Lic. Leandro Venerdini - Vicedirector del Instituto de Investigación de Análisis Económico del Derecho
Lic. Leandro Venerdini - Vicedirector del Instituto de Investigación de Análisis Económico del Derecho
Universidad Católica de Cuyo
Hay momentos en la historia de los pueblos en los que la verdadera discusión no consiste en decidir qué hacer con una oportunidad, sino en determinar qué clase de sociedad queremos ser cuando esa oportunidad haya pasado. San Juan se encuentra, precisamente, frente a uno de esos momentos.
Durante demasiado tiempo hemos discutido cuál es la actividad llamada a conducir el desarrollo de la provincia. Sin embargo, la evidencia internacional demuestra que ninguna economía se transforma apoyándose en un único sector. Los territorios que prosperan no son aquellos que dependen de una sola fortaleza, sino aquellos que logran que cada una de ellas impulse a las demás.
Porque ningún recurso, por extraordinario que sea, reemplaza la fortaleza de las instituciones. Ninguna inversión sustituye la formación de las personas. Ninguna exportación garantiza, por sí sola, el progreso de una comunidad. Los territorios que lograron transformar una ventaja natural en desarrollo sostenible no fueron aquellos que simplemente extrajeron más riqueza, sino aquellos que supieron convertir esa riqueza en capacidades permanentes.
Cada inversión que llegue a la provincia debería dejar algo más valioso que su aporte económico inmediato. Debería fortalecer empresas locales, impulsar la innovación, demandar conocimiento producido en nuestras universidades, formar trabajadores especializados, generar nuevos emprendimientos y crear condiciones para que otros sectores también puedan crecer.
El éxito de un proyecto no debería medirse únicamente por las toneladas exportadas o las divisas ingresadas. También debería evaluarse por las capacidades que deja instaladas cuando el proyecto madura y por las oportunidades que crea para quienes nunca formaron parte de él. Pero nada de eso ocurre espontáneamente. El desarrollo exige dirección. Exige instituciones capaces de coordinar esfuerzos, ordenar prioridades y sostener una visión que trascienda los calendarios electorales. Exige que el Estado, el sector privado, las universidades y las organizaciones de la sociedad civil dejen de actuar como compartimentos aislados y comiencen a construir una estrategia común.
En este nuevo escenario, las fronteras tradicionales de la acción internacional también han cambiado. Los Estados nacionales ya no son los únicos protagonistas de la vinculación con el mundo. Las ciudades y los territorios locales han asumido un rol creciente en la construcción de alianzas, la promoción de inversiones, la cooperación técnica internacional y los intercambios científicos y culturales. La diplomacia subnacional debe dejar de entenderse como la presencia ocasional en misiones comerciales o encuentros internacionales, para convertirse en una estrategia permanente orientada a conectar las capacidades de la provincia con las oportunidades globales. Porque en un mundo donde los territorios compiten por inversiones, talento, tecnología y conocimiento, la ventaja ya no reside únicamente en aquello que poseen, sino en su capacidad para transformarlo en bienestar, innovación y oportunidades para las próximas generaciones.
Allí reside, quizás, nuestro mayor desafío como sociedad: comprender que la inserción internacional de San Juan no comenzará cuando exportemos más, sino cuando seamos capaces de ofrecer al mundo un territorio confiable, innovador y competitivo.
Por esto, es que podemos plantear que la definitiva internacionalización de San Juan no consistirá solamente en estar más presente en el mundo. Consistirá en lograr que el mundo encuentre cada vez más razones para elegir a San Juan.