Soy de la capital de los espacios verdes, dijo cuando recaló en Colón. Hugo Rodríguez, Néstor Andrés Páez lo probaron a piñón fijo, en el velódromo de "Vértice Deportivo". Traía bici andadora de competir en "libres". Conocía de memoria la avenida Benavidez. Chimbas ya era una villa obrera trabajadora a destajo de familias laburantes.

Al costado de la avenida Rawson, antes del puente de Albardón, tres palas cargadoras cruzadas, llamando a esa Epifanía indicando: "¡Llame a cualquier hora, estamos para trabajar!".

La resolana iba de "yapa" y el frío del invierno le hacía precio en las ripieras.

Mario Pereyra le ungió con el doble apellido: Oscar Vega Mestre, "licenciado en ciclismo". bautismo con padrinos y testigos; aquella campana hizo sonar el bronce en campanazo inolvidable.

Así estrenaba largadas, en cada largada "multicolor". Por ese arco iris, el pincel de la evocación acercaba colores a una pasión: el ciclismo.

Más de un zonda de verano le tostó la cara, en los giros del Tambolar, se "acorrochaba" en la cintura del conductor de la moto. Doble Media Agua; la Calingasta, la Doble Difunta Correa, la Cuatro Puentes, lo vieron relato al hombro: De coraza alta andaba la vendimia; desde alguna melga, por entre racimos, alguna portátil con su dueño se revoleaban en el aire. Era la pasión en rueda de cansancios, compartió fervor con todos. Ciclistas, auxilios, El "payo" Matesevach, el "gran" Vicente, Marcelo Riveros, Julio Chancay; Cacho Bustos, Real, que siempre llegaba; "El Pitufo", "el loco" Castañeda, "El Cóndor" Ernesto Contreras, entre tantos.

Hace falta tanta memoria que, a veces, una tinaja de "Memorex" no alcanza para acercar recuerdos. Desde los pioneros hasta la alegría en dos ruedas de Elías Tripoloni, del Francis park, de Alberto Vallejos, Pinocho. De esta vuelta de San Juan, desde Hugo Blanco, "El chipica", Ercilio Sánchez, Fredes. Cuando Becerra, Tapia, Dante Pantuso, en el sótano de Colón, con Hugo Rodríguez, Néstor Páez, Francisco Bustelo, anunciaron que se daba el "vía" a una nueva pasión, gente del Olimpia. Por qué no recordar a los bicicleteros que preparaban las máquinas para la competición. Memoria y oficio, amor por lo que sabían. Sinfonía en el pentagrama de esta partitura a demostrar: manillar, sillín, pedales y dos pistones en las piernas. La mirada oteando advertía "la fuga", o dando "palos", zarandeando el pelotón. Oscar Vega Mestre, ¿dónde lo aprendiste, en el Manual kapeluz? En la ruta, en esa convivencia que otorga el oficio. Donde niples y rayos armonizan con la masa en los tubos, en la caramañola que acompaña todos los sorbitos para el aliento.

Dientes apretados, manillar aprisionado, regulando respiración.

En otro país, subidas y descensos, en la Vuelta de Colombia, a Vega Mestre lo probaron, junto al maestro en tecnicatura operativa: Oscar Victorio Mallea. Maletín en manos, hilvanaba conexiones para LV1 Radio Colón.

Claro que hay que vivirlas para contarla. Y toda evocación para describir una pasión.

¿Quién diablos inventó la bicicleta, preguntaría alguien que la dejó sin el candado y se la pidieron prestada hasta nunca?

Todo fue cuando un mecánico francés, Ernesto Micheaux, en el taller de su padre, concibió darle movimiento a las ruedas. Adaptó dos pedales para impulsar el vehículo y conseguir el equilibrio con los pies levantados del suelo. Había logrado perfeccionar la bici. Popular como pocos vehículos, muy de moda en estos tiempos.

Ya que estamos en la historia, en 1885, llega la primera bici al país traída desde Europa por Benito Larseno, con llantas de madera. En la aduana la calificaron como "juguete para niños". Nosotros venimos desde aquella bicicleta Phillips, Bianchi con tapa cadena; torpado, Olmo, Willier Tristina, hasta las playeras.

José Millón fue en San Juan el primer bicicletero hasta 1915. Don Jaime de Lara en la calle Tucumán instaló un pequeño taller y armaba bicicletas para arriendo. Don Domingo Palacio, en la Abraham Tapia, Bicicletería Rebollo, don Ercilio Sánchez, Hermanos Brisson; Osvaldo Martens en avenida Rawson y General Paz; Corradi, Aragón, Serranito en Ullum; el querido Pancho Robledo en la calle Del Pino, don Darío Ramírez, entre tantos. Historia con historia, Oscar Vega Mestre, me he salteado en el relato. Tu tarea en las rutas anda en cada vía.

En cualquier momento nos vemos. Por ahí se pegan los conos de la memoria. Mi bici todavía tienen el cambio super Campagnolo. Vivimos tan a mil, que a veces se salta la cadena. Y el piñón escapa. Como el Cacho Bustos: la vida no perdona. Salud, Oscar Vega Mestre.

(*) Periodista y poeta.