POLÍTICA INTERNACIONAL
POLÍTICA INTERNACIONAL
Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo - Profesor
Las fuerzas armadas israelíes no apoyarían una incursión terrestre a Irán, por estar librando una guerra en el norte con Hezbolá; si EEUU lo hace, lo hará solo. A medida que la guerra con Irán se prolonga, la conversación en Washington está cambiando lentamente: los ataques aéreos han desarticulado parte de los programas de misiles y drones de Irán, pero no lo han obligado a cambiar de rumbo. Eso plantea una pregunta familiar en las guerras estadounidenses: si el poder aéreo no es suficiente, ¿qué viene después?
Algunos funcionarios están discutiendo la posibilidad de realizar operaciones terrestres. Trump ha dicho repetidas veces que "no quiere descartar ninguna opción". Mientras tanto, la postura militar está cambiando. Se han enviado dos unidades expedicionarias de la Marina al golfo Pérsico, lo que otorga a la Casa Blanca opciones militares adicionales en caso de que el conflicto continúe escalando. Y, si todavía hay margen para que esto se descontrole, hablar de operaciones terrestres y llevarlas a cabo realmente son dos cosas muy distintas.
EEUU tiene varias formas de introducir tropas en Irán, desde pequeñas operaciones de fuerzas especiales hasta incursiones territoriales limitadas o, en el escenario más extremo, una invasión total. Sin embargo, cada paso en esa dirección introduce nuevas complicaciones militares y políticas. En la práctica, cuanto más intente penetrar en territorio iraní, más difícil será sostener la guerra por parte de EEUU, porque necesita la victoria, mientras que Irán solo necesita el mañana.
Posibles escenarios en el conflicto
1. (Más factible, a mi entender) Si las fuerzas de EEUU entraran a Irán, el punto de partida más práctico serían las operaciones de fuerzas especiales (OFE). El motivo es, en parte, político: las OFE suelen dar a la Casa Blanca mucha más flexibilidad que las guerras convencionales. El Congreso rara vez interviene y su secretismo a menudo protege a la cúpula política de una reacción pública inmediata. Las unidades de élite, como los Navy Seals, los Delta Force o los Boinas Verdes, están diseñadas precisamente para este tipo de trabajo: pueden desplegarse rápidamente, operar en grupos reducidos y evitar la enorme huella logística que necesitan los ejércitos convencionales. Estos equipos podrían lanzarse desde portaaviones o entrar al país a través de la larga costa o fronteras montañosas persas. Una vez dentro de Irán, no van a faltar los objetivos posibles. Quizás el objetivo más apremiante será ver las reservas de uranio altamente enriquecido: se cree que Irán tiene unos 400 kilogramos de uranio enriquecido a aproximadamente el 60%. Nadie conoce la ubicación exacta; podría estar cerca de la ciudad de Isfahan, donde se lleva a cabo gran parte de la investigación nuclear, o incluso a gran profundidad bajo tierra. Una incursión para neutralizar ese material podría retrasar el programa nuclear de Irán, pero hay un problema: la operación llevaría tiempo, y el tiempo es precisamente lo que las fuerzas especiales suelen intentar evitar. Extraer o diluir el material requeriría que las tropas permanecieran en el lugar, tiempo suficiente para que las fuerzas iraníes respondan; por tanto, sería una operación de alto riesgo y gran recompensa. Otras misiones serían más rápidas, pero también menos decisivas. Las OFE podrían atacar instalaciones de investigación vinculadas al programa nuclear de Irán o sabotear fábricas relacionadas con la producción de misiles y drones. Estas incursiones podrían ralentizar los programas militares de los persas, pero no los eliminarían: las redes industriales de Irán están muy dispersas y destruir una instalación rara vez paralizaría el sistema. Los asesinatos de altos mandos militares son y han sido otra posibilidad, pero Irán tiene una doctrina de defensa descentralizada en la que la Guardia Revolucionaria Islámica se divide en 31 unidades, cada una comandada por un general de brigada. Las unidades operan de forma autónoma, sin la aprobación del mando central en Teherán; así pues, eliminar a líderes individuales causaría trastornos, pero no impediría que el país lanzara misiles o drones. También existe la posibilidad de colaborar con grupos de la oposición dentro de Irán: las fuerzas especiales podrían intentar apoyar milicias kurdas o redes clandestinas en las principales ciudades. Sin embargo, crear una insurgencia no es algo que ocurra de la noche a la mañana: requiere años de preparación y depende de condiciones políticas locales que los de afuera no pueden controlar fácilmente. Incluso si esto llegara a ser tácticamente viable, implicaría riesgos políticos a nivel interno: la captura o muerte de tropas de operaciones especiales estadounidenses se convertiría rápidamente en una noticia nacional. Washington aún recuerda la fallida liberación de rehenes en Irán en 1980, la operación "Garra del Desierto", que fracasó en el desierto y contribuyó a condenar la presidencia de Jimmy Carter. Cualquier administración que se plantee realizar una incursión militar en Irán sabe que una incursión fallida puede convertirse en una crisis política.
2. Si Washington quiere escalar en la guerra, debe comprometerse con el siguiente paso, el cual probablemente implicaría incursiones territoriales limitadas. En lugar de adentrarse en las profundidades de Irán, lo haría solo en la costa del país, objetivos específicos o islas persas. Operaciones como estas recaerían en los marines de EEUU: unas 4.400 tropas desplazadas para este fin, que realizarían ataques rápidos y operaciones anfibias a gran escala contra fuerzas hostiles.
3. Invasión completa (la menos probable de todas). La última vez que EEUU hizo un desembarco en una costa defendida fue en Corea, en Incheon, en 1950. Hacerlo hoy con tropas regulares pondría a las fuerzas de desembarco frente a drones, misiles antibuque, defensas costeras y artillería. Incluso si el asalto inicial tuviera éxito, las tropas estadounidenses podrían verse rápidamente luchando en zonas urbanas densas, donde muchas de sus ventajas tecnológicas empiezan a desvanecerse. La geografía beneficia a Teherán. El número de tropas y suministros sería tres veces mayor que en la experiencia anterior en Irak.
Muchas de las opciones que le quedan a Trump en Irán conllevan un alto riesgo de bajas y escasas probabilidades de éxito total.