Antes de las exploradoras, el SEGEMAR apostó por San Juan
En los años ‘80 una decisión de politica pública empezó a definir el rumbo de San Juan. Si bien el primero que apostó por la minería fue Domingo Faustino Sarmiento, en el siglo XX la producción de minerales en la provincia y el país fue heterogénea. Hubo minas produciendo, como las ubicadas en Marayes o una de las fases de Hualilán. Pero si alguien quería seguir estos pasos no tenía información de dónde podían ser las zonas de mayor riqueza, algo que hoy sí existe.
Fue en esa época en la que el SEGEMAR (Servicio Geológico y Minero de Argentina) empezó a hacer exploraciones extensivas, mientras en paralelo también lo hacía Fabricaciones Militares. Raúl Cardó fue uno de los geólogos que participó de esta etapa, en la que se plantaron las semillas que luego permitieron descubrimientos clave.
“En esa época la exploración solo la hacía el Estado”, recordó el geólogo, que hoy a su vez se dedica a escribir ensayos, ficción y poesía y está por presentar un libro donde relata sus años en el campo. En ese momento, el trabajo que hacían los equipos del SEGEMAR se concentraban en buscar lo que se conocía como áreas de reserva. Estas eran zonas de interés minero, en las que luego podían darse inversiones.
Así recorrieron dos zonas de la provincia como Retamar y el Valle del Cura, esta última donde años después los privados descubrirían Veladero, Del Carmen, Abuelito y otros depósitos importantes. La época en la que Cardó salió a hacer esas campañas fue una bisagra, justo antes de que el cambio en la Constitución Nacional y la creación de la Ley de Inversiones Mineras diera forma al sistema en el que en la actualidad funciona la exploración.
“El tipo de trabajo que hacíamos era un muestreo general, donde por ejemplo buscábamos esquirlas que nos daban anomalías que definían el interés y finalmente el área de reserva”, recordó. Algo que definía el trabajo de los geólogos era que iban a zonas vírgenes, donde antes no se había buscado riqueza mineral. Eran los primeros en señalar el potencial en las montañas, mientras se enfrentaban a las duras condiciones que estas presentan a quienes las recorren. Ellos, si bien no determinaron Veladero, fueron los primeros en ver las señales de este yacimiento que cambió la historia de la provincia.
primera_foto_extraida
Ricardo Martínez participó en la exploración y descubrimiento de proyectos que cambiaron la historia minera, como Veladero y Josemaría.
La forma de trabajo obligaba a hacer visitas a esas zonas. “Teníamos equipos, camionetas, unimog, casillas rodantes, topadoras y alguna máquina de perforar”, recordó. Pero las primeras campañas eran con mulas, por lo que sólo podían contar con lo que los animales y ellos mismos cargaban durante los trayectos. Hoy, después de años de haber participado en esas expediciones y también de ser parte de los primeros datos que se recolectaron sobre la naturaleza mineral de las zonas, Cardó quiere dejar también un registro del aspecto humano de la tarea.
Por eso escribió Crónicas de Campo, un libro que recopila “la parte más emocional, en formato crónica de las cosas que se pasan en esos viajes, con los baqueanos, los paisajes, lo que se siente en la montaña”. El geólogo decidió retratar este aspecto que, a medida que avanza la tecnología y la cordillera y precordillera suma ingresos, va poco a poco transformándose.
Mientras se mantuvo la exclusividad del Estado en la exploración, el SEGEMAR y Fabricaciones Militares dieron con algunos de los indicios que marcarían a las siguientes dos décadas, que fueron cuando se confirmó que San Juan era una provincia bendecida por la geología. Antes de que llegaran los privados, Cardó y otros como él pudieron definir algunas de las áreas de reserva que hoy dan lugar a proyectos clave. Entre éstos están Los Azules, señalado por primera vez en estos años, o incluso El Pachón, que fue un descubrimiento privado en la década del ‘60.
