15 de enero de 2026 - 06:00

Aniversario del terremoto

Para aquellos que nos preocupamos por rescatar sucesos inmersos en ese intrincado laberinto que constituye nuestro pasado local, el terremoto de 1944, del que se cumplen 82 años, representa un acontecimiento liminar, único, una veta o filón de donde se extraen innumerables actos cargados de intrepidez. Desde mi niñez me nutrí de los más variados relatos acerca de los sucesos que vivió este heroico pueblo, como así también de historias referidas a las peripecias afanosas que conllevaron determinados individuos, auténticos héroes anónimos, para poder superar la tragedia. Por esta razón trato de rescatar algunos eventos que resultan interesantes incorporar a ese gran universo constituido por la memoria oral colectiva de aquel desventurado 15 de enero, o escudriñar fuentes gráficas para descubrir nuevos datos y poder realizar algún aporte.

Entre los testimonios escritos resulta interesante transcribir cómo vivió aquella dolorosa jornada un periodista del entonces Diario Tribuna, apellidado Eleodoro Ramírez. El cronista, al año de haberse producido la tragedia, expresaba: “El terremoto del 15 de enero de 1944 abarcó una extensa zona de la provincia. Todos los testimonios hablan de la violencia y desastrosa sacudida que en contados segundos destruyó para siempre la seguridad de toda una vida (…). El autor de estos apuntes se encontró accidentalmente en el Diario Tribuna, conversaba con uno de sus copropietarios, de asuntos del momento (…). A la primera sacudida nos corrimos al centro. Allí nos reunimos ocho personas. Instintivamente formamos un círculo a modo de una ronda escolar; nuestras cabezas eran juguetes de la dirección del movimiento; bajo nuestros pies el suelo se hundía; la casa se estremecía; a nuestro alrededor todo se desplomaba; oíanse ruidos aterradores, rumores de confusión; una espesa polvareda obscureció el ambiente. Fui el segundo que abandonó la casa. En la calle, en el trayecto que cubre desde Mendoza por Santa Fe hasta Rivadavia al 1200, he presenciado escenas que no olvidaré; pedidos de socorro, voces lastimeras, un cadáver tendido sobre unos escombros, risotadas de una mujer que corría con un chico en sus brazos, para mí, se había vuelto loca; en mi carrera por entre los escombros percibía los débiles suspiros de alguien que vivía y aún estaba sepultado. Vi también a un ensimismado que lloraba al contemplar las ruinas de su hogar”.

El terremoto en Chimbas

En cuanto a lo sucedido en los departamentos, en este caso Chimbas, repaso sucintamente las aciagas vivencias que sufrió, espacio territorial que en antaño también debió soportar las contingencias de las crecidas de nuestro río. El sismo provocó cuantiosos daños en el departamento, si bien para ese entonces tal zona no poseía un conjunto edilicio importante y por ende escasos pobladores. Debemos decir que prácticamente todas las casas se derrumbaron, incluyendo algunos edificios públicos, como la Escuela Ernesto A. Bavio y la Escuela N° 6, obras de construcción precaria. Se calcula que cerca de mil viviendas fueron afectadas por el siniestro, no obstante como consecuencia de las continuas réplicas y lluvias posteriores, se derribaron las pocas que quedaban en pie.

El sismo provocó cuantiosos daños en Chimbas. Prácticamente todas las casas se derrumbaron, como así también algunos edificios públicos.

Según los datos emanados por la policía, en el departamento se produjeron aproximadamente 33 víctimas fatales y alrededor de un centenar de heridos. Esta cifra es pequeña en correspondencia a la población registrada en aquel año, se calculan 6.000 habitantes. Los fallecidos en aquella luctuosa jornada fueron hombres, mujeres y niños, todos muertos por los derrumbes de sus viviendas. El reducido número de muertos se explica, en parte, porque la mayoría de los pobladores se encontraba fuera de sus casas, cumpliendo jornadas laborales propias de la época, es decir de la precosecha. Entre las víctimas hemos logrado rastrear el nombre de sólo unos pocos, gracias a los datos aportados por antiguos vecinos, testimonios logrados a través de numerosas entrevistas. Algunos de ellos fueron doña Antonia Guerrero de Delgado (abuela de quien escribe), Antonio Lozano y su hijo, una joven de apellido Aguirre, un matrimonio de nombre Gómez, entre otras víctimas fatales más.

Fue notable la actuación de un conjunto de instituciones departamentales, encargadas de evaluar los daños y auxiliar a las víctimas. Ellas fueron el personal de la Municipalidad, Jefatura de Política, Juzgado de Paz, Registro Civil, Delegación del Departamento de Hidráulica y policía departamental. Conjuntamente un grupo de vecinos generosamente brindó su ayuda, como Francisco Fernández, Ignacio Castro, Rómulo Conti, Juan Francisco Delgado, Domingo Sarmiento, Manuel Fernández, Rómulo Mancini, Antonio Claro, Pablo Chatard, entre tantos más. Esta gente ayudó suministrando automóviles, camiones y sulkys, para trasladar a los fallecidos y heridos de la tragedia.

La falta de médicos y de una farmacia en la zona dificultó el socorro en la arruinada Chimbas, sin embargo que prontamente vinieron los facultativos y socorristas de otros departamentos y de algunas provincias. Días más tarde llegó la ayuda proporcionada por la Comisión Militar de Abastecimientos, la que abasteció de comida, ropa y sobre todo de suficiente agua potable. Asimismo se apostó un Puesto Sanitario, subordinado de la Administración Sanitaria y Asistencia Pública, a cargo de dos especialistas, los médicos Aguilar y Guatelli, secundados por enfermeras. La población, como medida profiláctica, fue vacunada.

LAS MAS LEIDAS