2 de febrero de 2014 - 00:00

Plan B, por favor aparecé

Luego de las varias apariciones públicas del ministro de Economía Axel Kicillof y el jefe de Gabinete de Cristina Fernández, Jorge Capitanich, el país quedó envuelto en incertidumbres. No era posible seguir manteniendo la relación que existía entre el dólar y el peso argentino, dicen los especialistas. Y hasta es probable que el problema no se centre en el abrupto 18% de devaluación que practicó el Gobierno de un solo plumazo, herramienta con la que tarde o temprano la gestión K se iba a tener que enfrentar. El problema, parece, es que luego de esa acción no hubo otras o, al menos, se están demorando en exponerlas, si es que existe a voluntad de practicarlas, por supuesto. El cinematográfico y salvador "Plan B" demora su entrada a escena y es lo que llena los corazones argentinos de un maldito sentimiento de inestabilidad. Atado a eso, hay que suponer que en el Gobierno parecen no convencerse de cuestiones lógicas: cualquier devaluación impacta directamente en el bolsillo de la población. El dólar a ocho pesos (o por ahí) convence a los exportadores y favorece a las alicaídas economías regionales, pero también aniquila el poder de compra de la gente que no manda nada afuera del país porque vive preocupada en poner algo sobre la mesa todos los días, es decir, casi el 70% de los argentinos. En un año el salario de esa cantidad de gente se devaluó casi el 60%. Dijeron la semana pasada los hombres de la economía argentina que empezarían a presionar a los empresarios para que no aumenten los precios de las góndolas, fundamentalmente aquellos que parecen que se han aprovechado de la situación y, por las dudas, han tocado sus valores. Esa presión, o no se hizo o no está dando resultados, porque los valores en las góndolas siguen su alza indiscriminada. También suena a real el reclamo de "Coqui" y Axel: dicen que los cerealeros tienen acopiados alrededor de 3.500 millones de dólares y no los liquidan, secando la plaza cambiaria y obligando al Banco Central a comprar y desabastecerse de reservas haciendo perder valor al peso nuestro de cada día y exigiendo al máximo la estabilidad económica del país. Dicen, en la misma queja, que los "hombres de campo" están presionando para lograr una mayor devaluación. No sería raro que así ocurriese, para nada. Igual, sigue siendo responsabilidad del Gobierno. ¿Por qué? El Gobierno perdió confianza también en ese sector y no tienen capacidad de maniobra, convencimiento o negociación con ellos. Como se ve, la ensalada es grande y tiene muchos ingredientes. En definitiva, muchachos, saquen urgente el Plan B a la calle, si es que lo tienen, porque la gente está pagando con los bolsillos sus maniobras con la economía. Y ojalá que el Plan B no sea el de Guillermo Moreno, aunque es lo único visible, al menos hasta ayer.

Para colmo de males hay algo que, al parecer, no han calculado en los despachos oficiales con demasiada exactitud: al incrementarse los costos de las petroleras por la devaluación, esas empresas quieren compensar sus balances con un incremento de alrededor del 20% en el combustible. Todos los diarios nacionales, también los que "apoyan el modelo", hablaron ayer de la posibilidad concreta de un incremento en el precio final de los combustibles, incluso de la estatizada YPF. Hay algo que el Gobierno no puede manejar en ese mercado: el principal componente para el refinamiento de petróleo se compra afuera y en dólares, por tanto, se les complica seguir manteniendo los números como hasta ahora. Algunas banderas como Petrobras y Oil ya subieron sus precios en el interior del país, lejos de la atención de los medios con alcance nacional, cuya base de operaciones está en Capital Federal. Y, según varios especialistas, esos movimientos atienden a una estrategia acordada con la Casa Rosada. Una suba de los combustibles en estos momentos sería como echar, justamente, nafta al fuego. Hasta es probable, décimas más o décimas menos, que el incremento de los fletes por la suba en los combustibles se lleve puesto el changüí que lograron las economías regionales con la devaluación del peso. Otra vez, ¡Plan B, aparecé!

