64 % reconoció emplearlas específicamente para comprender contenidos y materiales de estudio. Sin embargo, menos del 30 % manifestó haber recibido formación específica sobre uso crítico, ético o metodológico de estas herramientas.

Los datos reflejan una situación que empieza a expandirse rápidamente: millones de personas utilizan inteligencia artificial, pero muy pocas comprenden verdaderamente cómo funciona.

Ahí aparece una fractura social completamente nueva.

En los próximos años, la diferencia más importante no estará solamente entre quienes tienen dinero y quienes no lo tienen. Estará entre quienes desarrollen capacidades cognitivas para convivir con la inteligencia artificial y quienes queden atrapados en un uso superficial, dependiente o pasivo de estas tecnologías.

Las plataformas digitales y los algoritmos reorganizan permanentemente nuestra atención. Recomiendan contenidos, priorizan temas y condicionan consumos. En muchos casos, las personas ya no eligen completamente qué leer o qué mirar: los algoritmos empiezan a hacerlo por ellas. Las plataformas digitales y los algoritmos reorganizan permanentemente nuestra atención. Recomiendan contenidos, priorizan temas y condicionan consumos. En muchos casos, las personas ya no eligen completamente qué leer o qué mirar: los algoritmos empiezan a hacerlo por ellas.

La desigualdad cognitiva ya comenzó a manifestarse.

Hoy existen personas capaces de utilizar inteligencia artificial para automatizar tareas, analizar datos, crear proyectos o potenciar su productividad laboral. Mientras tanto, otras apenas consumen información fragmentada en redes sociales o utilizan estas herramientas sin capacidad de análisis o pensamiento crítico.

Ambos grupos tienen acceso a tecnología. Pero las consecuencias sociales son completamente distintas.

El problema es que la inteligencia artificial no distribuye beneficios de manera automática. Al contrario: suele amplificar diferencias previas.

Quienes poseen mayores niveles educativos, competencias digitales y capacidad analítica parten con enormes ventajas. Por el contrario, quienes presentan dificultades de comprensión, escasa alfabetización digital o menor formación crítica corren el riesgo de quedar progresivamente excluidos de los nuevos escenarios laborales, educativos y sociales.

Las plataformas digitales y los algoritmos reorganizan permanentemente nuestra atención. Recomiendan contenidos, priorizan temas y condicionan consumos. En muchos casos, las personas ya no eligen completamente qué leer o qué mirar: los algoritmos empiezan a hacerlo por ellas.

Por eso, el desafío contemporáneo ya no consiste solamente en garantizar conectividad. También implica formar ciudadanos capaces de interpretar críticamente el ecosistema digital en el que viven.

La educación enfrenta aquí uno de los mayores desafíos de su historia reciente.

Durante décadas, las instituciones educativas prepararon estudiantes para memorizar contenidos y repetir información. Pero en un mundo donde cualquier dato puede obtenerse en segundos mediante inteligencia artificial, las capacidades más valiosas pasan a ser otras: comprender, analizar, argumentar, verificar información y resolver problemas complejos.

La inteligencia artificial no viene solamente a reemplazar tareas. También redefine qué capacidades humanas se vuelven socialmente relevantes.

Por eso, la próxima gran brecha social podría no ser exclusivamente económica, sino cognitiva.

Porque en la era de la inteligencia artificial, comprender se transformará en una de las formas más importantes de poder.

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