28 de marzo de 2026 - 06:00

Terrorismo en América Latina: bajo impacto y alta concentración

Por Rosendo Fraga Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

De acuerdo al Índice Global de Terrorismo (GTI) 2026, América Latina es una de las regiones con menor impacto de violencia terrorista a nivel global. Según el informe, el fenómeno está concentrado principalmente en el Sahel africano y algunas zonas de Asia, mientras que la región aparece en una posición periférica dentro del mapa mundial. El índice, elaborado por el Institute for Economics & Peace, evalúa 163 países a partir de cuatro variables (atentados, muertos, heridos y secuestros) ponderadas en un promedio de cinco años que busca capturar tanto el impacto inmediato como los efectos de largo plazo.

Bajo esta metodología, América Latina presenta un patrón claro: el terrorismo se concentra en pocos países, mientras que la mayoría registra niveles bajos o incluso nulos. De acuerdo a los datos presentados por el Institute for Economics & Peace, en Sudamérica el impacto promedio incluso cayó levemente en el último año, y en Centroamérica la actividad sigue siendo marginal y estable. De hecho, sólo México ha registrado ataques en los últimos cinco años, pero sin víctimas fatales desde 2018. En conjunto, la región muestra al terrorismo como un fenómeno acotado, poco letal y concentrado en territorios específicos, con largos períodos sin incidentes en la mayoría de los países.

Colombia es, sin excepción, el epicentro del terrorismo en América Latina y explica casi por completo la posición regional en el índice. En la edición 2026 ocupa el puesto 9 global con 7,116 puntos y concentra el 95% de los incidentes de Sudamérica. El informe registra un deterioro significativo: los ataques aumentaron cerca de un 47% y las muertes un 70%, alcanzando el nivel más alto desde la creación del índice. Esta dinámica se concentra territorialmente, sobre todo en Cauca y Valle del Cauca, donde tuvieron lugar el 84% de los incidentes. Las disidencias de las FARC siguen siendo el principal actor y las responsables de más del 60% de los ataques, mientras que el ELN ha comenzado nuevamente a intensificar su actividad y a ampliar su presencia en el interior del país. Además, ambos grupos han incorporado tecnologías como drones, lo que implica una adaptación táctica importante que los gobiernos han de tener en cuenta.

A esto se suma el fracaso relativo de la política de "Paz Total" en Colombia, que no logró reducir la violencia y en algunos casos facilitó la reorganización y expansión de los grupos armados. El caso colombiano no responde a un repunte coyuntural, sino a una dinámica estructural en la que parecen combinarse una fragmentación armada, el narcotráfico y una baja presencia del Estado en regiones específicas.

El contraste es evidente en Brasil y México, donde el terrorismo tiene un peso marginal dentro de sus problemas de seguridad. Brasil registra 0,909 puntos y el puesto 62, lo que muestra una incidencia baja y estable del terrorismo, a punto tal de que no constituye hoy una amenaza estructural. Esto se explica por la ausencia de organizaciones insurgentes de alcance nacional y por el predominio de una violencia asociada al crimen organizado más que a objetivos políticos o ideológicos.

Sólo México ha registrado ataques en los últimos cinco años, pero sin víctimas fatales desde 2018. En conjunto, la región muestra al terrorismo como un fenómeno acotado, poco letal y concentrado en territorios específicos, con largos períodos sin incidentes en la mayoría de los países. Sólo México ha registrado ataques en los últimos cinco años, pero sin víctimas fatales desde 2018. En conjunto, la región muestra al terrorismo como un fenómeno acotado, poco letal y concentrado en territorios específicos, con largos períodos sin incidentes en la mayoría de los países.

México presenta una tendencia aún más clara: el impacto del terrorismo viene cayendo de forma sostenida desde 2017 y, como se mencionó antes, no se registran muertes desde 2018 de esta naturaleza. Este dato es clave porque evidencia la distinción conceptual que hace el índice entre terrorismo y crimen organizado. Aunque México enfrenta altos niveles de violencia vinculada al narcotráfico, esta no se clasifica como terrorismo bajo los criterios del GTI. En consecuencia, ambos países quedan fuera del núcleo problemático regional y muestran que los principales desafíos de seguridad en América Latina no pasan por el terrorismo, sino por formas de violencia más extendidas y resistentes.

Por otro lado, Argentina se ubica aún más lejos del fenómeno y refuerza su posición dentro del grupo de países con impacto mínimo. Con 0,455 puntos y el puesto 79, presenta niveles muy bajos de actividad terrorista y una mejora reciente reflejada en la caída de su puntaje. En términos comparados, se alinea con otros países del Cono Sur como Uruguay y Paraguay, que registran puntaje cero, configurando una subregión prácticamente ajena al terrorismo. Este patrón refuerza una conclusión central del informe: el fenómeno no se ha expandido de manera homogénea, sino que se concentra en regiones específicas, dejando amplias zonas (entre ellas gran parte de América Latina) con baja exposición.

El caso argentino muestra cómo la estabilidad institucional relativa, la ausencia de conflictos armados internos y la baja presencia de grupos insurgentes tienden a excluir a un país del mapa del terrorismo global. La permanencia de estos niveles en el tiempo parece señalar que no se trata de una situación puntual o episódica, sino de una característica estructural. Sin embargo, el alineamiento reciente del gobierno argentino con Estados Unidos e Israel en el conflicto con Irán introduce un factor de incertidumbre que, de sostenerse, podría modificar este escenario.

En conclusión, América Latina muestra un bajo impacto del terrorismo, con pocos focos activos y una mayoría de países sin actividad significativa en los últimos años, pero con países grandes, como Brasil y México, con niveles de violencia asociados más al crimen organizado que a causas ideológicas.

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