RELIGIÓN
RELIGIÓN
Por Prof. Edmundo Jorge Delgado - Magíster en Historia
Durante la época colonial, la Semana Santa, conmemorada en el extenso territorio del Virreinato del Río de la Plata, exhibía pomposidad, junto con un marcado respeto religioso. Las solemnidades de este tiempo, tan significativas para el mundo católico, se semejaban bastante a las realizadas en España en cuanto a los ritos litúrgicos y afluencia de creyentes.
Muchas de las descripciones de estas conmemoraciones, han sido dejadas por viajeros y cronistas, quienes nos legaron valiosos escritos y testimonios. Un detalle que se repite en sus diarios y comentarios -esto es en Buenos Aires- es la rigurosa interrupción de todo evento de tipo prosaico, tal como la suspensión de las representaciones teatrales y todo acto que implique bullicio.
Igualmente les llama la atención la imaginería religiosa exhibida, también en la "gran aldea del cono sur". Se cuenta, que si bien la imágenes religiosas no se podían equiparar a las de Madrid o Sevilla, todas ellas eran muy apreciadas y veneradas por el conjunto de la población. Era común para el Jueves Santo, salieran en procesión cuatro imágenes principales, una de ellas representaba a "Nuestra Señora del Rosario", otra al "Cristo de la Humildad" o de la "Paciencia", al "Cristo del Perdón" y al de la "Aspiración". Todas estas efigies eran llevadas en andas y realizaban las típicas visitas a siete diferentes iglesias.
Otro detalle llamativo era el severo respeto que se observaba entre los creyentes. Se cuenta que no sacarse el sombrero cuando transitaba la procesión, solía implicar un inflexible castigo por parte de las milicias custodias. Llegado el Viernes Santo los fieles colmaban los templos, ataviados completamente de luto, cumpliendo los distintos votos y promesas, llegando incluso a la flagelación corporal. Y los Sábados de Gloria, concluyendo ya el duelo, era tradición quemar en la Plaza de Victoria, un muñeco lleno de cohetes que simbolizaba al traidor Judas.
En el interior del Virreinato las costumbres eran similares, aunque en algunos casos las solemnidades exteriorizan algunos detalles, que rozaban lo folclórico. En Tucumán, por ejemplo, estaba teñida de un barniz hispánico, amalgamado con lo nativo, lo cual significaba una religiosidad interpretada como un hecho social. Era el Cabildo el encargado de organizar estas solemnidades, junto con las Cofradías, institución esta que promovió en aquella época todo tipo de acto religioso. Asimismo las tradicionales familias tucumanas ostentaban durante los vía crucis fastuosos "altares domésticos", emplazados a la vera de las calles, los cuales reflejaban la piedad privada que practicaban aquellos creyentes.
También, en Santiago del Estero, se realizaba una peregrinación muy singular, llamada "Procesión del Amo Jesús", ceremonia esta que constaba del "encuentro" de imágenes, las cuales tenían unos resortes para simular gestos, como por ejemplo secar el rostro de Jesús, hecho que provocaba emoción en los piadosos concurrentes.
En San Juan
La Semana Santa, en aquel lejano San Juan colonial, era celebrada con respetuoso recogimiento y piedad, siguiendo rigurosamente los preceptos emanados de aquella rígida cultura Ibero-Católica.
La típica tranquilidad de aquellos días se veía interrumpida por los distintos actos litúrgicos que ponían su nota de solemnidad y respeto. Como en otros lugares pertenecientes al domino español, en San Juan esta conmemoración era muy esperada por los devotos y fieles.
Según nos relatan los historiadores locales, para estos días se acordaron de una serie de disposiciones que luego, en el transcurso del tiempo, fueron perdieron vigencia. Una de ella se refiere a que se declaraba durante toda la semana una estricta feria judicial. Juntamente con este mandato, el entonces Cabildo, se preocupaba por atender todos los pormenores para que los distintos ritos sacros, resultaran meritorios y piadosos.
En este sentido, relata Horacio Videla, las calles eran rigurosamente aseadas y se prohibía a la población circular a caballo y en carretas por las calles donde se realizaría el recorrido de los vía crucis. Además los teatros y otros sitios de esparcimiento social cerraban sus puertas al público, para reabrirlas jubilosamente recién llegado el Domingo de Pascuas.
En cuanto a los principales actos litúrgicos que se efectuaron, sobresalieron las procesiones efectuadas el jueves y viernes santos alrededor de nuestra plaza principal, a las que asistían el clero en pleno, junto a órdenes religiosas, cofradías, autoridades políticas y todo el pueblo en general. Estas procesiones estuvieron encabezadas por la imagen de un Cristo flagelado y otras representaciones artísticas de la pasión. Otros ritos litúrgicos tuvieron como escenario la Iglesia Matriz, Santo Domingo, San Agustín y La Merced.
Llegado el Sábado de Gloria, las campanas de loas, vaticinaban la anhelada Pascua, que ponía fin al recogimiento y a los días de abstinencias.
En cuanto a las celebraciones en zonas rurales o alejadas, también se efectuaban fervorosamente, especialmente los vía crucis alrededor de alguna capilla. Si no asistía un sacerdote, una rezadora laica respetuosamente dirigía los distintos actos y rezos. En tales ocasiones algunas familias exteriorizaban su espiritualidad, mostrando distintos objetos de la imaginería religiosa, fundamentalmente representaciones icnográficas de la pasión.