En el lapso del pasado siglo las esposas o mujeres de los presidentes argentinos han tenido diferentes perfiles, algunas con funciones un tanto pasivas, otras con desempeños descollantes, y en los últimos tiempos, gradualmente, han ido ganando mayor espacio político y social. En los primeros años del siglo XX las llamadas primeras damas desempeñaron en general roles específicamente sociales, como es ocuparse de asuntos relacionados con la beneficencia social. El primer presidente del siglo pasado, Julio Roca, contrajo enlace con una acaudalada mujer llamada Clara Funes. Ella fue la compañera del “zorro” en su larga carrera política, su función se limitó a desempeños protocolares. Don Hipólito Yrigoyen, con su enigmática personalidad, ejerció la primera magistratura, en soltería, aunque en su juventud vivió apasionados romances. Uno de ellos fue con Antonia Pavón una joven, que le dio una hija, educada bajo la tutela del líder radical. Esta mujer animó a Yrigoyen en su incipiente vida política. El sucesor de Yrigoyen, Marcelo de Alvear, protagonizó uno de los más resonantes romances de la época, con Regina Pacini, una soprano, nacida en Lisboa. Alvear la conoció en Buenos Aires, cuando realizaba una gira artística. Luego de un noviazgo, que tuvo mucho de novela, la cantante se transformó en la esposa del flamante presidente. Regina Pacini cumplió una importante labor al lado de su esposo, ayudando denodadamente a los más necesitados, tarea que se prolongó aún después del fallecimiento de su marido.