POLÍTICA INTERNACIONAL
POLÍTICA INTERNACIONAL
Por Rosendo Fraga -Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
Durante marzo América Latina se mantuvo al margen del conflicto global, pero comienza a verse expuesta a sus efectos económicos. La guerra en Medio Oriente sigue teniendo un impacto limitado en América Latina en términos militares y políticos, lo que convierte a la región en una zona periférica dentro de este conflicto global. Ninguno de los países relevantes del continente participa de manera activa en la contienda ni ha asumido un rol diplomático de significación, lo que confirma la posición más bien pasiva de América Latina ante esta crisis internacional.
Sin embargo, esta distancia geográfica y política no significa que no pueda haber consecuencias. De hecho, el principal factor del conflicto hacia la región es económico, particularmente a través de la volatilidad en los mercados, que se ven sacudidos por la inestabilidad. El aumento de los precios del petróleo y del gas, derivado de los ataques a infraestructuras y de la incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz -por donde transita el 20% del petróleo mundial-, impacta de manera indirecta en las economías latinoamericanas, aumentando los costos de producción, transporte y logística. A pesar de ello, países como Brasil, Argentina y México logran sostener por ahora su abastecimiento energético sin alteraciones significativas, lo que atenúa los efectos más críticos.
En este contexto, la región se beneficia de su lejanía del conflicto, pero no parece aprovecharla políticamente todavía, al no surgir iniciativas regionales ni mecanismos de coordinación (como la OEA) para posicionarse frente al nuevo escenario internacional.
Mientras tanto, Estados Unidos avanza en el alineamiento regional y reconfigura el equilibrio en el hemisferio. Durante marzo se consolidó una estrategia clara de Donald Trump orientada a reorganizar América Latina bajo un esquema de alineamiento político y de seguridad. La creación del llamado "Escudo de las Américas" y la firma de la Carta de Doral son un reflejo de este intento de construir un bloque de países afines que respalde la agenda de Washington en materia de narcotráfico, crimen organizado y competencia geopolítica con China. Este proceso se da en paralelo a una tendencia electoral favorable a fuerzas de centroderecha en la región, lo que facilita la consolidación de este nuevo esquema.
Sin embargo, el alineamiento no es homogéneo ni automático. Los distintos países que integran este espacio responden a intereses nacionales específicos, lo que podría generar tensiones potenciales en su funcionamiento. Casos como los de Panamá o República Dominicana muestran que, aun dentro de un marco de cooperación, existen márgenes de autonomía que pueden limitar la capacidad de Estados Unidos para estructurar un bloque que esté plenamente cohesionado.
Este mes Cuba emergió como el principal foco de inestabilidad política en la región. La crisis cubana se profundizó durante el mes que termina y se consolida como uno de los principales problemas políticos y sociales de América Latina. A las dificultades económicas estructurales se suman factores agravantes como la escasez de combustible, el deterioro de la infraestructura y la pérdida de apoyos externos, particularmente tras la interrupción del suministro venezolano y las limitaciones derivadas del conflicto en Medio Oriente, como la pérdida del apoyo iraní.
Este escenario ha derivado en un aumento de las protestas sociales, que ya no se limitan a reclamos económicos sino que incorporan un componente político cada vez más explícito. La respuesta del régimen, que admite el malestar mientras al mismo tiempo reprime duramente las protestas, no ha logrado contener la escalada de tensiones.
En paralelo, Estados Unidos parece avanzar en una estrategia orientada a forzar un cambio de régimen, replicando en parte el esquema aplicado en Venezuela, es decir, una salida rápida e incruenta. Sin embargo, la situación cubana parece ser más compleja que la anterior, tanto por la estructura del poder interno del régimen cubano como por la resistencia de sectores del partido comunista. En este contexto, Cuba se convierte en un punto crítico donde convergen crisis interna, presión externa y disputas geopolíticas más amplias.
En términos de seguridad regional, el mes mostró un bajo nivel de terrorismo pero una elevada concentración del mismo en un solo país: Colombia. El último informe del Índice Global de Terrorismo publicado a medidados de marzo confirma que América Latina continúa siendo una de las regiones con menor impacto de violencia terrorista a nivel mundial. Sin embargo, este bajo nivel general convive con una fuerte concentración del fenómeno en casos específicos, particularmente en Colombia. Este país explica casi la totalidad de los incidentes registrados en Sudamérica y muestra un deterioro importante en el último año, con aumentos claros tanto en cantidad de ataques como en número de víctimas.
La persistencia de grupos armados, la expansión de economías ilegales ligadas al narcotráfico y la debilidad estatal en ciertas regiones explican esta dinámica, que aparece más como estructural que coyuntural. En contraste, países como Brasil y México presentan niveles bajos de terrorismo, donde la violencia predominante está vinculada al crimen organizado más que a motivaciones político-ideológicas. El Cono Sur, por su parte, se mantiene prácticamente ajeno a este fenómeno, muy extendido en África, Oriente Medio y Asia.
Esta configuración refuerza la idea de que, en América Latina, el terrorismo no constituye una amenaza generalizada, sino un problema localizado que convive con otros desafíos de seguridad más extendidos, como el crimen organizado y el narcotráfico.