En todos los rubros los argentinos ven precios más altos: la carne 20%; los medicamentos -fundamentalmente los de tratamientos a patologías graves cuyas drogas no se fabrican en el país- han aumentado entre el 40 y el 50%, aproximadamente. Los autos, 20 y 50 por ciento, dependiendo de la fábrica; los comestibles hasta el 20% dependiendo del supermercado al que se concurra. Sólo en el rubro de los electrodomésticos, algunos han hecho caso y han retrotraído los valores al 21 de enero, y aplicaron la suba autorizada de hasta el 7,5%. Sólo algunos, porque un relevamiento de este diario en San Juan arrojó que solamente el 30% de las casas que comercializan estos productos han cumplido con el acuerdo K. Algunos de los anteriores, como la carne, por ejemplo, no tienen manera de fundamentar una suba, ya que no tienen relación con la devaluación, porque no compran nada afuera para sacar su producción diaria. Para justificarse, los proveedores dijeron que las lluvias y la cada vez menor cantidad de ganado fue lo que los obligó a tocar los precios hacia arriba. La casualidad es que lo hicieron luego de que Kicillof y Capitanich anunciaran la liberación de la compra de dólares para atesoramiento particular y de la devaluación. Igual, y por las dudas, hoy el asado del domingo está a más de $60. En ésta, Coqui tiene razón.

Ayer un diario nacional planteó una realidad, que suena en el mismo tono que cualquier otra acción de este Gobierno: los cerealeros son capaces de obligar al Gobierno a secar sus reservas si es que deciden aguantar y no liquidar, como se denuncia en el entorno de la Presidenta que están haciendo. Consideran que esa abstinencia empresaria es un foco de poder demasiado grande como para dejarlo en manos de privados "golpistas", por tanto se deslizó la chance de intervenir "un poco más" para no estar a merced de esas "multinacionales con sede en grandes potencias mundiales", como dicen en el mundillo K. ¿Se viene un control más fuerte sobre ese sector? ¿De qué manera? Mañana hay una reunión entre Coqui y esos demonios del campo argentino, tal vez, o no, aparezca algo en ese encuentro. Se verá.

Ojalá que el Plan B del Gobierno nacional no sea el mismo que tenía Guillermo Moreno: apretar a los empresarios para que no levanten los precios. En algunos casos, pocos, ha dado resultado, aunque en la mayoría no. Y es al menos dudoso que la economía de un país deba estar sujeta a los acuerdos permanentes e individuales del Estado con los particulares. La función del Estado, y más del Gobierno que el Estado todo, es la de crear escenarios para que los empresarios tengan garantías de inversión sin demasiados riesgos, algo que en la Argentina no parece muy cercano, pregunten a los mineros. Si se interviene siempre, como se ha estado haciendo, se logran vaivenes demasiados altos que se vuelven incontrolables. Todos negocian particularidades, porque el Gobierno se dedica a ellas. El control de precios es algo casi impracticable. Ejemplo: si el Secretario de Comercio Interior acuerda con una fábrica de dulces que el chupetín marca tanto de tal peso costará $1, la fábrica, según sus vaivenes, cambia de ingredientes y modifica la calificación de ese chupetín, ofreciendo al mercado otro producto con un precio mayor, en la práctica igual que el anterior y sin salirse del acuerdo con el Gobierno, porque el producto por el que acordó también está en la calle, aunque, obviamente, casi no se lo encuentra. El ejemplo, aunque burdo e irreal, es en la práctica un artilugio cada vez más frecuente. Es imposible estar acordando todo el tiempo con todos los precios, con los millones de productos que hay hoy en las góndolas. A su vez, el Gobierno, y hay que reconocerlo, ha logrado un crecimiento inusual del país con esta estrategia y otras, y ha logrado distribuir el ingreso un poco mejor que otros gobiernos, aunque no se ve que sea éste tampoco el escenario ideal. En definitiva, no se puede estar en todos lados todo el tiempo. Cristina se irá algún día, porque no puede estar siempre, y con ella se irán los cristinistas, y con ellos los acuerdos que lograron. Es un esquema a muy corto plazo y bastante egoísta, se ve.

Muchachos, desde la lejanía del poder les exigimos que muestren su Plan B y, de verdad, es el deseo de todos los argentinos no sólo que lo tengan, sino que funcione también. Pero úsenlo pronto, porque esto se va a donde ustedes saben que se puede ir. ¡Abrazo!

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