6 de septiembre de 2026 - 08:00

"El litio es un buen test de cuál es la consecuencia de hacer las cosas bien"

El vicepresidente de Lithium Argentina analizó el escenario actual de precios y producción y dijo que si la tonelada llega a 20.000 o 25.000 sería el escenario ideal para que crezca la capacidad instalada.

El litio consiguió este 2026 superar las exportaciones de la plata, el metal que históricamente ocupó el segundo lugar de la generación de dólares mineros. Para entender cómo se llegó a esto, CUYO MINERO habló en exclusiva con Ignacio Celorrio, Vicepresidente Ejecutivo de Lithium Argentina, que hoy está a cargo de Exar, la empresa que es la principal productora de este mineral en el país desde el proyecto Cauchari-Olaroz.

Durante la entrevista, el empresario analizó los últimos seis meses de cierta estabilidad de precio, que según dijo parecen ser una buena señal e impulsan la inversión en el país, pero todavía no aseguran que el precio haya encontrado un equilibrio. Puso el foco en el mercado externo, que se caracteriza por una oferta y demanda emparejada, pero donde esperan que “en 2035 o 2040 la demanda debería superar mucho la oferta”. Y habló de cómo “lo que pasa en estos años hasta llegar ahí también va a ser importante” y cómo definirá la inversión en el país.

¿El litio entró en un proceso de estabilidad de precio?

Es muy pronto para saber eso. Es cierto que en los últimos seis meses se estabilizó, pero definir el precio del litio es complejo. Al contrario del cobre o el oro, no es un commodity.

Generalmente, el precio que más se escucha es el spot en China, que es un mercado bastante chico y es un precio que no se puede aplicar sin análisis a otros productos de litio. Pero ese y otros precios estuvieron en una banda de entre 15.000 y 25.000 dólares la tonelada.

Esos son valores que se ven actualmente y que, para los proyectos de Argentina, deberían hacer que los costos permitan que la inversión sea rentable. Si está más cerca de los 20.000 o 25.000 dólares, permite apuntar al desarrollo de más proyectos en el país.

Lo que pasó con el litio, que subió tanto y bajó tanto, hizo que se viera el mercado como un mercado todavía no maduro, con variaciones importantes. Eso hace que sean difíciles de financiar proyectos de largo plazo.

Entonces, hoy por hoy, si se mantiene esta tendencia de los últimos seis meses durante los próximos, no sé, dos años, por decir algo, eso puede ser muy favorable a Argentina, porque con los costos operativos actuales y la rentabilidad general de los proyectos, debería incentivar inversiones y mantener la producción creciendo.

Los proyectos argentinos fueron apostando por el DLE, ¿Por qué se dio esto y qué implica?

Primero hay que decir que DLE (extracción directa de litio por sus siglas en inglés) quiere decir muchas cosas. DLE es una técnica para desarrollar yacimientos de salmueras y dentro de esa técnica hay muchísimos procesos distintos. Hay muchas compañías que tienen su propia fórmula de cómo hacer DLE.

Generalmente, DLE se entiende como que reducís significativamente, o directamente eliminás, el proceso de piletas de evaporación previo a la entrada del producto de la salmuera en fábrica. En el proceso para lograr carbonato de litio, todo empieza prácticamente desde el momento de extracción en los pozos productores de salmuera, porque las piletas no son un reservorio: son parte del proceso y se controlan con mucho detalle.

Pero a la vez, este sistema de piletas tiene un costo más alto, tanto de capex como de tiempo. Por ejemplo, nuestro proceso en Exar es con piletas y tenés que estar 18 meses para que se concentre el litio a un nivel que lo puedas poner en fábrica. Ahora bien, los procesos de DLE buscan eliminar o reducir significativamente ese proceso.

La razón por la cual nosotros hicimos el proceso tradicional es porque estaba probado de manera industrial que se podía llegar a un producto como el que estábamos buscando. En ese entonces la tecnología DLE no estaba tan avanzada técnicamente como para tomar el riesgo.

