Pbro. Dr. José Juan García
Pbro. Dr. José Juan García
Este domingo leemos en comunidad el evangelio de san Mateo 4, 1-11: “En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más significativos de la vida cristiana porque nos prepara para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la resurrección del Señor. No es un tiempo “lúgubre” o triste. Sí un tiempo de profundizar la fe en Jesús que se entrega por nosotros. Alguna vez hemos oído que se llama “cuaresma” porque recuerda un número simbólico en la Biblia, sea los cuarenta años del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida; o bien los cuarenta días en que Jesús se nos presenta en el desierto preparándose para su gran misión. Por lo mismo, la Iglesia, las comunidades cristianas, se preparan, en clave de renovación y conversión, para celebrar la fiesta central del misterio cristiano.
Podemos constatar que las respuestas de Jesús en el evangelio están formuladas en sintonía con las tentaciones del pueblo en el desierto. La primera respuesta de Jesús es una cita de Dt 8,3 que, a su vez alude a Ex 16,1 ss (el maná). La respuesta a la segunda tentación es una cita de Dt 6,16 que, a su vez, alude a Ex 17,1-7 (las aguas de Massá). La tercera respuesta cita a Dt 6,13 que puede aludir tanto a Ex 32 (el becerro de oro) como a Ex 23,24 y 34,13-17 (mandato de no adorar las divinidades cananeas). Por tanto respuestas que quieren ser ejemplo para la comunidad, porque Jesús con su rechazo es, para Mateo, el Mesías que hace posible un nuevo pueblo de Dios.
Las “fidelidades” de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña con tener su poder o riqueza. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres que han querido ser adorados, y quedaron solos para siempre.
En nuestro caso, las tentaciones están ahí, cercanas. Lo importante es resistir, no ceder, contando ante todo no sólo con la disciplina, sino con la Gracia poderosa de Dios que nos anima a no caer.
¿Vivimos juntos esta oportunidad cuaresmal? Saldremos nuevos.