Bajo el lema "Más riego para más árboles", la Municipalidad de la Ciudad de San Juan ha encarado una mejora sustancial del sistema de riego del arbolado público. La ampliación de la red permite llevar agua a sectores que históricamente no contaban con este servicio, fortaleciendo así una de las señas de identidad más valiosas del oasis sanjuanino: sus calles arboladas y sus tradicionales acequias.
El agua utilizada para este fin es provista por el Departamento de Hidráulica, conforme a la dotación que corresponde al ejido capitalino. Es decir, no se trata de un uso discrecional ni improvisado, sino de un esquema regulado que forma parte del histórico sistema de administración hídrica provincial. En una provincia donde el agua es un recurso escaso y estratégico, optimizar su distribución no es un detalle menor.
El impacto positivo de estas obras es evidente. Mejorar la circulación en cunetas y acequias permite que el riego llegue de manera más eficiente al arbolado, vital para la calidad de vida urbana. Los árboles no solo embellecen la ciudad; mitigan el calor, absorben dióxido de carbono, reducen el polvo en suspensión y aportan bienestar general. En un contexto de cambio climático y veranos cada vez más extremos, fortalecer el pulmón verde capitalino es una decisión inteligente.
Sin embargo, no todo depende de la inversión pública. El principal obstáculo que enfrenta este esfuerzo es el uso indebido de las cunetas por parte de algunos vecinos. La acumulación de residuos domiciliarios y de hojas secas en estos canales naturales de conducción de agua interrumpe el flujo, genera obstrucciones y retrasa el riego. Antes de habilitar nuevos sectores, las cuadrillas municipales debieron realizar intensos operativos de limpieza y extracción de basura. Lo preocupante es que, en no pocos casos, tras el saneamiento vuelven a aparecer desperdicios arrojados sin criterio.
Esta conducta no solo atenta contra el riego del arbolado. Las cunetas limpias cumplen un rol esencial en el drenaje de aguas pluviales. Su buen funcionamiento permite que el agua de lluvia escurra con rapidez, reduciendo el riesgo de anegamientos que, en los últimos años, se han vuelto frecuentes en distintos barrios. Además, una correcta gestión del agua mejora la seguridad vial -al evitar acumulaciones peligrosas en calzadas y veredas- y contribuye a la higiene ambiental, previniendo focos infecciosos y basurales improvisados.
La consigna municipal es acertada, pero debería ampliarse: más riego para más árboles, y más conciencia para una mejor ciudad. La infraestructura puede ampliarse y modernizarse, pero sin un compromiso ciudadano sostenido el esfuerzo será siempre incompleto. Cuidar las acequias es cuidar el agua, el arbolado y la calidad de vida de todos.