Lo que está pasando ahora, y es cierto, es que prácticamente todas las empresas sienten que la tecnología ya avanzó lo suficiente como para directamente hacer expansiones bajo este proceso o, directamente, nuevas plantas con distintas tecnologías de DLE.

Hoy vemos que un caso que pareciera andar razonablemente bien es el de la empresa francesa Eramet, que está en Salta, en el proyecto Centenario. Ellos tienen una tecnología de DLE y hace poco dijeron que estaban cerca de la capacidad instalada de la planta, de 25.000 toneladas.

Eso manifiesta un poco esto que te estoy diciendo: es una tecnología que cada vez se siente más cómoda de utilizar.

¿Cómo pesó en este desarrollo de los últimos la economía, tanto el RIGI como la incertidumbre de precios?

El RIGI y el cambio de política macroeconómica atraen inversiones, y la mejora de precios ayuda también significativamente a ese tipo de decisiones. ¿Cuál es el factor que más influye? La verdad que no lo sé, depende de cada compañía.

Si una empresa se siente cómoda en Argentina, el régimen le da certidumbre económica y tiene confianza en sus yacimientos, puede decidir avanzar independientemente del precio. Para compañías nuevas puede ser diferente y están pensando en que ahora es el momento de comprar un activo en Argentina porque antes no confiaban.

Pero no hay una sola política. Es una conjunción de políticas donde también tiene que ver el pasado, lo que se hace para manejar la reputación del país y después, obviamente, las condiciones de mercado. Porque si tenés mucho litio y el litio deja de ser un mineral atractivo, la política va a dar igual.

¿Es comparable lo que pasó con el litio con el crecimiento del interés en el cobre?

No, el litio fue distinto. La razón por la cual el cobre recién empieza y el litio no, es porque, cuando ya se esperaba un incremento de demanda, el litio era un mineral muy pequeño, con un mercado muy pequeño y la producción se concentraba en Chile y Australia.

Cuando creció el mercado Chile está nacionalizado, entonces es muy difícil explorar y desarrollar nuevos proyectos. En Bolivia también está nacionalizado y es muy difícil explorar nuevos proyectos. Por otro lado, los inversores tienen más interés en el litio de salmuera, que tiene un opex (costo inicial) más bajo que las pegmatitas, que es lo que hay en Australia, Canadá o África.

Por eso, hace unos 10 o 15 años, un montón de compañías mineras junior que casi pasaban imperceptibles empezaron a explorar en Argentina, en lugar de otros países, a pesar de la situación macroeconómica, porque veían que el litio con la electromovilidad iba a ser más demandado.

Y los lugares que geológicamente eran más fáciles para ir eran Argentina, tanto por el aspecto mineral como por la nacionalización de los países vecinos. El potencial geológico era similar, pero el mercado consideró que convenía explorar acá.

¿Eso fue lo que permitió que Argentina reaccionara más rápido cuando se recuperaron los precios?

Exactamente. Eso fue lo que hizo la base para que, cuando empezaron a recuperarse los precios, ya hubiese un montón de inversión hecha. Es lo que explica el incremento de la producción que se ve ahora mismo en el país.

En cambio, en el cobre, lo que va a pasar es que hoy hay mucho trabajo y muchas acciones correctas, pero el cambio en la producción se va a ver dentro de tres o cuatro años. Esto tiene que ver con los tiempos de la minería. En cobre los proyectos más avanzados vienen desde hace 40 años algunos, pero el momento de financiar depende del riesgo que existe a la hora de poner la plata para construir una mina.

En exploración de cobre no estás haciendo excesivo en los proyectos más avanzados porque vienen de 40 años, pero sin el momento en el cual los puedas financiar es muy distinta la valoración de la exploración respecto del riesgo de tener que poner la plata para construir la mina.

Lo que ves en el litio fue algo que no fue lineal, pero fue mucho más rápido de lo que podría haber pasado con cobre u oro en Argentina.

