Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
Hasta el día antes de asumir Javier Milei la presidencia argentina a fines de 2023, América del Sur tenía 4 países con gobiernos de centro derecha, 7 de centro izquierda y uno de izquierda autoritaria (Venezuela). Mientras que ahora -menos de tres años después- en el caso casi seguro de que Flavio Bolsonaro gane la segunda vuelta en Brasil, América del Sur tendrá apenas 3 países con gobiernos de centro izquierda y 9 de derecha si contamos a Venezuela que ahora es un protectorado trumpista.
Pero mucho más gráfica y contundente es la comparación en términos poblacionales: A fines de 2023 había 437 millones de habitantes en América del Sur y de ellos el 93,4% estaban conducidos por gobiernos de centro izquierda. Mientras que, a noviembre de 2026 con 442 millones de habitantes, los gobiernos de centro izquierda conducen apenas al 1,16% de toda la población de Suramérica. Y el resto (o sea prácticamente todos) tienen presidentes de derecha, tendiendo cada vez más a la ultraderecha y menos al centro.
Con estos datos, con este panorama político e ideológico espectacularmente dado vuelta en apenas tres años, bien podría considerarse a América del Sur como el gran triunfo (y casi con toda seguridad, el único) de Donald Trump en su segunda presidencia. Y a Javier Milei como el adelantado y gran inspirador de tan impresionante viraje.
Es por eso que son altamente significativas las recientes palabras de Scott Bessent, secretario de tesoro de Estados Unidos, cuando luego de las elecciones de Brasil, frente a una pregunta de si volverían a poner a disposición del gobierno de Milei todos los recursos económicos y políticos necesarios para que gane las elecciones de 2027 como hicieron en las de 2025, respondió textualmente: "Yo diría que la estabilización de la Argentina produjo un cambio profundo en América Latina, algo generacional o quizá por primera vez en la historia: nunca habíamos tenido tantos países latinoamericanos aliados con Estados Unidos. ¿Podríamos volver a hacerlo? Claro".
O sea, hoy Bessent le reconoce a Milei que se ha transformado en la pieza central de Trump en la titánica misión de haber convertido prácticamente toda América del Sur en dominio trumpista, o cuando menos ideológicamente de una afinidad extraordinaria. Y no mediante dictaduras sino a través de elecciones limpias, excepto ese singular caso de Venezuela, donde allí nada tiene que ver Milei y todo tiene que ver Trump, que secuestró y aprisionó a Maduro, pero sostuvo intacto su régimen dictatorial y lo hizo suyo con Delcy Rodríguez al frente, manteniendo ambos, Trump y la "chavista trumpita", las urnas bien guardadas.
A Javier Milei y a Delcy Rodríguez, los dos trumpitos más eminentes de América del Sur, aunque por razones muy diversas, si todo sigue según lo previsto, se les agregará Flavio Bolsonaro, el hijo de un golpista encarcelado, al que no se lo debería criticar en tanto hijo sino porque prometió indultar al padre criminal. Lo que, de concretarse, lo hará cómplice del delincuente.
Lo cierto es que, con la proliferación de los trumpitos, América Latina se ha convertido, para Donald Trump, en su tierra liberada, su lugar en el mundo, donde todo le es posible y favorable (incluso más que dentro de su propio país y ni que hablar de Medio Oriente o Rusia donde todo le está yendo horriblemente mal).
Lo que está por verse es de si ese avance inmenso del trumpismo en América del Sur será positivo para nuestros países, porque no es que sean los Estados Unidos los que han definido institucionalmente una relación estratégica nueva de colaboración permanente con nuestro continente, sino mera y personalmente su actual presidente y solo con los gobiernos que se le inclinan sumisamente.
No obstante, para el presidente Javier Milei, hoy son todas mieles en lo que se refiere a su relación con el mundo, gracias a su alianza con Trump. En un momento en que está por demás preocupado debido a la frágil situación interna de la Argentina (y no tanto en lo que se refiere a la política, sino a lo que supuestamente es su fuerte: la economía) se siente una especie de super héroe de la humanidad. Nada menos que el profeta que se adelantó a la llegada del Trump que lo erigiría en su hombre principal en América del Sur al haber sido el factor fundamental para que todo un continente, dominado hasta su llegada a fines de 2023, casi enteramente por los rojos y sucios comunistas, hoy haya pegado un giro de 180 grados y cada tres o cuatro meses un nuevo trumpito se fuera quedando con la conducción de un país sudamericano. Hasta llegar a fines de 2026 donde ya casi no queda más territorio para ganar.
Y en lo que hace a lo estrictamente argentino, para Milei, el trumpito mayor, el futuro vuelve a cubrirse de esperanzas: o bien porque se reactive la economía hoy bastante desvencijada del país y entonces su reelección sea apenas un paseo. O bien porque, aunque no se mejore la economía, Trump haga lo que prometió Scott Bessent y pongan otra vez enteramente el tesoro de los Estados Unidos a disposición de Milei en las elecciones de 2027 como hicieron en las de 2025.
En síntesis, ¿qué puede salir mal para el trumpito más querido por Trump?, afecto filial merecidamente ganado porque si bien es cierto que el presidente norteamericano hace todo lo que puede para ayudar al presidente argentino, más cierto aún es que Javier Milei ha hecho por Donald Trump mucho, muchísimo más.