Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
En Argentina, la presidencia de a dos, el poder compartido, ha sido un hecho por demás frecuente en el peronismo desde sus orígenes. Pero ahora aparece el mismo fenómeno, quizá con mayor fuerza aún, en una presidencia no peronista. Una relación que, por su enorme intensidad y trascendencia, tiñe con su impronta prácticamente todas las aristas del poder.
Recordemos brevemente un par de parejas presidenciales anteriores, las más trascendentes, para comparar similitudes y diferencias.
Durante toda su primera presidencia, Perón compartió de un modo sustancial el poder con su esposa Evita (algo que nunca hizo con nadie más, e incluso cuando alguien lo intentara, Perón no dudaría en destruirlo), pero nunca tendieron a confundirse en uno solo. Sus características personales y políticas eran muy diferentes y tuvieron la capacidad de desdoblar muy bien sus funciones para cada uno de ellos ocuparse de una parte de las tareas sin superponerse con el otro. Ni enfrentarse significativamente, salvo quizá en algunos debates más íntimos que públicos. Parecía que cada uno tendía a fortalecer al otro en vez de competir por el poder. Eran dos personas, dos estilos, dos personalidades, que se sumaban.
El escritor y periodista Jorge Asís define a Néstor Kirchner como un "líder de culto y un fenómeno delictivo en simultáneo", siendo quien primero que nadie advirtió sobre el colosal sistema corrupto armado por el presidente que asumió en 2003. Asís, sostiene a la vez que, así como Néstor era "chorro", Cristina nunca robó. No obstante, el poder siempre lo compartieron ambos, fuera cualquiera de los dos el que ocupara la presidencia.
Los Kirchner intentaron un remake de la epopeya de Perón y Evita, solo que en este caso quien se murió prematuramente fue el esposo. Podría decirse, sin acordar en absoluto con Asís en su hipótesis sobre Cristina, que mientras vivió, a Néstor Kirchner le alcanzó para robarse medio país y que su muerte impidió que se robara la mitad restante porque Cristina no puso el mismo énfasis que él en ese proyecto "político delictivo". Pero eso no la excluye de responsabilidad, aunque fuera en el grado de cómplice.
Es por eso que Cristina no podrá evadir su destino fatídico ante la justicia, quien tarde o temprano, también la terminará condenando por asociación ilícita. Porque lo que hizo el kirchnerismo no se trató de corrupción como un hecho colateral de un modo de hacer política, sino de la corrupción como el modo central de hacer política, donde todo lo demás devino secundario por la magnitud del delito.
Como suele ocurrir en la historia y en la vida, nunca segundas partes fueron buenas. Lo que no implica negar la altísima popularidad que esta pareja del poder llegó a tener en una importante mayoría del pueblo argentino por una cantidad de años que superó con creces al primer peronismo.
El diccionario dice que "la simbiosis en psicología social describe una relación de alta dependencia emocional donde dos personas actúan como una sola, perdiendo su individualidad y límites personales ".
Javier y Karina Milei se ajustan en mucho a esa definición de simbiosis. No parecen poder existir el uno sin el otro. Cuando menos, el que no parece existir sin ella es él. Aunque políticamente ella no sería nadie sin él, mientras que él seguiría siendo lo mismo sin ella. Pero eso en relación a los demás, porque entre ambos quien más parece depender es Javier de Karina que al revés. Por eso, una de las formas en que se podría contar la historia de estos dos años de la presidencia de Milei es la de cómo él desde el primer momento intenta transferirle a su hermana el mismo poder que él tiene frente a los argentinos, para compartirlo entre ambos en igualdad de condiciones.
La mayoría social que vota a Javier Milei no los considera iguales (él tiene todos los votos y los afectos populares, ella casi no tiene valías en ese plano) pero las elites ya saben de esa unidad esencial y actúan en consecuencia como suelen actuar todas las elites con el ganador de turno: con sumisión y complacencia. El último en desengañarse fue Santiago Caputo quien creyó poder compartir el poder con la pareja de hermanos, pero en estas últimas semanas se le hizo notar que, aunque por ahora siga formando parte principal de la estructura mileista, ya es, cuando mucho y no se sabe hasta cuando, apenas uno más de los de primera línea. Porque el poder real será (de hecho, siempre lo fue) única y exclusivamente monopolizado por Javier y Karina, ni siquiera podría decirse en partes iguales, sino más bien indistinguibles.
A ambos los verán distintos los demás, pero ellos no ven esa diferencia. No se imaginan el uno sin el otro, como sí debieron imaginarse las anteriores parejas presidenciales del poder, que siempre, una de las partes se quedó prematuramente sin la otra.
Hoy por hoy, es imposible saber cómo terminará esta historia. Sólo es posible compararla con el destino que tuvieron las otras parejas presidenciales que antecedieron a los Milei. Aunque todas ellas hayan sido peronistas, y aunque la suerte de cada una de ellas haya sido muy diferente. O sea, socráticamente hablando, solo sabemos que no sabemos nada. Excepto que, lo que hemos intentado describir, se trata de uno de los hechos políticos más relevantes, si no el más relevante, de la política argentina actual. De él dependen prácticamente todos los demás.