¿Sigue existiendo esta posición de cierta ventaja de Argentina respecto al litio?

A nivel interno cuando se empezó a ver esta exploración y actividad del litio, de alguna manera el resto de los actores descubrió el litio, del que antes no se hablaba. Se convirtió en la sociedad en una especie de “gallina de los huevos de oro”, sin entender cómo era el mercado.

Pero cuando un mineral se vuelve atractivo, en todo el mundo se empieza a explorar y tarde o temprano van a encontrar en otros lugares. Entonces, es un error pensar que porque los recursos no se pueden mover, vos no competís con otros países u otros proyectos, sino que lo importante es cómo está el mercado.

Lo que pasó con el litio fue eso. Cuando empezó a subir mucho el precio, aparecieron yacimientos en África, Brasil y lugares donde nunca se había buscado comenzaron a explorarse. Los encontraron y empezaron a poner mucha más oferta en el mercado. A su vez, la electromovilidad no avanzó al nivel de velocidad que todo el mundo pensaba que iba a hacerlo. Por eso se produjo ese movimiento tan abrupto de subida y bajada.

¿Qué ventaja tuvo Argentina en ese escenario de caída de precios?

Argentina ha tenido mucha suerte porque la baja del precio hizo que todo el mundo entendiera que producir litio ya es bastante difícil. El litio es un elemento de la cadena de electromovilidad, pero no te hace el controlante de esa cadena.

Si Argentina hubiese cometido el error de empezar a restringir los derechos que tienen los descubridores y los desarrolladores, eso enseguida hubiese equiparado a Argentina con las políticas de Chile y Bolivia y se hubiese cortado la inversión. Entonces, el litio es un pequeño microcosmos, con cierta suerte, de lo que puede ser el desarrollo minero bien llevado.

Porque no termina en el primer pico. Es algo que tiene que ser sostenido y en lo que cada vez tenés que ser más eficiente que los países con los que vas a competir.

Con este escenario actual, ¿qué se puede esperar para la industria del litio en Argentina?

En Argentina, yo creo que con estos parámetros, este precio y cierto sentido común, es un momento muy positivo para el litio argentino.

Una de las cosas más positivas que ha hecho —no solamente nosotros, creo, pero objetivamente creo que el mérito principal está en Exar— es que el proceso de puesta en marcha fue tan exitoso. Como está en Argentina, mucho no se ve.

El trabajo del agente de operación y de la compañía en sí realmente ha sido tan bueno que, a nivel global, se empezó a perder un poco el miedo al proceso de la salmuera. Se lo empezó a ver como algo más manejable.

No hay que olvidar que el OPEX de salmuera generalmente es más bajo que el de pegmatita. Entonces, cuando se ven esos dos factores, si se mantienen estos precios, Argentina debería poder incrementar mucho su capacidad instalada.

Y, al mismo tiempo, todavía hay mucho para explorar. A pesar de estos 15 años y de la historia de éxito, por decirlo de alguna manera, estamos recién en los primeros pasos de lo que podría ser todo esto.

En el último año, el litio logró ubicarse como el segundo complejo exportador de Argentina, por encima de la plata. ¿Cómo se explica ese crecimiento?

Se explica por el crecimiento de la producción más el crecimiento del precio. No hay nuevas minas de plata. Te diría que la única que yo veo cercana es en Brasil; en Salta recién ahora están diseñando la construcción.

La plata y el oro han sufrido el impacto directo de políticas no favorables a la inversión. Entonces, a pesar de tener precios récord, no ves un incremento de producción tan fácil, porque eran proyectos que ya estaban maduros o a punto de terminar.

Si la minería hubiese sido desarrollada de manera estable durante los últimos 30 años, yo creo que el litio no estaría ni cerca de la posición en la que está. Lo que pasó con el litio es un buen test de cuál es la consecuencia de hacer las cosas bien y de hacer las cosas mal, porque el potencial de oro y plata que tiene Argentina es enorme.

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