La transición a la exploración privada
Mario Hernández estaba en la Universidad Nacional de San Juan, trabajando como docente investigador cuando en 1995 la revolución que generó el cambio normativo de la minería lo alcanzó. Es que fue en esta década cuando el Estado dejó de tener la exclusividad de la exploración y se invitó a las empresas privadas a hacer esta tarea. A esto se sumó la Ley de Inversiones Mineras, que presentaba ventajas a los inversores. El geólogo, que hoy es uno de los referentes a nivel nacional, fue convocado para hacer un plan de exploración y prospección para la empresa Minas Argentinas, que estaba en formación.
“Empezamos a ver proyectos desde Jujuy a Santa Cruz”, recordó, “y en eso aparece la posibilidad de ampliar la propiedad minera Guacamayo y ahí nos concentramos”. Esa apuesta por esa zona de Jáchal, departamento del que es originario Hernandez, dio buenos resultados y se encontraron con un yacimiento que luego se convirtió en una mina. La riqueza del lugar sigue hasta el día de hoy dando sorpresas, porque si bien el geólogo ya no está ahí, están a punto de iniciar la explotación de una tercera zona rica en oro.
Además de ser parte del hito de Gualcamayo, el geólogo que hoy es parte de Los Azules transitó un cambio de época que definió la actualidad de San Juan. Es que en los años ‘90, recordó, la mayoría del interés minero estaba todavía en Mendoza, con las empresas instaladas en esta provincia para aprovechar su infraestructura y conectividad. “Se hablaba del potencial mendocino, que poco a poco fue cambiando por el sanjuanino”, recordó.
Este giro geográfico tuvo que ver con lo que pasó algunos años después, cuando las normativas anti mineras empezaron a crecer, primero con Chubut, sumándose después Mendoza, La Pampa, Córdoba y otras provincias. A pesar de esto pudieron continuar en otras zonas, como Jujuy, Salta, Río Negro y La Rioja. “Con la ola antiminera el territorio se achicó y eso hizo que las que apoyaban la minería sacaron mucha ventaja, sobre todo San Juan y Santa Cruz”, explicó.
Los finales de los ‘90 fueron clave, explicó el geólogo, porque no solo trabajaron en explorar, también impulsaron la institucionalidad. “Recuerdo que empujábamos para que Argentina tuviera una ley de Impacto Ambiental Minero, que después dio pie a la Ley General del Ambiente”, contó. Eso sirvió para dar una base de seguridad a las comunidades, pero también fue positivo para las empresas porque “les daba previsibilidad”. También crearon la cámara de empresas exploradoras.
Pero si bien se había avanzado, todavía contaban con poca tecnología, menos que ela actual y poca accesibilidad. Por eso las campañas en ese momento seguían siendo en mula, aprovechando los meses cálidos del año (algo que se mantiene hasta hoy) y tenían limitaciones técnicas. “Recuerdo que había un problema con los GPS que tenín errores de precisión que después había que corregir y las imágenes satelitales eran de baja definición”, contó.
f6b9afc5-198f-46b5-a5c0-453447576d9d
Mario Hernandez descubrió Gualcamayo y fue docente en la UNSJ durante un momento clave de la exploración minera.
Además de esos desafíos tecnológicos, esta generación de exploradores también se enfrentó a zonas inaccesibles, donde no había infraestructura. La respuesta de los exploradores fue encontrar una forma colaborativa de trabajar. La misma huella que hacía un equipo para llegar a una zona de la cordillera era usada por otros. Se creó un “club de caminos”, donde varias empresas, que competían por tener el mejor descubrimiento geológico, se asociaron y aportaron para abrir y mantener rutas, como la del Río Blanco que creó el acceso a Pachón, Altar, Los Azules y Coipita. “Hasta hoy es algo que se mantiene”, remarcó.
