Estirar la visita a la estación de servicio hasta que la aguja toca la zona roja o se enciende el testigo luminoso es una costumbre muy extendida entre los conductores para cuidar el bolsillo. Sin embargo, lo que parece un ahorro de tiempo o dinero momentáneo puede convertirse en una reparación millonaria. Los mecánicos coinciden en que circular con el tanque casi vacío arruina la mecánica del auto de forma progresiva.
La bomba de combustible: la gran perjudicada
En la mayoría de los vehículos modernos, la bomba de nafta se encuentra sumergida dentro del propio tanque. El propio líquido actúa como refrigerante y lubricante natural de este mecanismo. Cuando el nivel baja drásticamente, la bomba empieza a aspirar aire y se sobrecalienta. Este trabajo en seco reduce de forma drástica su vida útil y puede provocar un cortocircuito en el sistema de inyección.
El peligro de los sedimentos acumulados en el fondo
Con el paso del tiempo y los sucesivos cargamentos, en el fondo del depósito se van acumulando partículas, suciedad y residuos pesados del combustible.
-
Aspiración de impurezas: al haber poca nafta, la bomba absorbe directamente esa capa de sedimento concentrado.
Obstrucción de filtros: las partículas tapan el filtro principal de combustible antes de tiempo.
Inyectores tapados: los residuos más finos llegan al motor, provocando tirones, pérdida de potencia y una mala combustión.
Para cuidar la salud del vehículo, la regla de oro es cargar combustible cuando el tanque llegue a un cuarto de su capacidad y evitar a toda costa que la luz de reserva permanezca encendida durante trayectos largos.