Los campos dorados de girasoles ofrecen uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza. Desde la infancia nos enseñan que estas flores siguen fielmente la trayectoria del sol a lo largo del día, girando de este a oeste. Sin embargo, pocos conocen el mecanismo biológico que permite este movimiento continuo ni lo que sucede con estas plantas una vez que cae la noche o cuando la flor madura por completo.


