En estos días se rinde homenaje a Segundo Linares Quintana, quien cumple 100 años de vida, y en su agasajo se han unido las Academias de Derecho y Ciencias Sociales, de Ciencias Morales y Políticas y de Ciencias. Seguramente no podrá abarcarse la versación "múltiple y canónica" de ese hombre y constitucionalista social insigne.

Su enorme Tratado de la Ciencia del Derecho Constitucional Argentino y Comparado, 1º Premio Nacional de Ciencias 1955-1957 (Historia, Filosofía, Derecho, Ciencias Sociales y Políticas), agrupa 9 tomos de la más exquisita literatura jurídica, y es considerado por el maestro alemán Kart Loeweestein como "sin parangón en la literatura jurídica contemporánea". La obra comienza respaldándose en palabras de Sarmiento: "Yo creo en la libertad" (carta a José Posse, 30 de abril de 1855). Y continúa citando textos señeros con los cuales se pinta de cuerpo entero: "La libertad es el mejor de los bienes". (Cicerón, República).

Según Linares: "La historia del hombre es la historia de su lucha por la libertad", y cita frases memorables de Benedetto Croce, de Gregorio Marañón y aquella de Alejandro de Tocqueville que no podemos dejar de transcribir por su patente actualidad: "no hay nada más fecundo en maravillas que el arte de ser libre; pero tampoco nada más duro que el aprendizaje de la libertad. El despotismo se presenta muchas veces como el reparador de todos los males sufridos; es el apoyo del buen derecho, el sostén de los oprimidos y el fundador del orden. Los pueblos se duermen en el seno de la prosperidad momentánea que hace nacer, y cuando despiertan son miserables. La libertad, por el contrario, nace ordinariamente en medio de tempestades, se establece con trabajo entre las discordias civiles, y sólo cuando es antigua es cuando pueden conocerse sus beneficios".

Sobre la libertad de expresión cita a González Prada: "El pensamiento esclavo no merece llamarse pensamiento" "Pensar, hablar, escribir, publicar, propalar, son fases de una sola libertad que no puede ser afectada en ninguno de sus aspectos sin que resulte afectada en forma íntegra…".

Pero su pensamiento libertario se enriquece e ineludiblemente completa, al referirse a la propiedad, citando a Harold J. Laski (socialista inglés): "El hombre que detenta una propiedad se hace fuerte en su país. No siente el terror a morir de hambre. No tiene que someterse a trabajos que le degraden. Protege a sus hijos frente al peligro de la indigencia y les adiestra en los gustos que proporcionan…"

En suma, esta magna obra de Linares Quintana evidencia, como lo dice Karl Loewenstein en la introducción de la obra: "la virilidad y originalidad del saber latinoamericano y en particular del ambiente intelectual argentino".

Para concluir con el sentido para nosotros útil de este homenaje al que adherimos, parece vigente la encrucijada que planteara José Luís Romero en 1946, otro célebre constitucionalista también adherido al pensamiento socialista argentino junto a Carlos Sánchez Viamonte: "El rumbo que seguirá la política argentina, diversa, nacionalista, aristocrática y fascista, o la demagogia totalitaria, el conservadurismo, el radicalismo de esencia liberal y democrática o el socialismo argentino que "ha pretendido compenetrarse con la tradición liberal que anima las etapas mejores de nuestro desarrollo político; y esta compenetración le permite levantar la bandera de la democracia socialista, sin abandonar ninguna de sus consignas fundamentales en cuanto a los bienes de producción, pero manteniendo, al mismo tiempo las conquistas que considera decisivas en el plano de la libertad individual".

Creemos, con convicción, que, de una vez por todas, este país deberá abordar sin temores ni estereotipos una síntesis político sociológica entre los derechos individuales y los derechos sociales, cualquiera sea la filiación política a la que se pertenezca.

Todos somos iguales ante la ley, pero también al derecho y las posibilidades de crecer y disfrutar de los derechos constitucionales.

Será imposible el desarrollo espiritual, moral y económico del individuo, si no se compatibilizan su original vocación de libertad con la posibilidad de realizarse como ciudadano y persona. De nada ha de servir ser libres,…si no hay caminos ni instrumentos para ser también dignos, esencialmente iguales en los derechos elementales del Hombre en cuanto tal, esta designación que a veces bien no se entiende, de los "Derechos Humanos", que no es más que eso, los Derechos del Hombre como tal, que no pueden soslayar el costado aquel por el cual una persona quiere parecerse lo más posible a otro ser humano que está dotado de todos los derechos básicos, pero que él muchas veces mira desde afuera….

Mientras esto no ocurra y la injusticia denigre la condición humana, la sombra indoblegable e ilustre de prohombres como Linares Quintana, no nos dejará en paz. Bienvenida sea esa "guerra".