El hallazgo de los gigantes que cambiaron San Juan
Si hay una persona que puede decir que vio nacer a los gigantes mineros es Ricardo Martínez. Conocido por ser parte del equipo que descubrió Veladero, también fue uno de los geólogos que dio con Josemaría, que hoy junto a Filo del Sol componen el proyecto Vicuña. El trabajo del especialista coincidió con la época en la que las inversiones privadas se hicieron cargo de la exploración y él fue, de alguna manera, parte de esa ola que desde el norte confió en la riqueza de las rocas sanjuaninas.
Martínez se recibió de geólogo habiendo cursado una beca en Estados Unidos, donde vivió y ganó experiencia. Luego volvió a la provincia, trabajó en la universidad, también en el Estado y en el IPEEM y en el año 1993 recibió una propuesta que cambiaría no solo su historia, también la de San Juan. El geólogo y un grupo de colegas eran parte de la junior de exploración Lundin-Jones que se asoció en una joint venture con Barrick para explorar Veladero y Del Carmen.
Fue así que estuvo en el equipo que llegó por primera vez a esa zona privilegiada de la cordillera iglesiana donde encontraron el que hoy es gigante global del oro, la mina más grande del país y que lleva 20 años produciendo. Según contó, ya le llamaba la atención el lugar y “algo me decía que ahí podía haber algo grande”. Tomó la decisión de renunciar a la universidad y apostó todo por ese lugar, que era puro potencial pero no ofrecía certezas. La exploración requirió más de 7 meses, que los mismos geólogos trabajaran en el lugar, a más de 3.000 msnm, pero superó las expectativas.
Uno puede creer que un descubrimiento así es algo que ocurre una vez en la vida, Martínez pudo repetir la hazaña. En 2002 fue convocado nuevamente por el empresario Lukas Lundin y le pidió formar equipo con Patricio Jones, uno de sus compañeros en el descubrimiento de Veladero. Así nació Deprominsa, con la que los geólogos viajaron más al norte de la provincia, cerca del triple límite de San Juan, Chile y La Rioja, ahí descubrieron Josemaría, en una nueva apuesta a la geología sanjuanina que salió bien y que hoy sigue dando buenos resultados.
La exploración, esa locomotora de la minería
Si se deja de explorar la industria minera traza su fecha de caducidad. Cuando por distintas razones, políticas, económicas o sociales, los presupuestos para buscar nuevos objetivos se acortan, la continuidad depende de yacimientos que por naturaleza van a agotarse. Por eso, una de las claves de San Juan es su continuidad exploratoria.
Si bien Cardó, Hernández y Martínez generaron hitos que marcaron el inicio de la minería metalífera moderna en San Juan, hay cientos de geólogos que en simultáneo y hasta ahora siguen marcando el camino. El especialista del SEGEMAR, con sus recuerdos vivos y literatura sostiene el recuerdo de una época que fue central, aunque mucho haya cambiado. Pero también, esetuvo entre los responsables de trabajar en la cartogrrafía geológica minera de la provincia. “Participé de casi todas las cartas geológicas de San Juan”, contó.
Martínez dijo que durante los años siguientes a los grandes descubrimientos como Veladero o Gualcamayo hubo otros geólogos contemporáneos que participaron de hallazgos que hoy tienen impacto en la economía provincial. Recordó a Eduardo Buso,que estuvo en el hallazgo de Casposo, un proyecto que se explotó la década y se encuentra reactivándose, y a Eduardo Machuca, que también participó en exploraciones de gigantes como Los Azules.
Mario Hernández remarcó que uno de los privilegios que tuvo durante su carrera fue seguir dando clases mientras ejercía en exploradoras. “Me permitió poder enseñar a las nuevas generaciones según lo que necesitan las empresas, pero también conocer a algunos de los colegas que hoy son brillantes”, explicó. Entre sus alumnos estuvo el country director de Altar, Javier Robeto, y el de Lunahuasi, Iván Chávez. Además, recorren todavía las montañas sanjuaninas otros geólogos y geólogas, que siguen construyendo un camino futuro de la minería.