Los vuelos trasatlánticos o los viajes en micro de larga distancia implican pasar entre 8 y 15 horas continuas sentado en espacios reducidos. Aunque el entusiasmo por llegar al destino predomine, la inmovilidad prolongada de las extremidades inferiores representa un riesgo para la salud vascular. Médicos hematólogos y de medicina del viajero advierten sobre el "síndrome de la clase turista" (trombosis venosa profunda), una afección previsible si se toman precauciones sencillas a bordo.


