La caída del consumo que se siente en distintos sectores también llegó al rubro de los salones de eventos en San Juan. Sucede que con las familias ajustando los gastos y destinando menos dinero a ocio y recreación, los eventos sociales son los primeros en sentir el recorte y en la provincia se percibe en una fuerte disminución de contrataciones, además de cambios en la forma de celebrar, cuidando el bolsillo.
Según un relevamiento realizado por la Cámara de Salones de Eventos de San Juan (CASE), que nuclea a cerca del 80% de los establecimientos de la provincia, la actividad registra una caída cercana al 40%, especialmente en los eventos de mayor tamaño. “Ha sido un invierno duro. La situación es brava para todos los sectores, pero como los eventos no somos algo de primera necesidad, lo sentimos más”, explicó a DIARIO DE CUYO Ernesto Cortínez, presidente de la entidad.
El análisis surgió tanto de reuniones a nivel provincial como de encuentros con la Federación Argentina de Salones de Eventos y Afines (FADIDE), donde referentes de distintas provincias coincidieron en un diagnóstico similar: las celebraciones continúan realizándose, pero con presupuestos más ajustados y menos asistentes.
Menos invitados y eventos más pequeños, una tendencia post pandemia que llegó para quedarse
Durante la pandemia por el Covid, en el 2020, los eventos sociales mutaron y muchos actores del sector esperaban que las nuevas tendencias fueran pasajeras. Seis años después no solo se consolidan, sino que las grandes celebraciones que solían darse antes cade vez son menores.
Uno de los cambios más notorios es la reducción en la cantidad de personas que participan de las celebraciones. Según Cortínez, ya casi no registran fiestas que superen los 100 invitados, una cifra que años atrás era habitual. La disminución alcanza tanto a fiestas familiares como a eventos institucionales. Empresas, organizaciones y entidades que antes realizaban encuentros con mayor frecuencia hoy han reducido este tipo de actividades.
También se observa un cambio en las tradicionales fiestas de fin de curso. Las cenas y celebraciones de egresados, que anteriormente convocaban a numerosos invitados y requerían una planificación económica de largo plazo, muestran una menor participación, con la asistencia del egresado y uno o dos familiares.
A ello se suman aquellas familias que dejan de lado servicios adicionales para abaratar los costos. Sobre este punto, Cortínez recordó que, así como hay salones que solo alquilan la locación, hay otros que ofrecen servicios de catering, sonido, iluminación, DJ, decoración, entre otros. El costo final depende de estos factores, por lo que en promedio se está calculando el monto final del evento en el orden de los $40.000 a $60.000 por persona.
El fenómeno tiene que ver con el contexto económico en el que las familias priorizan gastos esenciales y analizan con mayor detalle cada desembolso.
Adaptarse para seguir adelante, la estrategia para sobrevivir y no cerrar los salones
Ante un escenario de escasa demanda los dueños de salones de eventos modificaron estrategias para sostenerse en la actividad. La reducción de márgenes de rentabilidad y la incorporación de planes de pago con tarjetas de crédito forman parte de las herramientas que el sector utiliza para mantener las contrataciones.
Además, los aumentos de precios y las actualizaciones se ubicaron por debajo de la inflación para evitar perder clientes y seguir siendo competitivos.
La necesidad de sostener la actividad llevó a que muchos establecimientos flexibilizaran sus propuestas. Salones diseñados para grandes celebraciones comenzaron a adaptarse a encuentros más reducidos, mientras que otros ampliaron su oferta para captar distintos tipos de clientes.
“La gran mayoría está haciendo lo mismo: el evento que venga, bienvenido. Si la fecha está libre, hoy hacemos lo que sea”, resumió Cortínez.
Pese a las dificultades, el sector mantiene expectativas de recuperación. Desde la cámara observan una desaceleración de la inflación, pero consideran que todavía falta una mejora en el poder adquisitivo que impulse nuevamente el consumo. “Seguimos adelante, esperanzados en que esto se vaya a revertir. Vemos una baja de inflación, pero no hay circulante que llegue a la gran mayoría de la población”, afirmó Cortínez.
Mientras esperan una reactivación, los salones continúan adaptándose a un nuevo escenario, donde las celebraciones son más pequeñas, los presupuestos más ajustados y la flexibilidad se convirtió en una herramienta clave para seguir en actividad.
Desde CASE también destacaron que, más allá del contexto, contratar un salón habilitado representa una garantía de seguridad y de cumplimiento de las condiciones necesarias para el desarrollo de los eventos, un aspecto que consideran central al momento de elegir dónde realizar una celebración.