Lo primordial es que nuestra educación quede demostrada por la manera de cómo tratamos a los demás y cómo nos conducimos en la vida.
 

Los buenos modales y la cortesía, son más que una señal de educación, ellos tienen un efecto positivo en la salud, el trabajo y la familia.


La cortesía es el motor de la personalidad de cada individuo. En una ciudad salpicada de violencia y malos tratos, es necesario actuar en sociedad con valores impregnados en la paz. Los buenos modales le dan un toque a la personalidad. Sin embargo, los seres humanos no siempre se sienten totalmente a gusto en su entorno. Es importante retomar uno de los principios básicos que establece la UNESCO: "Aprender a vivir juntos'' Los conflictos a cada paso, en cada organismo e institución ya no nos sorprenden. La falta de orden, de disciplina se ha aniquilado. No interesa si la persona es mayor, "Las patotas'' impulsan para conseguir el objetivo. No se respetan las instituciones. No hay límites y si eso no existe en cualquier ámbito --como quedó demostrado en una tumultuosa conferencia de prensa en la Legislatura local donde imperó el desorden y el avasallamiento a quienes intentábamos hacer correctamente nuestro trabajo-- estamos cerca de perder la ética. La actual atmósfera competitiva tiende a privilegiar el espíritu competitivo y el éxito individual. El descubrimiento del otro pasa forzosamente por el descubrimiento de uno mismo.


"Los acontecimientos sociales se representan en tres ámbitos: el familiar, el social y el laboral, en todos ellos el ser humano debe conocer la forma de comportarse en esa sociedad, es decir, la urbanidad, que implica el saber tratar con educación y cortesía a los demás. Hoy, la falta de cortesía, la ausencia de modales y comportamientos desconsiderados, han borrado del vocabulario las palabras "por favor'', "gracias'', "perdón''. Su aplicación nos permite funcionar en relativa paz y armonía. Hay ejemplos muy notables como bajar la voz cuando interferimos la tranquilidad o concentración de otro, colocar la basura en su lugar. Son ejemplos que demuestran interés en el bienestar de nuestra comunidad y en la salud del planeta en el que vivimos. Cuando una sociedad abandona los buenos modales, el efecto acumulativo de estas agresiones provoca el aumento de estrés y afecta el bienestar de la persona.


"Nos hemos acostumbrado a lidiar con una pantalla, no con personas, y ni siquiera nos disculpamos cuando actuamos mal, porque nadie es capaz de admitir que cometió un error (Christine Pearson prof de la Universidad del Norte en los Estados Unidos). Es esencial desenvolvernos en un mundo donde impere el respeto y la consideración. Para rescatar estos valores en peligro de extinción, es convertirlos en hábitos cotidianos. Los buenos modales son la expresión de lo mejor que cada uno tiene en su corazón para dar a otros. Es por esto, que es importante aprender a sonreír, independientemente del temperamento. Tener el hábito de saludar, controlar el tono de las palabras y el buen humor en la convivencia laboral y familiar es básico. No hacerlo nos convertirá en una persona sin educación y sin "clase''.


Los malos modelos se han convertido en un problema que afecta a todos los niveles sociales en la familia, el trabajo, en el entorno de amigos, en los negocios, en la política y en las relaciones personales. Es común hoy, que el concepto de la cortesía se considere anticuado y poco moderno, de manera que cada vez más, muchas personas se comportan sin educación, convirtiendo la convivencia social en un entorno lamentable.